Pobreza, reformas y TLC
Por parte de los representantes de este Gobierno escuchamos y percibimos la tendencia hacia una educación de mercado y a repetirnos lo que ya sabemos, que hay corrupción, analfabetismo, tráfico de drogas, tráfico de influencias, delincuencia, problemas del Seguro Social, del transporte, alto costo de la vida y la pobreza que se acentúa cada vez más.
En ciertos círculos nacionales hay obsesión y demanda sobre los planes de estudio en Panamá, para que estos se orienten, sobre todo, hacia la formación de profesionales y técnicos que cumplan con las exigencias de la actual sociedad de consumo y que, en consecuencia, esos planes y programas de estudio deben estar dirigidos a cimentar y garantizar una educación que sirva a las expectativas de la economía de mercado. De manera que, de cumplirse esta concepción neoliberal, pronto cantidades enormes de profesionales estarán aptos para los negocios y las altas finanzas, pero pobres en ciencia y cultura.
Nuestro Gobierno antes que pregonar que está en contra de la corrupción, para un solo ejemplo, por qué persiste en mantener dentro del gobierno a figuras como la hija del "hombre fuerte de Panamá", que utilizó a diestra y siniestra tarjetas de crédito debitadas de los fondos nacionales.
Lo que sí está claro es que, la delincuencia se multiplica, la inseguridad de nuestra frontera con Colombia crece, cada día se trafica más drogas por Panamá, que el tráfico de influencia existe. Los cambios a la Ley del Seguro Social no solucionarán ni la falta de medicina, ni la atención médica efectiva, ni la jubilación de un gran sector de la población.
Los 90 días de sufrimiento siguen transcurriendo, puesto que está en marcha el aumento de la energía eléctrica, que de por sí ya es una carga pesada por la forma como se factura y no así por el consumo. Cuando la gente mantiene la esperanza de una renegociación con estas empresas transnacionales, que como aspiradoras se llevan el dinero de Panamá, aparecen sonreídos que van a construir una hidroeléctrica en Chiriquí, señal de que seguirán beneficiándose con este gran negocio para ellos en Panamá.
Los TLC siguen sin convencer, situación que mantiene en alerta a los sectores productivos. Hay poco que ganar para estos sectores y mucho que perder para todo el pueblo.
El combate contra la corrupción no es más que una parafernalia, ostentación que nos hunde en la desesperanza. Se quiere también convencer que el proyecto de ampliación del Canal traerá una disminución en la pobreza, así como mayores y mejores fuentes de empleo. Gracias a Dios, no depende ni del ejecutivo, ni del órgano legislativo, que representan la misma posición. ¡El referéndum le toca al pueblo y será determinante!
En ciertos círculos nacionales hay obsesión y demanda sobre los planes de estudio en Panamá, para que estos se orienten, sobre todo, hacia la formación de profesionales y técnicos que cumplan con las exigencias de la actual sociedad de consumo y que, en consecuencia, esos planes y programas de estudio deben estar dirigidos a cimentar y garantizar una educación que sirva a las expectativas de la economía de mercado. De manera que, de cumplirse esta concepción neoliberal, pronto cantidades enormes de profesionales estarán aptos para los negocios y las altas finanzas, pero pobres en ciencia y cultura.
Nuestro Gobierno antes que pregonar que está en contra de la corrupción, para un solo ejemplo, por qué persiste en mantener dentro del gobierno a figuras como la hija del "hombre fuerte de Panamá", que utilizó a diestra y siniestra tarjetas de crédito debitadas de los fondos nacionales.
Lo que sí está claro es que, la delincuencia se multiplica, la inseguridad de nuestra frontera con Colombia crece, cada día se trafica más drogas por Panamá, que el tráfico de influencia existe. Los cambios a la Ley del Seguro Social no solucionarán ni la falta de medicina, ni la atención médica efectiva, ni la jubilación de un gran sector de la población.
Los 90 días de sufrimiento siguen transcurriendo, puesto que está en marcha el aumento de la energía eléctrica, que de por sí ya es una carga pesada por la forma como se factura y no así por el consumo. Cuando la gente mantiene la esperanza de una renegociación con estas empresas transnacionales, que como aspiradoras se llevan el dinero de Panamá, aparecen sonreídos que van a construir una hidroeléctrica en Chiriquí, señal de que seguirán beneficiándose con este gran negocio para ellos en Panamá.
Los TLC siguen sin convencer, situación que mantiene en alerta a los sectores productivos. Hay poco que ganar para estos sectores y mucho que perder para todo el pueblo.
El combate contra la corrupción no es más que una parafernalia, ostentación que nos hunde en la desesperanza. Se quiere también convencer que el proyecto de ampliación del Canal traerá una disminución en la pobreza, así como mayores y mejores fuentes de empleo. Gracias a Dios, no depende ni del ejecutivo, ni del órgano legislativo, que representan la misma posición. ¡El referéndum le toca al pueblo y será determinante!