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Política, ley y el inconsciente


El fenómeno de la interpretación de la ley es uno de los grandes problemas de las ciencias humanas. El derecho, el cual parte de una serie de principios fundamentados en el bien común, es en toda medida alterado por fuerzas de otra categoría y que pertenecen al ámbito humano. Partimos aquí de un principio estructuralista, el inevitable desdoblamiento del sujeto y la formación de lo inconsciente.
Bajo esa consideración, opinamos que todo acto político es susceptible de un desdoble, constituido por la máscara social que representa todo aquel ideal social, pues el fundamento de todo acto político es "la búsqueda del bien común", y esto se manifiesta en el discurso retórico, el buen decir. Ejemplo: "Los pobres son mi prioridad".
Pero tras esa máscara, operan fuerzas determinadas por sus propias leyes, leyes que, sin embargo, científicamente no han sido estudiadas. De allí que la doble moral sea consecuencia lógica de lo antes planteado, y de que lo verdadero pueda pasar por falso y lo falso por verdadero. Los estructuralistas lo describen en los siguiente términos: El deseo es extraño a la moral social y le es infiel, porque el hombre pastor del ser debe su fidelidad a su carencia. Y aquí cabe decir que no nos referimos al deseo en su acepción común y corriente, sino al deseo como matriz directiva del comportamiento humano. Algo así como lo que en psicología se denomina motivación, pero no al nivel consciente, sino al inconsciente. Aquí se plantea que el hombre que es sujeto y a la vez objeto, en su doble constitución, es subordinado a estructuras lingüísticas que lo determinan y lo alienan. Estructuras en las que reside una autoridad, claro, encarnada en hombres. Por ejemplo, qué es la ley, sino un conjunto de significantes, fraseología creada por el hombre para condicionar al hombre.
Y allí es donde se reitera de que quien ejecuta la ley, quien la encarna, tiene sus propias motivaciones inconscientes (particulares). Ahora bien, cabe destacar que es la ciencia lógico-matemática la interpretación más objetiva de la realidad, y la ley, en tanto, alejada de estas ciencias, se presta al subjetivismo interpretativo, lo cual mantiene al hombre divorciado de todo lo que podría considerarse el bien.
¿Y qué es el bien? El problema se hace más complejo cuando el discurso científico recodifica el discurso moral. Ejemplo: un homicidio podría calificarse en términos de bueno o malo, castigable o no castigable; pero podría reinterpretarse si el acto se cometió bajo un estado mental alterado, como una psicosis. Ya tendríamos una justificación del mismo hecho. Otro ejemplo: La homosexualidad, se ha calificado a lo largo de la historia en términos de bueno o malo; ante descubrimientos recientes, se plantea la existencia de bases genéticas, lo que cambia la percepción del mismo fenómeno.
Para concluir mencionemos el famoso discurso político. A nuestro criterio, el mismo se ha vuelto obsoleto, en tanto que se aleja cada vez más de lo real; es un discurso alucinatorio, es un "bla, bla, bla...". Son el discurso científico tecnológico y el económico (el de las cifras) los que imperan progresivamente, pues representan la realidad del hombre actual, y es en los cuales, al parecer, el deseo se articula continuamente.
Por una simpatía generacional, quiero creer que, en efecto, Martín Torrijos representa una nueva clase política que no usa "ni la mentira ni el engaño". Pero, al igual que miles de ciudadanos, aún estoy esperando una respuesta clara y contundente sobre la cuestión política más crucial que deberá abordar la clase gobernante en el próximo período.
La típica rutina indica que los pacientes van a los cuartos de urgencia a hacerse exámenes de laboratorio o pruebas de radiología que pudieron practicarse en las policlínicas. Esto provoca que cuando hay un paciente que sí la necesita, tiene que esperar a todos los que están delante de él.
Para el Dr. González, éste es un círculo vicioso, porque urgencia significa, para el usuario, una atención rápida independiente de lo que tenga. Y eso no es así.
Recomienda que se fortalezca el sistema de atención en las policlínicas y se doten de recursos mínimos para evitar el nudo crítico que se forma en este servicio donde cae todo: tanto en lo interno de los hospitales como fuera de ellos. Cuando el paciente tiene algún tipo de inestabilidad o se siente mal, el único recurso consiste en mandarlo a urgencia.

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