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¿Poder para la gente?


El 22 de enero, los directores y ejecutivos de Citigroup (la empresa financiera más grande de Estados Unidos, dueña de Citibank, Smith Barney, Seguros Travelers, etc.) acudieron emocionados a recibir su Oscar Etico de manos del grupo activista radical Rainforest Action Network (RAN). A partir de esa fecha, Citigroup se comprometió a reducir considerablemente sus inversiones en proyectos considerados por algunos como social o ecológicamente destructivos. A partir de ahora minimizarán sus inversiones en proyectos hidroeléctricos y petroleros, enfocando más bien la energía renovable, el "desarrollo sostenible", la prevención de los cambios climáticos y la preservación del hábitat de las culturas indígenas.
La gente de los países pobres no tiene mucho que celebrar con esa noticia. Comprenden que la capitulación del Citigroup más bien aleja el día en que sus familiares tengan electricidad, agua corriente y la esperanza de un futuro próspero. Dos mil millones de personas no tienen aún electricidad y mientras las vacas europeas reciben en promedio un subsidio de $250 al año, mil millones de personas en países pobres luchan por sobrevivir con menos de $200 al año. Tres mil millones de personas -la mitad de la población mundial- viven con menos de 700 dólares al año.
La vida para esa pobre gente sería infinitamente mejor con electricidad abundante, confiable y barata para iluminación, calefacción y refrigeración, para hospitales, escuelas, tiendas y fábricas; para purificar el agua y tratar las aguas negras; para tantas otras necesidades que damos por sentado. Lamentablemente, esa pobre gente no va a tener acceso a electricidad gracias a las presiones de grupos ecológicos, celebridades de Hollywood, políticos y fundaciones multimillonarias. Según Gar Smith del Earth Island Institute, "los aldeanos en Africa se pasaban los días cosiendo ropa para sus vecinos en máquinas de coser de pedales. Ahora, con la electricidad, pasan demasiado tiempo viendo televisión y oyendo radio. Si va a haber electricidad, me gustaría que sea descentralizada, en pequeña escala y solar".
Claro que la mayoría de esa pobre gente no obtendrá un panel solar ni una turbina de viento y millones de madres e hijas seguirán dedicando muchas horas cada día a recoger leña para el fuego y excrementos de animales para cocinar. En lugar de abrir una llave, seguirán trayendo agua en tobos desde el río, con parásitos y bacterias. En vez de ir al colegio, los niños ayudarán en la casa y en el campo para que la familia pueda comer. Cuatro millones de niños y madres mueren cada año de asma, pulmonía, tuberculosis y otras infecciones pulmonares causadas por el humo, el polvo y la contaminación presentes en sus aldeas. Otros seis millones mueren de disentería y demás enfermedades intestinales causadas por alimentos en mal estado por falta de refrigeración y agua no potable.
Sin embargo, grupos ambientalistas como RAN se sienten con derecho a tomar decisiones en nombre de esa pobre gente. Se la pasan hablando de "ética ambiental" y "justicia social", luchando en contra de la construcción de represas, la utilización de combustibles y el supuesto recalentamiento terrestre. Las "encantadoras" costumbres indígenas tienen mucho que ver con mala nutrición, enfermedades y muertes infantiles y las políticas opuestas al uso de energía también dañan el medio ambiente porque la gente tala árboles al no tener electricidad.
Los llamados proyectos de energía renovable causan más problemas humanos y ambientales. Una sola planta generadora de electricidad a gas, de 555 megavatios, produce más electricidad al año que las 13 mil turbinas de viento de California. La planta eléctrica ocupa 15 acres de terreno, mientras que los molinos de viento ocupan más de cien mil acres, matan a miles de aves y producen energía intermitente e insuficiente.
Molinos de viento y paneles solares jamás podrán producir la energía requerida por una sociedad moderna. Afectaría drásticamente la productividad e impediría competir con el resto del mundo. De tal manera que se trata de condenar a los países pobres a seguir sufriendo indefinidamente de miseria y enfermedades, razón por la cual están muy lejos de ser políticas "éticas" o "socialmente responsables". Cabe preguntar si eso es lo que buscan empresas como Citigroup.
* Autor del libro "Eco Imperialismo: poder verde, peste negra" y analista de TechCentralStation.com
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