Política Kennedy en Latinoamérica
La inestabilidad política de Argentina y Brasil fueron los dos elementos clave que frenaron los ambiciosos planes del presidente John F. Kennedy con su Alianza para el Progreso, un ambicioso programa de desarrollo económico y social que elaboró con el apoyo del presidente argentino Arturo Frondizi y su homólogo brasileño, Juscelino Kubitschek. Los dos líderes latinoamericanos fueron desplazados a las pocas semanas de la toma de poder de Kennedy el 20 de enero de 1961, lo que dio paso a varios años de preponderancia militar, no sólo en ambas naciones sino en la mayoría de los países latinoamericanos.
De hecho, la "Alianza" había sido anticipada por un proyecto similar llamado Operación Panamericana, elaborado por Frondizi con el apoyo de Kubitschek y de un prominente grupo de tecnócratas latinoamericanos y estadounidenses como Carlos Sanz de Santamaría, antiguo canciller de Colombia y José Antonio Mayobre, un ex ministro de Hacienda de Venezuela, así como Mozart Valente y Celso de Souza e Silva de Brasil, y los profesores Rosenstein Rodin y Raymond Vernon de Harvard. Durante las varias etapas del proyecto también fueron consultados dos eminentes internacionalistas panameños, Fernando Eleta y Galileo Solís.
Sin embargo, fiel a la historiografía estadounidense que predominantemente destaca el papel de Washington, pero raras veces se refiere a los aportes de los otros jugadores, la OPA (como sus contemporáneos conocieron la iniciativa brasileña) fue considerada por los expertos como una de las iniciativas más imaginativas y prometedoras para colocar a las relaciones hemisféricas en un plano más realista y de mayor igualdad. El proyecto fue prácticamente abandonado después del asesinato de Kennedy por su sucesor, Lyndon Baines Johnson, que trató de imprimir sello propio a las iniciativas de su malogrado predecesor.
Ahora, un nuevo libro del historiador Robert Dallek destaca que aunque Kennedy en 1961 estaba sumido en las crisis de Berlín y Cuba, no permitió que éstas apocaran su especial interés por las relaciones con el gobierno brasileño. Brasil, tanto por su posición estratégica a nivel mundial como por ser país clave para el éxito de la Alianza para el Progreso, fue la nación que más ocupó la política hemisférica del presidente John F. Kennedy -con la excepción de Cuba"-, según una nueva biografía de Kennedy recién publicada por Dallek, autor de varios libros sobre Franklin D. Roosevelt, Lyndon B. Johnson, Ronald Reagan y otros títulos sobre política exterior. Brasil fue el país "que más ocupó la atención de Kennedy en el hemisferio", señala Dallek al citar a Kubitschek afirmando, en un típico arranque de humor, protagonizar a su país dando pleno apoyo a la Alianza para proyectarse como "el playboy del desarrollo económico" en el hemisferio occidental.
No fue sólo la salida de Frondizi y Juscelino que decidió la suerte del proyecto, sino la decidida resistencia de las oligarquías latinoamericanas que ridiculizaban a las reformas propuestas por la iniciativa de Kennedy como "la mejor manera de desestabilizar al continente", según un empresario confió al entonces embajador de Estados Unidos en México, Thomas C. Mann. Lo que no menciona el libro es que Mann, un conservador de Texas, compartía las sospechas de los empresarios. "Lo que le estamos pidiendo es que sinteticen la filosofía de Jefferson y las reformas sociales de F.D. Roosevelt en pocos años en Latinoamérica lo que se contrapone a los deseos de los latinoamericanos que están en el poder," sentenció Mann al secretario de Estado, Dean Rusk.
Por otro lado, el autor provee nuevos detalles de una lucha sorda que se desarrollaba dentro del departamento de Estado entre los diplomáticos de carrera (que Kennedy detestaba) y el nuevo subsecretario, Chester Bowles, un demócrata progresista que dejó el prestigioso cargo de presidente de la Enciclopedia Británica para entrar en el Congreso. Fue Bowles más que nadie quien chocó contra la doctrina de "counterinsurgency", un preludio de la actual política para erradicar el terrorismo, cuyo máximo exponente fue el hermano del presidente, Bobby Kennedy. Bowles terminó siendo enviado de embajador a la India y la iniciativa de Bobby fructificó en el Colegio de las Américas que el ejército de Estados Unidos y la CIA operaron en lo que fue la Zona del Canal en Panamá.
