Policía: potencialidad peligrosa
Las declaraciones de don Martín Torrijos sobre la potencialidad de nombrar como director de la Policía Nacional a un miembro de este instituto sería la mejor premisa para la recomposición definitiva del cuerpo policial y su institucionalización definitiva. Sin embargo, las cosas van más allá de la simple opinión del candidato en mención y se adentran en el mundo de la realidad, la cual indica que todavía ni la institución, ni los sectores políticos están en capacidad de darse una auténtica Policía Nacional.
Desde la invasión militar extranjera del 20 de diciembre de 1989, el país se encuentra no sólo sin ejército, sino sin una policía que en la práctica real combata al delito en todas sus formas y, en particular, al de cuello blanco. Y es que la mediocridad del entorno político y su debilidad cognoscitiva, ética y moral es tal que el temor ya no es a un jefe militar sino a un jefe policial. Es vergonzoso, pero es la realidad.
No se justifica que mientras el "Cholo Toledo" hoy o el "chino" ayer, mantiene el control de más de 60 generales y almirantes, en Panamá los políticos primero gemían ante un general mitad policía y mitad militar, y ahora le temen a un comisionado obeso sin verdadero mando de tropa, dada la desorganización absoluta.
Lo vivido en la capital panameña el 11 de septiembre pasado durante las protestas contra la destitución de Juan Jované como director de la Caja de Seguro Social, y el 23 del mismo mes por las mismas causas, nos indican que la Policía Nacional no está en capacidad de autodirigirse sin poner en peligro todo el orden institucional democrático instaurado de una u otra forma en el país hasta la fecha. Detenciones de dirigentes obreros en Chiriquí, allanamiento y destrucción de propiedad del Seguro Social, detención y golpes a empleados de la CSS, incluyendo personal especializado en emergencias médicas como choferes de ambulancia; ataque indiscriminado contra instalaciones de la Universidad de Panamá y amenazas públicas de intervenir su autonomía territorial consagrada en la Ley; decenas de detenciones sin el menor respeto a los derechos civiles consagrados en los artículos 21, 22, 26, 27, 28, 34, todos de la Constitución, nos indican que la Policía Nacional no ha recibido, por diversos factores, lo más probable, ajeno a su propia voluntad, la suficiente capacitación para desempeñarse de forma civilizada frente al siempre potencial ejercicio desmedido de los derechos civiles.
A su debido momento, la Policía deberá ser la constructora de su propio mando; mientras tanto, corresponderá a las fuerzas civiles ir haciendo menos penosa para su personal el sistema de interventores civiles, instaurado luego de la derrota militar del ejército usurpador que dirigió en su momento el hoy secuestrado en los Estados Unidos, Manuel A. Noriega.
Hace 48 años, en abril de 1955, el doctor Humberto E. Ricord escribió lo siguiente: "El crimen de "Juan Franco" proclama el más alto nivel de la corrupción política de la oligarquía panameña que con tal hecho se muestra en su vaciedad de todo principio, en toda su falta del más mínimo escrúpulo moral, en su deprimente incapacidad administrativa y en toda su ausencia absoluta de títulos válidos para seguir gobernando la República de Panamá" (Ver Ricord, Humberto, Los clanes de la Oligarquía Panameña y El Golpe Militar de 1968, Panamá, S.F SE).
Lo anteriormente señalado, casualmente frente al cadáver del asesinado policía José Antonio Remón, no ha perdido vigencia hoy. Se ha pretendido construir una democracia dentro del marco de un protectorado y anarquía, y con una debilidad psico-moral tan grande de los sectores dirigentes del país, que como todo delincuente siente un gran temor por el policía de la esquina.
Desde la invasión militar extranjera del 20 de diciembre de 1989, el país se encuentra no sólo sin ejército, sino sin una policía que en la práctica real combata al delito en todas sus formas y, en particular, al de cuello blanco. Y es que la mediocridad del entorno político y su debilidad cognoscitiva, ética y moral es tal que el temor ya no es a un jefe militar sino a un jefe policial. Es vergonzoso, pero es la realidad.
No se justifica que mientras el "Cholo Toledo" hoy o el "chino" ayer, mantiene el control de más de 60 generales y almirantes, en Panamá los políticos primero gemían ante un general mitad policía y mitad militar, y ahora le temen a un comisionado obeso sin verdadero mando de tropa, dada la desorganización absoluta.
Lo vivido en la capital panameña el 11 de septiembre pasado durante las protestas contra la destitución de Juan Jované como director de la Caja de Seguro Social, y el 23 del mismo mes por las mismas causas, nos indican que la Policía Nacional no está en capacidad de autodirigirse sin poner en peligro todo el orden institucional democrático instaurado de una u otra forma en el país hasta la fecha. Detenciones de dirigentes obreros en Chiriquí, allanamiento y destrucción de propiedad del Seguro Social, detención y golpes a empleados de la CSS, incluyendo personal especializado en emergencias médicas como choferes de ambulancia; ataque indiscriminado contra instalaciones de la Universidad de Panamá y amenazas públicas de intervenir su autonomía territorial consagrada en la Ley; decenas de detenciones sin el menor respeto a los derechos civiles consagrados en los artículos 21, 22, 26, 27, 28, 34, todos de la Constitución, nos indican que la Policía Nacional no ha recibido, por diversos factores, lo más probable, ajeno a su propia voluntad, la suficiente capacitación para desempeñarse de forma civilizada frente al siempre potencial ejercicio desmedido de los derechos civiles.
A su debido momento, la Policía deberá ser la constructora de su propio mando; mientras tanto, corresponderá a las fuerzas civiles ir haciendo menos penosa para su personal el sistema de interventores civiles, instaurado luego de la derrota militar del ejército usurpador que dirigió en su momento el hoy secuestrado en los Estados Unidos, Manuel A. Noriega.
Hace 48 años, en abril de 1955, el doctor Humberto E. Ricord escribió lo siguiente: "El crimen de "Juan Franco" proclama el más alto nivel de la corrupción política de la oligarquía panameña que con tal hecho se muestra en su vaciedad de todo principio, en toda su falta del más mínimo escrúpulo moral, en su deprimente incapacidad administrativa y en toda su ausencia absoluta de títulos válidos para seguir gobernando la República de Panamá" (Ver Ricord, Humberto, Los clanes de la Oligarquía Panameña y El Golpe Militar de 1968, Panamá, S.F SE).
Lo anteriormente señalado, casualmente frente al cadáver del asesinado policía José Antonio Remón, no ha perdido vigencia hoy. Se ha pretendido construir una democracia dentro del marco de un protectorado y anarquía, y con una debilidad psico-moral tan grande de los sectores dirigentes del país, que como todo delincuente siente un gran temor por el policía de la esquina.