Políticas anticrisis
No es predecible el daño que causará la crisis de EE.UU., pero los que más sufrirán son los países con grandes deudas a corto plazo y gobiernos que operan con desequilibrios, bajas reservas y sistemas financieros descapitalizados. Ante la crisis se evidencia la ventaja de una macroeconomía sana, como la mexicana: deuda externa bajo control, inflación entre las más bajas de América Latina, altas reservas monetarias y un alto nivel de capitalización de los principales bancos. Hasta junio, los bancos mexicanos reportaban ganancias y, para agosto, la cartera vencida de la banca era de 2,5% del total. Esa cartera está cubierta con reservas.
Tales cifras no significan que no habrá un efecto negativo para la economía mexicana, la cual crecerá por debajo de lo previsto y con menor creación de empleos. La reducción del precio del petróleo implica menos ingresos del exterior. Y aunque las divisas petroleras representan menos del 20% de las exportaciones mexicanas, el total de las mismas se reducirá por la caída de la actividad comercial en EE.UU., nuestro principal socio comercial.
Para que la economía mexicana se mantenga sólida y se minimicen los efectos negativos de la crisis, es necesario que el presupuesto de 2009 del gobierno federal mantenga el equilibrio, sin generar presiones inflacionarias. Los diputados deben considerar la baja del precio del petróleo y una menor captación fiscal por menor crecimiento económico, por lo que deben aprobar reformas que incentiven la inversión, el empleo y el futuro crecimiento. Con una macroeconomía sana y una reforma petrolera que incentive la inversión en refinación, los daños de la crisis serán menores.
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