"Policías muertos"
Recientemente leí un artículo de opinión de una dama residente en Bethania, quejándose de los inconvenientes y daños causados a los autos por los llamados "policías muertos", recién instalados en algunas calles y avenidas de ese populoso vecindario. En efecto, cada día es más notoria la proliferación de esos incómodos y dañinos resaltos; en la urbanización Chanis, en Punta Paitilla, en Bethania, en la carretera que conduce al Hospital Psiquiátrico y Hogar Bolívar, en Villa de las Fuentes, No. 1 y No. 2, y me atrevo a vaticinar que, a muy corto plazo, seguirán en aumento las comunidades que solicitarán la instalación de éstos, molestos para los que van de paso y aún más, para los residentes de esas barriadas.
¿Si incomoda a los propios residentes de esas áreas, por qué solicitar a las autoridades la construcción de los mismos? Sólo puede haber una respuesta lógica: obligados por la irresponsabilidad ciudadana.
Los autos y camiones, tanto particulares como comerciales, son conducidos por un alto porcentaje de conductores a altas velocidades sin considerar el riesgo continuo a que someten a sus habitantes, jóvenes y adultos, en su afán de cortar camino, evitar la luz del semáforo o simple torpeza al ignorar el respeto a las leyes del tráfico vehicular que obliga a disminuir la velocidad en las áreas residenciales. Constantemente son colisionados los autos estacionados de los residentes por irresponsables que transitan sin la más mínima precaución en calles que no fueron construidas para ese volumen de automóviles y mucho menos, para el tamaño y peso de los mismos. Lo más triste de esta situación es que la irresponsabilidad de éstos, motiva la aprobación de leyes, reglamentos y acciones que al final son impuestas, supuestamente, para controlarlos, pero en la práctica sólo sirven para incomodar a los que de verdad se preocupan en acatarlas.
Esto nos lleva a cavilar sobre la necesidad de que nuestros gobernantes se convenzan de que el país ha alcanzado tal grado de movimiento vehicular que es impostergable la construcción de nuevas vías de desahogo, trenes que comuniquen la capital con el resto del país, por el Atlántico y el Pacífico; carreteras más amplias, transporte colectivo más moderno y eficiente. Sólo agilizando en forma científica el enorme flujo vehicular, podremos aspirar a la eliminación de los incómodos y dañinos "policías muertos".
Muchos de esos grupos quisieran la derrota angloamericana en la nueva guerra porque así, piensan, se podría generar una revolución antiimperialista y una ola de huelgas en Occidente. El campo antiguerra en sí se encuentra dividido entre extremos que van desde quienes aceptarían una guerra amparada por Naciones Unidas hasta quienes anhelan un nuevo Vietnam que conduzca a una crisis profunda en las potencias atlánticas. El campo pro-guerra puede acabar con fuertes fisuras. Washington apunta a un cambio de régimen, mientras que Londres sostiene que el fin debe ser desarmar a Hussein. La presión de las marchas contra la guerra, de la prudencia del nuevo eje continental o de pedidos de espera por parte de la ONU o sus investigadores, pueden acabar generando vaivenes en los sectores más guerreristas.
(isaacbigio@yahoo.com)
¿Si incomoda a los propios residentes de esas áreas, por qué solicitar a las autoridades la construcción de los mismos? Sólo puede haber una respuesta lógica: obligados por la irresponsabilidad ciudadana.
Los autos y camiones, tanto particulares como comerciales, son conducidos por un alto porcentaje de conductores a altas velocidades sin considerar el riesgo continuo a que someten a sus habitantes, jóvenes y adultos, en su afán de cortar camino, evitar la luz del semáforo o simple torpeza al ignorar el respeto a las leyes del tráfico vehicular que obliga a disminuir la velocidad en las áreas residenciales. Constantemente son colisionados los autos estacionados de los residentes por irresponsables que transitan sin la más mínima precaución en calles que no fueron construidas para ese volumen de automóviles y mucho menos, para el tamaño y peso de los mismos. Lo más triste de esta situación es que la irresponsabilidad de éstos, motiva la aprobación de leyes, reglamentos y acciones que al final son impuestas, supuestamente, para controlarlos, pero en la práctica sólo sirven para incomodar a los que de verdad se preocupan en acatarlas.
Esto nos lleva a cavilar sobre la necesidad de que nuestros gobernantes se convenzan de que el país ha alcanzado tal grado de movimiento vehicular que es impostergable la construcción de nuevas vías de desahogo, trenes que comuniquen la capital con el resto del país, por el Atlántico y el Pacífico; carreteras más amplias, transporte colectivo más moderno y eficiente. Sólo agilizando en forma científica el enorme flujo vehicular, podremos aspirar a la eliminación de los incómodos y dañinos "policías muertos".
Muchos de esos grupos quisieran la derrota angloamericana en la nueva guerra porque así, piensan, se podría generar una revolución antiimperialista y una ola de huelgas en Occidente. El campo antiguerra en sí se encuentra dividido entre extremos que van desde quienes aceptarían una guerra amparada por Naciones Unidas hasta quienes anhelan un nuevo Vietnam que conduzca a una crisis profunda en las potencias atlánticas. El campo pro-guerra puede acabar con fuertes fisuras. Washington apunta a un cambio de régimen, mientras que Londres sostiene que el fin debe ser desarmar a Hussein. La presión de las marchas contra la guerra, de la prudencia del nuevo eje continental o de pedidos de espera por parte de la ONU o sus investigadores, pueden acabar generando vaivenes en los sectores más guerreristas.
(isaacbigio@yahoo.com)