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Podredumbre


Que un suplente de diputado haya sido sorprendido con un cargamento de heroína y otro de marihuana cuando lo conducía en un auto con placa oficial y distintivo de la Asamblea Nacional, es un hecho alarmante y repudiable. Merece ahora que no se diga de él tan sólo que cometió un delito contra la salud pública. No. Es sencillamente un canallesco criminal.

El estaba dispuesto a lucrar con base en el sufrimiento humano. No llevaba dos paquetes, lo que, de por sí sería cosa grave, sino un cargamento de heroína. Lo suficiente para enviciar, y desde luego, hacer morir paulatinamente a muchas personas que perecerían por una sobredosis o cansadas de sufrir por sentirse impotentemente aprisionadas y, en las garras del vicio, se liberarían de él mediante el suicidio. Es de esperar que ni el compadrazgo, ni el amiguismo ni en la colegiación se interesen en proteger a seres como éste, a quien el único que puede perdonarlo a Dios, si es que cree en él, y arrepentido, se lo ruegue.

Lo que acaban de descubrir las autoridades en este caso, es digno de encomio. No sólo han detenido a un hombre peligroso para la sociedad, acaban de salvar muchas vidas y de evitarle la desesperación, las lágrimas y el luto a incontables familias. Ojalá caiga sobre el nada honorable diputado suplente, todo el peso de la Ley penal.

101 años de Panamá América

 
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