Política y empleo
El desempleo continúa siendo el principal problema social en Panamá. Desde 1983 su tasa no baja del 10%, cifra que se considera inaceptable para cualquier país, porque indica que un alto porcentaje de la población no tiene acceso al trabajo que le permita llevar una vida digna. Además la tendencia que muestra esta tasa es de crecimiento, lo que añade una preocupación adicional de cara al futuro, porque indica que no se están creando puestos de trabajo suficientes para satisfacer la cantidad de jóvenes que entran cada año al mercado laboral.
Esta situación tiene un efecto directo sobre el nivel de pobreza en que se encuentra un 40% de la población, así como en el de extrema pobreza en que se sitúa casi el 20% de los panameños, al no alcanzar los ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades de alimentación básica, no digamos de salud, vivienda y educación. La cifra de ingresos que se establece en Panamá como límite para quedar incluido en el nivel de pobreza es de 905 balboas anuales.
Por estas razones, el tema del desempleo ocupa durante todos los períodos electorales, los titulares en las campañas de los candidatos que repiten estas cifras unidas a promesas de solución para vender sus aspiraciones a cargos públicos, pero estamos acostumbrados a escuchar ofertas sobre la creación de miles de puestos de trabajo que nunca se convierten en realidad una vez que alcanzan su propósito después de las elecciones. Estas ofertas, sin embargo, se presentan de una manera muy general y poco comprometedora, sin entrar en planes y programas concretos con alguna posibilidad de éxito, y generalmente se limitan a mencionar la gravedad de la situación y expresar su deseo de cambiarla, pero sin establecer cifras que permitan evaluar su efectividad en el tiempo.
Estamos en la antesala de una nueva elección y los candidatos están presentando ante la opinión pública sus campañas políticas. Esperamos que en esta ocasión el objetivo que las guíe sea el de servir a la Nación trabajando por el bien común a través de políticas que alivien el desempleo y traigan bienestar a la gran mayoría de los panameños; y no simplemente alcanzar el poder para enriquecerse permaneciendo indiferente ante el deterioro de los índices que nos muestran un gran pedazo de Panamá marginado del desarrollo.
Tenemos abundante riqueza natural para satisfacer las necesidades de toda la población al tiempo que la preservamos. No hay razón para que exista el desempleo, la desnutrición y el analfabetismo en un país que tiene tierras fértiles, mares abundantes en peces y una población con deseos de participar en el proceso de transformar esta riqueza en bienestar. El gobierno debe convertirse en un motor para acelerar este proceso y no en un obstáculo para que más panameños y panameñas tengan la oportunidad de trabajar por nuestro país. Ojalá se propongan soluciones reales en esta campaña política, y que se implementen cuando los favorecidos les corresponda hacer valer su palabra.
Esta situación tiene un efecto directo sobre el nivel de pobreza en que se encuentra un 40% de la población, así como en el de extrema pobreza en que se sitúa casi el 20% de los panameños, al no alcanzar los ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades de alimentación básica, no digamos de salud, vivienda y educación. La cifra de ingresos que se establece en Panamá como límite para quedar incluido en el nivel de pobreza es de 905 balboas anuales.
Por estas razones, el tema del desempleo ocupa durante todos los períodos electorales, los titulares en las campañas de los candidatos que repiten estas cifras unidas a promesas de solución para vender sus aspiraciones a cargos públicos, pero estamos acostumbrados a escuchar ofertas sobre la creación de miles de puestos de trabajo que nunca se convierten en realidad una vez que alcanzan su propósito después de las elecciones. Estas ofertas, sin embargo, se presentan de una manera muy general y poco comprometedora, sin entrar en planes y programas concretos con alguna posibilidad de éxito, y generalmente se limitan a mencionar la gravedad de la situación y expresar su deseo de cambiarla, pero sin establecer cifras que permitan evaluar su efectividad en el tiempo.
Estamos en la antesala de una nueva elección y los candidatos están presentando ante la opinión pública sus campañas políticas. Esperamos que en esta ocasión el objetivo que las guíe sea el de servir a la Nación trabajando por el bien común a través de políticas que alivien el desempleo y traigan bienestar a la gran mayoría de los panameños; y no simplemente alcanzar el poder para enriquecerse permaneciendo indiferente ante el deterioro de los índices que nos muestran un gran pedazo de Panamá marginado del desarrollo.
Tenemos abundante riqueza natural para satisfacer las necesidades de toda la población al tiempo que la preservamos. No hay razón para que exista el desempleo, la desnutrición y el analfabetismo en un país que tiene tierras fértiles, mares abundantes en peces y una población con deseos de participar en el proceso de transformar esta riqueza en bienestar. El gobierno debe convertirse en un motor para acelerar este proceso y no en un obstáculo para que más panameños y panameñas tengan la oportunidad de trabajar por nuestro país. Ojalá se propongan soluciones reales en esta campaña política, y que se implementen cuando los favorecidos les corresponda hacer valer su palabra.