Polígonos y Autoridad Moral
La ventaja que tenemos frente a EU. respecto al reclamo por la limpieza de los polígonos de tiro es que nos sobra autoridad moral para exigirla, aunque carezcamos de fuerza para hacerla efectiva. En cierta medida, fue lo mismo que nos ocurrió para conseguir la derogatoria del tratado canalero de 1903 y la reivindicación de la soberanía patria comprometida desde el momento mismo de nuestra independencia.
Ellos son ricos, grandes y poderosos, y nosotros pobres, pequeños y débiles, pero a la corta o la larga ganaremos, porque nos asiste la razón y no se ve bien que un chico sea abusado y golpeado por el más grande. La simpatía mundial tarde o temprano se pondrá de nuestro lado y nada nos costará ganar el apoyo internacional para nuestra causa.
En la lucha histórica por la soberanía canalera, cada vez que exigíamos, nos respondieron con un no rotundo; pero siempre insistimos. Y cuando, perdiendo la paciencia, nos fuimos a las manos con el más fuerte y obtuvimos de vuelta la correspondiente zurra, la condena al final fue contra ellos, que siempre perdieron, aunque nos aplastaran.
La llave del asunto estuvo siempre en la evidente razón que nos asistía y en la autoridad moral que nos respaldaba. Desde este punto de vista, Cuba puede tener hoy la razón para exigir que le devuelvan Guantánamo y al niño Elián, pero la presencia de una dictadura representándola le resta un grado de autoridad moral y dificulta la posibilidad inmediata del reclamo.
En nuestro caso es distinto. El tratado del canal de 1903 nos fue impuesto y todo el mundo lo sabía; y cuando nuestros estudiantes fueron masacrados en 1964 mientras intentaban plantar banderas en el área del canal, nadie creyó la versión norteamericana de que lo hicieron en defensa propia al responder con metralla a un ataque con biombos. Al final se fueron.
En el caso de las tres mil hectáreas contaminadas de explosivos que nos devolvieron, nos sobra igual la razón y la autoridad moral para exigir que se comprometan a limpiarlas algún día. Nosotros las entregamos limpias con el mero propósito de ser utilizadas para operar y defender el canal. Y nos las devuelven plagadas de tóxicos y bombas.
Somos un país muy pobre y no tenemos ni un centavo para desenterrar tóxicos y artefactos que no sembramos; y tampoco contamos ni podemos pagar la tecnología para hacerlo.
También es cuestión de doble moral. EU. no puede por mucho tiempo, seguir exigiendo en la Organización Mundial de Comercio, que todas las naciones miembros controlen la contaminación de su medio ambiente, mientras que en Panamá se hace de la vista gorda dejando decenas de miles de bombas y armamentos tóxicos, siendo un país que de hecho fue su socio fiel en la obra del canal, que fue idea y administración exclusiva de ellos. No fue nuestra idea sembrar las bombas. Nosotros cumplimos plenamente nuestra parte. A ellos, en cambio, les hace falta cumplir la suya. Sobra por tanto decir que no importa cómo interpreten el tratado de 1977; si tal es desfavorable a Panamá, siempre se estimará que fue imposición del más fuerte en abuso del más débil.
Y al final, siempre perderán. Más vale entonces que salgan por la puerta grande y asuman generosamente su responsabilidad de sanear.
Ellos son ricos, grandes y poderosos, y nosotros pobres, pequeños y débiles, pero a la corta o la larga ganaremos, porque nos asiste la razón y no se ve bien que un chico sea abusado y golpeado por el más grande. La simpatía mundial tarde o temprano se pondrá de nuestro lado y nada nos costará ganar el apoyo internacional para nuestra causa.
En la lucha histórica por la soberanía canalera, cada vez que exigíamos, nos respondieron con un no rotundo; pero siempre insistimos. Y cuando, perdiendo la paciencia, nos fuimos a las manos con el más fuerte y obtuvimos de vuelta la correspondiente zurra, la condena al final fue contra ellos, que siempre perdieron, aunque nos aplastaran.
La llave del asunto estuvo siempre en la evidente razón que nos asistía y en la autoridad moral que nos respaldaba. Desde este punto de vista, Cuba puede tener hoy la razón para exigir que le devuelvan Guantánamo y al niño Elián, pero la presencia de una dictadura representándola le resta un grado de autoridad moral y dificulta la posibilidad inmediata del reclamo.
En nuestro caso es distinto. El tratado del canal de 1903 nos fue impuesto y todo el mundo lo sabía; y cuando nuestros estudiantes fueron masacrados en 1964 mientras intentaban plantar banderas en el área del canal, nadie creyó la versión norteamericana de que lo hicieron en defensa propia al responder con metralla a un ataque con biombos. Al final se fueron.
En el caso de las tres mil hectáreas contaminadas de explosivos que nos devolvieron, nos sobra igual la razón y la autoridad moral para exigir que se comprometan a limpiarlas algún día. Nosotros las entregamos limpias con el mero propósito de ser utilizadas para operar y defender el canal. Y nos las devuelven plagadas de tóxicos y bombas.
Somos un país muy pobre y no tenemos ni un centavo para desenterrar tóxicos y artefactos que no sembramos; y tampoco contamos ni podemos pagar la tecnología para hacerlo.
También es cuestión de doble moral. EU. no puede por mucho tiempo, seguir exigiendo en la Organización Mundial de Comercio, que todas las naciones miembros controlen la contaminación de su medio ambiente, mientras que en Panamá se hace de la vista gorda dejando decenas de miles de bombas y armamentos tóxicos, siendo un país que de hecho fue su socio fiel en la obra del canal, que fue idea y administración exclusiva de ellos. No fue nuestra idea sembrar las bombas. Nosotros cumplimos plenamente nuestra parte. A ellos, en cambio, les hace falta cumplir la suya. Sobra por tanto decir que no importa cómo interpreten el tratado de 1977; si tal es desfavorable a Panamá, siempre se estimará que fue imposición del más fuerte en abuso del más débil.
Y al final, siempre perderán. Más vale entonces que salgan por la puerta grande y asuman generosamente su responsabilidad de sanear.