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Comenzada la campaña pre-electoral, vemos con preocupación detalles que no deben darse. Si fuera candidata haría una campaña modesta, evitando la exhuberancia y la ostentación. Cuando se invierten recursos exagerados, la misma se encarece y se elimina la participación de personas capacitadas, serias, buenos políticos, por falta de fondos. Así vislumbramos ésta.
Si fuera candidata olvidaría lo negativo de este gobierno, que es casi todo, para dar positivismo a mi lucha. El pasado pasó y el futuro da esperanza. No sirve llover sobre mojado; el votante quiere saber qué trae cada cual. Cuando tenemos un país confuso, necesitamos ordenarlo y alguien que lo haga: Qué leyes son negativas para cambiarlas; qué está equivocado para enmendarlo, qué ha faltado para implementarlo. El secreto está en trabajar positivamente y atraer el triunfo. Como decía en otro artículo, tenemos que elegir al mejor; pero los candidatos deben considerar a los votantes, sus necesidades, carencias y deseos, y olvidarse de lo que quieran para su bienestar. Por eso, el personaje que más se acerque a la masa votante, más probabilidades tiene de triunfar.
Usaría la cabeza, no el corazón; enseñaría; educaría sin alardes; ayudaría a comenzar una etapa en que debemos aprender a no pedir tanto, a no ser “juega vivo”, a no vender nuestra postura por una cerveza, a adquirir madurez política para tener un pueblo superior. No cometería los errores de la campaña pasada y evitaría que los votantes los cometieran. En fin, haría una campaña utópica, pero que fuera el principio de un verdadero cambio para los panameños.
Si queremos que el pueblo evolucione hacia otro mundo, los que tenemos oportunidades tenemos que ofrecerle conocimientos y llevarlo por el camino correcto, imitando a pueblos más desarrollados, situándolos en la vanguardia de una política sin fraudes, sin chantajes, sin compras ni ventas.¡Que gane el mejor y ojalá los pre-candidatos me leyeran.