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Poder y dependencia


Viviane Forrester, ensayista francesa, en su libro "Una extraña dictadura", señala "que es hora de despertar, de constatar que no vivimos bajo el imperio de la fatalidad sino de algo más banal"; los acontecimientos que se están sucediendo en el mundo nos permiten verificar este aserto de la novelista gala. Sin embargo, para sujetar la realidad debemos valernos de la identificación de los nexos entre las variables que identifican los fenómenos actuales, acompáñeme a la revisión de datos de producción y medidas de estrategia nacional para "desfacer el entuerto".
El mundo consume crecientes volúmenes de petróleo y si actualmente la demanda mundial asciende grosso modo a 80 millones de barriles diarios, para el año 2020 la demanda se estima en 120 millones, aproximadamente; esto significa un incremento diario de 40 millones de barriles (50% en 18 años). De esto, sólo Estados Unidos (EU) consume 20 millones (el 25%) del petróleo que diariamente requiere el planeta, de los cuales importan un 53% de diferentes fuentes, cubriendo con recursos propios el 47% restante. Interesante es saber que EU cuenta con reservas probadas de 22 mil millones de barriles, esto indica que podría garantizar su consumo de petróleo por siete u ocho años. Esta información pone de manifiesto una dependencia aguda del hidrocarburo, que si bien representa el 35% del consumo estadounidense de energía, resulta absolutamente indispensable para su transporte aéreo y terrestre.
La propuesta del Plan Nacional de Energía (PNE) que el presidente Bush dio a conocer el 17 de mayo de 2001, se elaboró con un objetivo global: "incrementar la oferta agregada de energía para la nación...Sin un incremento sustancial en las reservas de energía, Estados Unidos podría enfrentar una amenaza significativa a su seguridad nacional y a su bienestar económico". El objetivo de esta estrategia es asegurar una oferta continua y económica accesible a los hogares, empresas e industrias estadounidenses. Este plan, llevó a Bush a proponer dos pasos que han suscitado considerable controversia en su propio país: la extracción de petróleo del Refugio Nacional Ártico de la Vida Silvestre (ANWR), por sus siglas en inglés, y un relajamiento de la supervisión gubernamental de las mejoras que tendrían que realizarse en la infraestructura energética. El primero, despertó oposición a causa del gran riesgo ambiental que representa; el segundo, por la muy difundida sospecha de que el gobierno respalda ese relajamiento en deferencia a figuras poderosas de las industrias del petróleo, gas y el carbón, entre ellas, las del expresidente de ENRON , Kenneth Lay, que contribuyeron con fuertes sumas a la campaña de Bush, según líneas recogidas del profesor Michael T. Klare, del Colegio Hampshire, investigador del centro de estudios sobre la paz y la seguridad mundial en su libro: "Guerras de recursos, el nuevo panorama del conflicto global".
Bush, en su informe, continuó: "De aquí a 20 años EU importará dos de cada tres barriles de petróleo consumido y dependerá cada vez más de potencias extranjeras que no siempre toman en cuenta los intereses estadounidenses; estos imperativos gobernarán la política del país hacia todas las regiones de importancia en cuanto a suministro energético, en particular el Golfo Pérsico, la cuenca del Mar Caspio, Africa y América Latina". El golfo Pérsico ha sido y seguirá siendo una zona de interés prioritaria para la política exterior estadounidense, porque ahí se encuentra el principal depósito mundial de petróleo no explotado. Es decir, dos terceras partes de las reservas conocidas del planeta. Los países del Golfo representan el 30% de la producción diaria del mundo, de ahí su influencia en el establecimiento de los precios. Por ello, EU ha tenido un papel relevante en los asuntos del Pérsico desde la Segunda Guerra Mundial; cuando ese conflicto llegó a su fin, el presidente Roosevelt firmó un acuerdo con el Rey de Arabia Saudita, Abdul Aziz Ibn Sand, conforme al cual EU se comprometía a proteger a la familia real de sus enemigos, externos e internos, a cambio de acceso privilegiado al petróleo Saudita, que junto a Irán e Irak, forman la trilogía más rica en petróleo. Sólo Irak cuenta con reservas probadas de 112 mil millones de barriles, lo que lo coloca como el segundo país con mayores reservas, sólo superado por Arabia Saudita.
En cuanto a la cuenca del Mar Caspio, son conocidos los acuerdos desde la época de Clinton, con las repúblicas de Azerbaiján, Kazajstán, Tadjikistán y Turkmenistán. En estos dos últimos países se establecieron bases militares en ocasión de los bombardeos a Afganistán. Cerrando el circuito de los eventuales oferentes petroleros, presentes y futuros, de la gran potencia, se encuentran, en Africa, Nigeria y Angola, países con las mayores potencialidades petroleras en ese continente.
En los países latinoamericanos, sobresalen Venezuela, como tercer exportador de petróleo EU; México, cuarto; Colombia, séptimo; Brasil, por sus perspectivas, y por último los países andinos.
Desde esta óptica, resulta consecuente el interés estadounidense de comprar el complejo petroeléctrico de México, puesto que contaría con un aprovisionador del hidrocarburo cercano y seguro. Además, satisfacer también el prurito de ganancias extraordinarias, conocida la sinergia tanto en eficiencia, como en generación de beneficios de primer orden, en la vinculación entre el negocio petrolero y el eléctrico.
