Polarización suramericana
Dos connotaciones llaman la atención del nuevo escenario que se va tejiendo en Suramérica a raíz de los recientes procesos electorales: un persistente giro hacia la izquierda y los pronunciamientos cada vez más abiertos de los embajadores de Estados Unidos.
El triunfo de Tabaré Vásquez en Uruguay consolidó la visión de centro-izquierda que ya abanicaban Lula Da Silva en Brasil, Kirchner en Argentina y el polémico mandatario de Venezuela Hugo Chávez Frías.
Más recientemente, Evo Morales ha alcanzado la presidencia en Bolivia con un aventajado margen que hizo innecesaria la intervención del congreso; en Chile, y fuera de ese país, a nadie sorprenderá el triunfo de Michelle Bachelet en enero próximo. Lo que llama la atención es la acentuada polarización de esas sociedades. Pareciera que dos bandos fueran delimitándose, peligrosamente en cada una de ellas, mientras que en Ecuador y Perú un rumor de comunidad descontenta puede prohijar lecturas políticas no muy agradables.
No es el propósito definir las causas de estas realidades, pero sí advertir que dichas polarizaciones parecen poseer marcadas señales de una confrontación que en nada beneficiaría al sub-continente.
Compañeras de ruta, sin embargo, aun cuando pueda presentarse como opositora a la nueva tendencia, son las reiteradas y abiertas intervenciones de los embajadores de EU en estos países. Hubo uno que habló de suspenderle la ayuda a Bolivia si ganaba Morales. ¿Qué va a pasar ahora?
Nadie niega la preocupación o la contribución norteamericana a la democracia en Latinoamericana, pero las inoportunas intervenciones públicas de sus diplomáticos en los países donde sirven, contradice esa preocupación y afecta, sin duda, los esfuerzos que los nacionales realizan por consolidar sus democracias respectivas. Dan pretexto, igualmente, a aquellos que buscan en las declaraciones estadounidenses pretextos para sustentar un antiyankismo que por lo general siempre ha sido antidemocrático. En Bolivia por ejemplo, si Evo Morales se propone gobernar sin realismo político, nadie necesitará recordarles a los empobrecidos indígenas que no era esa la alternativa por que la votaron.
Bueno sería que estas sociedades resolvieran por sí solas las promesas o los temores que enfrentan hoy.
El triunfo de Tabaré Vásquez en Uruguay consolidó la visión de centro-izquierda que ya abanicaban Lula Da Silva en Brasil, Kirchner en Argentina y el polémico mandatario de Venezuela Hugo Chávez Frías.
Más recientemente, Evo Morales ha alcanzado la presidencia en Bolivia con un aventajado margen que hizo innecesaria la intervención del congreso; en Chile, y fuera de ese país, a nadie sorprenderá el triunfo de Michelle Bachelet en enero próximo. Lo que llama la atención es la acentuada polarización de esas sociedades. Pareciera que dos bandos fueran delimitándose, peligrosamente en cada una de ellas, mientras que en Ecuador y Perú un rumor de comunidad descontenta puede prohijar lecturas políticas no muy agradables.
No es el propósito definir las causas de estas realidades, pero sí advertir que dichas polarizaciones parecen poseer marcadas señales de una confrontación que en nada beneficiaría al sub-continente.
Compañeras de ruta, sin embargo, aun cuando pueda presentarse como opositora a la nueva tendencia, son las reiteradas y abiertas intervenciones de los embajadores de EU en estos países. Hubo uno que habló de suspenderle la ayuda a Bolivia si ganaba Morales. ¿Qué va a pasar ahora?
Nadie niega la preocupación o la contribución norteamericana a la democracia en Latinoamericana, pero las inoportunas intervenciones públicas de sus diplomáticos en los países donde sirven, contradice esa preocupación y afecta, sin duda, los esfuerzos que los nacionales realizan por consolidar sus democracias respectivas. Dan pretexto, igualmente, a aquellos que buscan en las declaraciones estadounidenses pretextos para sustentar un antiyankismo que por lo general siempre ha sido antidemocrático. En Bolivia por ejemplo, si Evo Morales se propone gobernar sin realismo político, nadie necesitará recordarles a los empobrecidos indígenas que no era esa la alternativa por que la votaron.
Bueno sería que estas sociedades resolvieran por sí solas las promesas o los temores que enfrentan hoy.