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¿Políticos miran al futuro?


La clase política está totalmente desprestigiada en nuestro Panamá. Su interminable persecución de objetivos signados por crasos intereses ha sido la causa. El más reciente hallazgo de restos de un ciudadano asesinado en tiempos que no se pueden olvidar, reaviva el recuerdo de hechos que quisiéramos borrar. Y persisten en la memoria, porque no ha habido aparente arrepentimiento ni mucho menos propósito de enmienda.
Los malabarismos que rodearon la directiva de la Asamblea Legislativa en 1999 están mucho más frescos en la memoria de todos. Unos cinco pinches votos refrendaron la repartición del botín legislativo.
Hoy día nos amanecemos con la noticia de que dos de esos votos han llevado a un acuerdo legislativo insólito entre dos grupos denominados enemigos, hasta el 24 de agosto, fecha de la firma del acuerdo.
El más obvio y supuesto beneficiado del acuerdo es un legislador que, como muchos de sus colegas, no importa de qué bandería, parece saltar de la meca a la tortoleca. Se sospechaba desde un principio cuando se hablaba de que es "amiguito pío-pío" del Secretario General del PRD quien, a su vez, es hijo del que se birló la "revolución" de Boris. Pero esto debe quedar en el pasado. ¿O no?
Pero viendo el lado positivo, se habla de que los nuevos socios tienen un programa legislativo que va a corregir los entuertos de las partidas circuitales, de la asistencia a las sesiones de la Asamblea, de... Todo en aras del bienestar del país. Me sorprendo a mí mismo cuando quiero tener esperanzas y les doy el beneficio de la duda. A lo mejor es que no tengo más remedio. Les deseo que cumplan sus promesas, por Panamá. Estaré observando.
Lo anterior debe alentar a los gobiernistas a superarse y luchar, y cooperar, si es necesario, para que se cumplan tantas promesas de campaña en espera de concreción. Tengo esperanza de que el miniajuste de ministros, y el cambiazo de viceministros, lleve al fortalecimiento de la economía.
Ya se ve un acercamiento con las IFI´s y, especulo, con los pudientes, que opino le hicieron gran daño al país, al igual que ciertos grupos obreros, criticando de manera exagerada los llamados desaciertos de la administración mireyista. Por lo que no queda otra alternativa que augurar un alto a la desaceleración económica insistentemente proclamada por los más interesados.
Yo continúo esperando que se ataque el desempleo, que se ejecuten las mejoras al Hospital Santo Tomás, que se solucionen y prevengan los problemas de la CSS, con énfasis en medidas correctivas del déficit actuarial del fondo de jubilación, y así sucesivamente.
De parte del pueblo espero que no arrojen basura en las calles, quebradas, alcantarillados, para que tanta gente, especialmente humilde, no sufra inundaciones. Que en todo se demuestre mayor sentido de responsabilidad. En realidad esto es poco pedir.
Por ahora no he decidido si necesitamos una constituyente, principalmente porque nuestros políticos, casi sin excepción, no aparentan ser garantes de cualquiera norma y, me mortifica decirlo, los panameños, en general, no nos comportamos como ciudadanos conscientes.
En fin, caro lector, estos son los pensamientos que me vienen a la mente cuando observo los hechos a que he hecho referencia. En conclusión, la esperanza es lo último que se pierde. No me queda más que desearle el mayor de los éxitos a tantos ciudadanos tan bien intencionados, por ahora, de la boca para afuera. A la vez, me siento de la patada cuando yo mismo no he tenido mayor propósito de enmienda de mis imperfecciones, que son muchas.

101 años de Panamá América

 
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