Frente al PNE el profesor Klare hace el siguiente comentario: "Estados Unidos no puede incrementar en 50% su consumo de petróleo extranjero, como prevé el nuevo plan energético de George W. Bush, sin inmiscuirse en los asuntos políticos, económicos y militares de los Estados de los cuales se espera que fluya ese petróleo. Esta injerencia puede adoptar formas diplomáticas y financieras en la mayoría de los casos, pero a menudo también requerirá acción militar". Un año y cuatro meses después de la presentación del PNE, aparece un documento de 33 cuartillas entregado por el Ejecutivo al Congreso estadounidense, denominado: "La estrategia de Seguridad nacional de Estados Unidos", comentado profusamente por los diferentes medios en todo el orbe. En dicho documento se expone que el gobierno desea "la capacidad ilimitada de utilizar la fuerza para moldear al mundo de la manera que consideren mejor". Marcus Corbin, analista e investigador del Centro para Información de Defensa en Washington, comentó a la Jornada, diario mexicano, que "una de las cosas que surgen de este documento es la forma ambiciosa, casi de cruzada, en que se expresa un deseo para remodelar el mundo". En la presentación de la estrategia de seguridad, el presidente Bush advirtió que no tolerará desafíos a su ventaja de poder y estableció explícitamente el derecho de intervención en cualquier parte del mundo con ataques "preventivos". Agregó el presidente "que no tiene ninguna intención de permitir que algún poder extranjero alcance la enorme delantera que Estados Unidos ha logrado desde la caída de la Unión Soviética hace más de una década".
Un par de días antes de la presentación al Congreso Norteamericano de la mencionada estrategia,(19 de septiembre), apareció en el New York Times un desplegado, firmado por cuatro mil prestigiados intelectuales , artistas y líderes religiosos norteamericanos, "hacemos un llamado a resistir las políticas de guerra y represión del gobierno de George W. Bush", tras insistir que "el mandatario y su gobierno no hablan a nombre de todos"; su declaración era para "informar al mundo que no todos los estadounidenses están de acuerdo con las directrices bélicas de la Casa Blanca e invitamos al pueblo a resistir esas políticas".
Sin duda, ahora, después de señalada la estrategia de seguridad de referencia, el clamor de los intelectuales norteamericanos cobra mayor relevancia y vigencia universales y se suma a lo que desea la mayor parte de la humanidad, que es, hacer frente a los desafíos actuales con respuestas humanistas y oponerse a un falso iluminismo, individual y guerrerista.
Hay indicadores y uno de ellos es que se emborrachan cuando debían mantenerse sobrios, su forma de beber aumenta progresivamente, y ya no se divierten bebiendo tanto como antes. En AA se deja de beber sin necesidad de promesas. Con "El plan de 24 horas", sencillamente tratan de pasar los días uno a uno sin beber. Si sienten el deseo, no ceden ni se resisten; aplazan tomar ese trago por un día, hasta mañana.
El anonimato es la base espiritual de AA. Aunque los personajes de esta historia tienen nombre y apellido, sus vivencias e historias, más que sus nombres, tienen la fuerza para ayudar a quienes aún ven la vida borrosa y confusa por los efectos de lo que ellos llaman el último sorbo. Los interesados en obtener información pueden llamar a AA al 264-89-62 ó 267-21-71. Pueden escribir al apartado 6-3290, El Dorado, Panamá.
Según información electrónica obtenida de la página científica Buena Salud, hay dos factores principales asociados a la predisposición del consumo compulsivo de alcohol: el ambiente y la genética. Recientes descubrimientos revelan que es en el brazo largo del cromosoma once donde se encuentra esa predisposición, pero se trata de una predisposición mutante, que se puede seguir manifestando en otras compulsiones, como en la comida, el juego, el sexo, entre otras. Sobre la genética y ambiente se dice que son los llamados factores de riesgo y los estudiosos tendrán que analizar el modo en que estos factores se combinan para provocar la enfermedad.
Un estudio realizado por el Ministerio de Educación, la Cruz Blanca Panameña y la Comisión Nacional para el Estudio y la Prevención de los Delitos Relacionados con Drogas (CONAPRED), a estudiantes de escuelas públicas y privadas de Panamá, Colón, Bocas del Toro y Chiriquí, reveló que la prevalencia del consumo del alcohol es mayor en los niños que en las niñas y que se inician a los 12 años.
Otro, en 1997, sobre el consumo de drogas lícitas por jóvenes del primero, segundo y tercer nivel de secundaria en el país reflejó que entre estas drogas el alcohol aparece como la más prevalente de todas las estudiadas, con el 41.7% y un consumo activo de 29.2%.
Se entiende por prevalencia, al consumo de drogas que realiza alguna persona en algún momento de su vida. En 1998, el Ministerio de Salud encuestó a 226 pacientes de los Programas de Dependencia Química del Hospital Psiquiátrico (internados durante seis semanas), del programa ambulatorio de la Clínica Margarita, de la Cruz Blanca y del Programa de Hogares Crea.
De estos pacientes, el 92.5 por ciento era de sexo masculino y el 7.5 por ciento femenino. De ellos la mayoría promediaba los 30 a 34 años, seguido por el grupo de 25 a 29 años y un grupo de adolescentes entre 15 a 19 años. Según este estudio el 53.5% enumeró en primer lugar el alcohol como la droga de inicio, seguida del tabaco y la marihuana

101 años de Panamá América

 
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