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Poco a poco nos quedamos sin bahía


Con sorpresa e incredulidad me enteré de los planes que adelantan los inversionistas que construyen el complejo comercial Multicentro, que consisten en la creación de un acceso vehicular a la referida obra, construyendo un puente que, partiendo de la Avenida Balboa, se interna en el mar, logrando la altura necesaria, gira nuevamente hacia dicha avenida y, pasando sobre ésta, se conecta con el proyecto, justo sobre la desembocadura del río Mataznillo.
Como arquitecta y como ciudadana, siento que la concreción de dichos planes es sencillamente inaceptable. Considero que ese acceso choca frontalmente con el aspecto paisajístico del más importante recurso con que cuenta la ciudad de Panamá. Además, trastoca y afecta gravemente los planes de desarrollo de la llamada Cinta Costera, macro-proyecto de uso público que realiza un nutrido grupo de profesionales, con el apoyo de algunas instituciones, cuyos planos están adelantados y que pretenden darle una nueva y agradable imagen a ese sector de la ciudad, así como adaptarla de manera ordenada, a la actividad que necesariamente se generará una vez se realice el inaplazable saneamiento de la bahía. Como ciudadana, no puedo más que rechazar enérgicamente el pretendido plan para construir un acceso que beneficia sólo a los intereses privados de los inversionistas del proyecto citado, en detrimento del derecho colectivo de la comunidad a disfrutar de la belleza escénica de la bahía, ya interrumpida a razón de la construcción del complejo Miramar, que también es una negación a la condición de ciudad costera de Panamá.
En cuanto al saneamiento de la Bahía, es oportuno mencionar que ya existe un grupo interdisciplinario que, bajo la Unidad Coordinadora para el Saneamiento de Ciudad y la Bahía de Panamá, trabaja en un plan maestro que a más tardar a fin de año dará a conocer los resultados de un estudio, cuyo diseño se pretende ejecutar en dos etapas, a un costo de entre 300 y 400 millones de dólares, y cuya conclusión debe darse en el año 2010. La realización de esto, no es sólo necesaria, sino inaplazable, y ha sido largamente esperado, pero sus efectos serían mediatizados si se permite que se construya el acceso vehicular al cual me he referido.
Un simple análisis a esta conflictiva situación nos revela elementos que llaman la atención. En primer lugar, ¿cómo es posible que un proyecto de la magnitud de dicho centro comercial haya sido concebido y diseñado sin contar con los accesos necesarios para satisfacer el flujo vehicular que su actividad generaría? Además, si así fueron diseñados, ¿cómo fueron aprobados sus planos, sin contar con dichos accesos? Segundo, ¿cómo es posible que si en los planos originales no se había contemplado el acceso vehicular por Avenida Balboa, ahora su conexión parece estar prevista a un nivel que coincide con el paso sobre la mencionada avenida? Tal pareciera que todo ello es parte de un plan preconcebido para lograr su concreción, basándose en el argumento de los hechos consumados.
Reitero mi llamado de atención ciudadana para que levantemos nuestra voz de protesta a fin de evitar que este adefesio constructivo se realice, por cuanto atenta contra nuestro derecho a disfrutar de la principal condición que tiene la ciudad de Panamá como urbe costera.
La fiesta con música bailable continuará hasta la media noche. Están invitados a participar en las actividades del 10 y del 11 todos los Arias descendientes de Ramón Arias Menéndez y Juana Nepomucena Pérez de Arias (no importa en qué posición llevan el apellido) y sus consortes. Se solicita que no se traigan hijos menores de 15 años.
El primer atisbo de este libro fue una conversación que sostuve hace más de un año con Omar acerca de Juan Bautista Feraud el padre de mi tatarabuela, que yo creía provenía en última instancia de Francia vía Haití o vía la Martinica y él me reveló que era vía Santiago de Cuba, donde nació y de donde llegó a Panamá.
El libro de Jaén Suárez sobre los Arias incluso proyecta una luz muy interesante sobre Juan Bautista Feraud y la historia de los poetas panameños: "se dice que el poeta romántico e infortunado Tomás Martín Feuillet (1832-1862), asesinado cuando sólo tenía treinta años de edad junto con don AntonioArboleda en Piendamó fue su hijo, habido con una señora cuyo nombre se mantuvo en el más completo secreto y que se entregó, infante, al matrimonio francés de aquel apellido y sin hijos que vivió en la Chorrera. [La tradición oral asegura que la madre fue una señora de apellido Amador].Su padre, en tránsito de muerte le lega 6,000 pesos y "ruega, encarga y suplica a la su legítima esposa atienda y cuide del joven Martín Fuller (Feuillet por supuesto), pues es un huérfano que no tiene amparo; cuyo encargo también hace a su legítima hija Manuela Feraud i Diez, y a su esposo Ramón Arias (Pérez)"", el hijo de Ramón Arias Menéndez .
En el epílogo al libro Omar Jaén Suárez resume el sentido de la biografía de la familia Arias en estos términos: "Sobresale en este estudio la figura del primero, del fundador de la rama panameña, de Ramón Arias Menéndez... Más que lo que dejó en España interesa lo que hizo e hicieron en Panamá, tanto él como sus descendientes... Allí radica antes que todo el gran mérito de este español inmigrante, su capacidad creativa, su talento para superar su condición original y establecer una nueva familia en el Nuevo Mundo, en una nueva patria... Esa capacidad de superación, ese talento de imaginación no desaparece con el primer esfuerzo. Lo encontraremos presente a lo largo de la historia de esta familia en Panamá como un rasgo distintivo, como parte del motor de una sociedad en crecimiento y en evolución". En ellos radica la calidad fundamental de la familia, no en falos blasones aristocráticos. Un primo me comentó "entonces no descendemos del hombre fuerte colonial Pedrarias Dávila y su encumbrada esposa Isabel de Bobadilla. Y una prima me envió un presunto escudo de armas de los Arias como descendientes de reyes suevos de Galicia. A ambos les tuve que decir la verdad, la estupenda verdad: venimos de una larga serie de marineros, jornaleros y artesanos, y nos hemos ennoblecido nosotros mismos con el trabajo, la inteligencia y el sentido de la oportunidad, rindiendo servicio a su comunidad.
Puesto que la familia no tiene escudo nobiliario, los jóvenes Arias inventaron un logo, a la manera de las publicitarias. Acertaron, pues propusieron la figura de una concha que representa el mar de donde, por donde y hacia donde vinimos, un árbol que representa la familia en desarrollo, ofreciendo sus frutos y su sombra y la letra A, que nos mantiene al inicio de una vida de iniciativa y riesgo y no de pasividad y conformismo. Debajo del logo colocaron estas palabras: Vinimos de Lucra en la costa cantábrica del Atlántico.Vininimos por el mar. Y nos instalamos en la costa istmeña del Pacífico. Aquí echamos raíces y crecimos como árbol frondoso. Somos la familia Arias, descendientes de un asturiano nacido en Galicia, Ramón Nicolás Andrés Arias Menéndez, quien llegó a Panamá y se casó con una joven de Veraguas llamada Juana Nepomucena María Matías de la Soledad Pérez. Lo importante no es de donde vinimos, sino hacia dónde y hasta dónde llegamos, haciendo patria, Panamá.
(ariyan@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
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