Polígonos y uranio empobrecido
Hace algunos años, una cadena televisiva de Estados Unidos difundió un programa en el que aparecieron películas de pruebas de armas químicas con animales en la Isla de San José, empleando ganado vacuno. Los pobres animales aparecían agonizantes y muertos al final de la prueba.
En otras tomas, se veían los resultados de la aplicación del agente naranja y otros tóxicos bélicos en los brazos y antebrazos de soldados supuestamente voluntarios. Lo que les surgió a los pocos días fue de espanto.
El uranio es un sólido metálico radiactivo de extraordinaria dureza, sólo fundible a temperaturas de 1,132.3 grados centígrados, identificado en 1789 por Martin Heinrich Klaproth. En 1938, los alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann lograron la primera fisión nuclear al bombardearlo con neutrones. La energía resultante del proceso es descomunal. Un solo gramo de uranio produce la misma cantidad de energía que tres toneladas de carbón.
Pero el uranio es un combustible tan valioso como peligroso. Y lo mismo cabe cuando es usado como arma. Muchas veces se convierte en un boomerang, matando a quien lo usa, como lo demostró el desastre de la central nuclear de Chernobil en Ukrania, y más anteriormente, la tragedia de centenares de tropas norteamericanas emplazadas como conejillos de Indias en las cercanías de los campos de prueba nucleares. Todos padecieron cáncer o leucemia.
Ahora tocó el turno a las tropas aliadas de la OTAN que intervinieron en Kosovo y Yugoeslavia. Los soldados no lo sabían, pero sus colegas norteamericanos e ingleses usaron balas de uranio empobrecido, de las mismas que fueron probadas en Panamá. La Fuerza Aérea estadounidense ha reconocido haber disparado al menos 31 mil de esas municiones, hechas para penetrar gruesos blindajes y demoler fortificaciones.
Con lo que no contaban era con enfermar de leucemia a sus colegas aliados, que meses después, han desarrollado el mal, asociado a la exposición a esa munición que los expertos juraban inerte. Hasta la fecha se ha reportado unos 50 casos, incluyendo 18 italianos, forzando a una reunión urgente de la OTAN.
Lo ocurrido da más fuerza moral a la causa panameña a favor de la descontaminación de los polígonos de tiro. No es éticamente admisible que quien se sirvió del territorio ajeno para probar tan terribles armas y ensayar explosivos, se haya marchado sin limpiarlas, negándose siquiera a comprometerse a hacerlo en el futuro so pretexto de que ya hizo suficiente. ¿Guardarán la misma explicación para sus aliados en Kosovo?
En otras tomas, se veían los resultados de la aplicación del agente naranja y otros tóxicos bélicos en los brazos y antebrazos de soldados supuestamente voluntarios. Lo que les surgió a los pocos días fue de espanto.
El uranio es un sólido metálico radiactivo de extraordinaria dureza, sólo fundible a temperaturas de 1,132.3 grados centígrados, identificado en 1789 por Martin Heinrich Klaproth. En 1938, los alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann lograron la primera fisión nuclear al bombardearlo con neutrones. La energía resultante del proceso es descomunal. Un solo gramo de uranio produce la misma cantidad de energía que tres toneladas de carbón.
Pero el uranio es un combustible tan valioso como peligroso. Y lo mismo cabe cuando es usado como arma. Muchas veces se convierte en un boomerang, matando a quien lo usa, como lo demostró el desastre de la central nuclear de Chernobil en Ukrania, y más anteriormente, la tragedia de centenares de tropas norteamericanas emplazadas como conejillos de Indias en las cercanías de los campos de prueba nucleares. Todos padecieron cáncer o leucemia.
Ahora tocó el turno a las tropas aliadas de la OTAN que intervinieron en Kosovo y Yugoeslavia. Los soldados no lo sabían, pero sus colegas norteamericanos e ingleses usaron balas de uranio empobrecido, de las mismas que fueron probadas en Panamá. La Fuerza Aérea estadounidense ha reconocido haber disparado al menos 31 mil de esas municiones, hechas para penetrar gruesos blindajes y demoler fortificaciones.
Con lo que no contaban era con enfermar de leucemia a sus colegas aliados, que meses después, han desarrollado el mal, asociado a la exposición a esa munición que los expertos juraban inerte. Hasta la fecha se ha reportado unos 50 casos, incluyendo 18 italianos, forzando a una reunión urgente de la OTAN.
Lo ocurrido da más fuerza moral a la causa panameña a favor de la descontaminación de los polígonos de tiro. No es éticamente admisible que quien se sirvió del territorio ajeno para probar tan terribles armas y ensayar explosivos, se haya marchado sin limpiarlas, negándose siquiera a comprometerse a hacerlo en el futuro so pretexto de que ya hizo suficiente. ¿Guardarán la misma explicación para sus aliados en Kosovo?