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Poder político y factores de presión


LA CLÁSICA división del poder en las tres grandes áreas: el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, que aparece en todas las Constituciones del mundo occidental e incluso en algunas del mundo socialista, es una consecuencia de la reacción histórica y política frente al absolutismo, o sea contra lo que era la concentración de poderes en un solo hombre.
De allí, entonces, la necesidad de dividirlo para que el poder fuera compartido y estableciera un balance creador entre unos factores y otros de poder; y de allí también la idea de que el poder democrático es un poder balanceado.
Hoy, sin embargo, se requiere que además haya una división entre el poder económico y el poder político, que éste no esté subordinado a aquél ni a ningún otro poder. El poder político tiene una naturaleza autónoma porque es el poder social, el poder de la sociedad.
Toda la evolución política de los últimos siglos se reduce, pues, a dar fuerza y consistencia a la idea del poder político que está identificado con la nación.
Empero, en los últimos años ocurre que otros factores se incorporan al problema del poder. Ahora ya no es el parlamento, por ejemplo, el único factor de una sociedad. El parlamento puede ser muy importante, lo mismo que los jueces, las instituciones oficiales del Estado. Sin embargo ahora hay otros factores que han sido incorporados, todo lo que forma los grupos de presión, categoría en la que entran los sindicatos, los grupos económicos, las Iglesias, los grupos estudiantiles, las universidades, y también las fuerzas militares, los cuerpos profesionales como los educadores, los médicos y enfermeras, abogados, arquitectos, ingenieros, agricultores, etc. En otras palabras, todos los elementos que se profesionalizan y llegan a adquirir importancia dentro de una comunidad, pueden constituirse en grupo de presión, presión en un sentido determinado; y el manejo de los regímenes políticos modernos está hecho justamente a base de presiones. Y son precisamente estas presiones las que tratan de darle rumbo a la vida social en un sentido o en otro.
Es natural que los obreros presionen para obtener mejores salarios, y los educadores y enfermeras para obtener jubilaciones especiales. Es natural que los intelectuales hagan lo mismo, y también las viejas fuerzas como la Iglesia y los llamados grupos económicos, que por lo demás son muy diversos entre sí. Así que todo esto terminó incorporándose a las clásicas teorías del Estado y del poder nacional. Quien pretenda analizar el poder político sin tomar en cuenta las presiones, concluirá sin duda en un balance falso.
Por otra parte, los medios de comunicación constituyen otros factores de presión no menos importantes. La televisión, la radio, la prensa, cada uno con mayor influencia cada vez más en los países democráticos. Estos medios hoy tienen una significación fundamental: no es posible gobernar sin tomarles en cuenta. Hasta las dictaduras tienen que adquirir cierta legitimidad a través de los medios de comunicación social, porque si bien las dictaduras se proclaman casi siempre como anti-políticas, es decir, que pretende no estar haciendo política, lo cual es falso, aún así necesitan algún grado de consenso político, algún tipo de apoyo político. Y el único medio o uno de los más poderosos para lograrlo es la comunicación social de la televisión, de la radio, de la prensa.
La prensa, por ejemplo, en los países democráticos ha adquirido la importancia que hoy tiene en Estados Unidos. En los últimos 35 años, ha ido subiendo el prestigio y significación de la prensa, hasta el punto de que la denuncia de un gran diario puede comprometer en un momento dado -como ya se ha visto- incluso la propia existencia de un gobierno.
De tal manera que el valor de la prensa en una sociedad democrática es fundamental.
A todo esto se añade el hecho de que la discusión crítica, la capacidad para criticar y discutir se está convirtiendo también en poder político, lo que pone de relieve un mecanismo de la conducta social que se está desarrollando en dirección hasta ahora no prevista.

101 años de Panamá América

 
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