De hecho, la "Alianza" había sido anticipada por un proyecto similar llamado Operación Panamericana, elaborado por Frondizi con el apoyo de Kubitschek y de un prominente grupo de tecnócratas latinoamericanos y estadounidenses como Carlos Sanz de Santamaría, antiguo canciller de Colombia y José Antonio Mayobre, un ex ministro de Hacienda de Venezuela, así como Mozart Valente y Celso de Souza e Silva de Brasil, y los profesores Rosenstein Rodin y Raymond Vernon de Harvard. Durante las varias etapas del proyecto también fueron consultados dos eminentes internacionalistas panameños, Fernando Eleta y Galileo Solís.
Sin embargo, fiel a la historiografía estadounidense que predominantemente destaca el papel de Washington, pero raras veces se refiere a los aportes de los otros jugadores, la OPA (como sus contemporáneos conocieron la iniciativa brasileña) fue considerada por los expertos como una de las iniciativas más imaginativas y prometedoras para colocar a las relaciones hemisféricas en un plano más realista y de mayor igualdad. El proyecto fue prácticamente abandonado después del asesinato de Kennedy por su sucesor, Lyndon Baines Johnson, que trató de imprimir sello propio a las iniciativas de su malogrado predecesor.
Ahora, un nuevo libro del historiador Robert Dallek destaca que aunque Kennedy en 1961 estaba sumido en las crisis de Berlín y Cuba, no permitió que éstas apocaran su especial interés por las relaciones con el gobierno brasileño. Brasil, tanto por su posición estratégica a nivel mundial como por ser país clave para el éxito de la Alianza para el Progreso, fue la nación que más ocupó la política hemisférica del presidente John F. Kennedy -con la excepción de Cuba"-, según una nueva biografía de Kennedy recién publicada por Dallek, autor de varios libros sobre Franklin D. Roosevelt, Lyndon B. Johnson, Ronald Reagan y otros títulos sobre política exterior. Brasil fue el país "que más ocupó la atención de Kennedy en el hemisferio", señala Dallek al citar a Kubitschek afirmando, en un típico arranque de humor, protagonizar a su país dando pleno apoyo a la Alianza para proyectarse como "el playboy del desarrollo económico" en el hemisferio occidental.
No fue sólo la salida de Frondizi y Juscelino que decidió la suerte del proyecto, sino la decidida resistencia de las oligarquías latinoamericanas que ridiculizaban a las reformas propuestas por la iniciativa de Kennedy como "la mejor manera de desestabilizar al continente", según un empresario confió al entonces embajador de Estados Unidos en México, Thomas C. Mann. Lo que no menciona el libro es que Mann, un conservador de Texas, compartía las sospechas de los empresarios. "Lo que le estamos pidiendo es que sinteticen la filosofía de Jefferson y las reformas sociales de F.D. Roosevelt en pocos años en Latinoamérica lo que se contrapone a los deseos de los latinoamericanos que están en el poder," sentenció Mann al secretario de Estado, Dean Rusk.
Por otro lado, el autor provee nuevos detalles de una lucha sorda que se desarrollaba dentro del departamento de Estado entre los diplomáticos de carrera (que Kennedy detestaba) y el nuevo subsecretario, Chester Bowles, un demócrata progresista que dejó el prestigioso cargo de presidente de la Enciclopedia Británica para entrar en el Congreso. Fue Bowles más que nadie quien chocó contra la doctrina de "counterinsurgency", un preludio de la actual política para erradicar el terrorismo, cuyo máximo exponente fue el hermano del presidente, Bobby Kennedy. Bowles terminó siendo enviado de embajador a la India y la iniciativa de Bobby fructificó en el Colegio de las Américas que el ejército de Estados Unidos y la CIA operaron en lo que fue la Zona del Canal en Panamá.