Pobreza indígena desafía a la sociedad
La muerte de una niña en Darién activó simbólicamente el despertar de la conciencia oficial que aparentaba estar adormecida por el engañoso y ensordecedor ruido de los edificios en construcción y el trepidante auge del crecimiento económico concentrado excesivamente en la capital panameña, mientras en el campo la gente sigue muriéndose de hambre. La desigualdad social es obvia y reclama una propuesta de toda la sociedad para alterar el destino de los menos favorecidos, entre ellos, la población indígena, donde cada niño cuenta, no importa su nacionalidad, raza o condición legal.
Lo único que debe importar, especialmente si mueren por falta de acceso médico a causa de las condiciones de extrema pobreza en las que viven y el extremo abandono en que se encuentran, es que esto no debería estar ocurriendo en Panamá. Pero a algunos políticos y a otros burócratas no los sacuden los hechos, sino la fuerza mediática que mutila los discursos oficiales cuando las noticias se destacan en primera plana. Lo grave es que algunos funcionarios salieron a justificar o minimizar el caso y acusaron a los medios de exagerar la noticia. ¿Puede haber algo más grave que la muerte de un niño por hambre? Son hechos que atizan la frustración nacional, la falta de esperanza en nuestro país y acrecientan la inestabilidad social si no se logra poner freno a la pobreza.
A diferencia de otros gobiernos, la administración Torrijos se debate entre la aplicación de políticas estructurales permanentes y programas compensatorios de emergencia. En este debate el espectro de la "intervención del Estado" exige el mejoramiento de las propuestas oficiales para permitir una mayor participación de la sociedad civil, las ONG, las organizaciones populares, sindicatos, movimientos sociales, religiosos, academias y un largo etcétera.
El desafío que se presenta es el de lograr incluir a los excluidos en la solución y no procurar sólo levantar una oleada efímera de votos a favor de un funcionario oficial, pues resultaría indigno que alguien pretenda capitalizar políticamente con el hambre de los más desfavorecidos habitantes de la República.