Policía y seguridad ciudadana
Hay un nuevo director de policía. Y en sus primeras entrevistas ha esbozado una propuesta que hace énfasis en la necesidad de dotar de recursos a esa entidad para hacer más efectiva sus acciones contra el número plural de delitos que atentan cotidianamente contra la seguridad ciudadana.
En hora buena el planteamiento, sobre todo porque, a estas alturas del partido, eso, efectividad, es lo que reclama la ciudadanía.
Sobre todo porque, aun cuando los medios de comunicación mantienen un seguimiento y denuncias puntuales contra el delito, hay un sinnúmero de ellos que no llega a la opinión pública, pero que se han convertido en fuente permanente de preocupación.
Los secuestros express, por ejemplo. Aquellos que se ejecutan contra un ciudadano, y por horas los pasean por la ciudad, retirando fondos de sus cuentas de bancos, a punta de amenazas y torturas. Se puso de moda, según informaciones, en el sur de América, y subió por el continente como una epidemia, de la que no ha escapado Panamá. Las estafas, los asaltos a residencias, las ejecuciones por contratos a sicarios y las guerras entre pandillas mafiosas.
Si la destrucción de esas lacras es lo que supone el anuncio del nuevo jefe de la policía, nadie discutirá su petición de más recursos. Pero es necesario que para la ciudadanía quede clara la disposición de las autoridades. Así, porque la cooperación ciudadana contra el delito depende de la fortaleza de su organización insignia.
Es cierto que la lucha contra el delito solo será efectiva en la medida en que la población coopere. Pero en otros momentos, esa misma población ha hecho silencio porque no ha visto la disposición plena del estamento, no solo por la ausencia de recursos, sino por hechos que sugieren la presencia en ella de elementos que coordinan con la delincuencia. Ciertamente que el último año hubo un esfuerzo notable, pero solo en la medida en que se profundice, la población podrá sumarse a ese esfuerzo.
Más inteligencia, más equipo, más tecnología, pero sobre todo más transparencia en la disposición y capacidad de esta entidad.
En hora buena el planteamiento, sobre todo porque, a estas alturas del partido, eso, efectividad, es lo que reclama la ciudadanía.
Sobre todo porque, aun cuando los medios de comunicación mantienen un seguimiento y denuncias puntuales contra el delito, hay un sinnúmero de ellos que no llega a la opinión pública, pero que se han convertido en fuente permanente de preocupación.
Los secuestros express, por ejemplo. Aquellos que se ejecutan contra un ciudadano, y por horas los pasean por la ciudad, retirando fondos de sus cuentas de bancos, a punta de amenazas y torturas. Se puso de moda, según informaciones, en el sur de América, y subió por el continente como una epidemia, de la que no ha escapado Panamá. Las estafas, los asaltos a residencias, las ejecuciones por contratos a sicarios y las guerras entre pandillas mafiosas.
Si la destrucción de esas lacras es lo que supone el anuncio del nuevo jefe de la policía, nadie discutirá su petición de más recursos. Pero es necesario que para la ciudadanía quede clara la disposición de las autoridades. Así, porque la cooperación ciudadana contra el delito depende de la fortaleza de su organización insignia.
Es cierto que la lucha contra el delito solo será efectiva en la medida en que la población coopere. Pero en otros momentos, esa misma población ha hecho silencio porque no ha visto la disposición plena del estamento, no solo por la ausencia de recursos, sino por hechos que sugieren la presencia en ella de elementos que coordinan con la delincuencia. Ciertamente que el último año hubo un esfuerzo notable, pero solo en la medida en que se profundice, la población podrá sumarse a ese esfuerzo.
Más inteligencia, más equipo, más tecnología, pero sobre todo más transparencia en la disposición y capacidad de esta entidad.