Populismo, democracia e independencia nacional
En reiteradas ocasiones he señalado que una de las dificultades graves de los gobiernos populistas o neopopulistas es la que da cuenta de su incapacidad para fraguar verdaderas alianzas con sectores orgánicos de la sociedad, cuya existencia y reproducción, tanto en el plano de lo económico, lo cultural y lo ideológico, se centra en lo nacional. Parafraseando al recordado profesor Ricaurter Soler, son gobiernos, que dado su inconsistencia ideológica, terminan "oligarquizándose", es decir, sirviendo al poder económico, que excluye como referente, la cuestión nacional.
Son estos últimos, los siempre y eternos sumisos y contemporizadores con esquemas y modelos que nos imponen de afuera, mediando toda clase de presión y chantaje económico financiero. La falta o ausencia de un programa estratégico de desarrollo nacional sustentando en los sectores sociales, populares y productivos del país, al igual que la falta de política exterior, coherente y nacionalista, hacen de estos gobiernos, fácil presa o rehén de los planes y estrategias trabajadas en los centros de poder del capital financiero.
Durante la campaña electoral, se criticó severamente el neoliberalismo del gobierno de Pérez Balladares. Mucho se dijo contra las privatizaciones de empresas estatales y las promesas para solucionar la miseria y el desempleo estuvieron a la orden del día. El discurso electoral, que se presentó como la antipoda del neoliberalismo salvaje y autoritario, hoy aparece hecho aguas. Como si lo anterior fuera poco, aparecen en el escenario algunas acciones gubernamentales que nos hacen sospechar, qué rémoras del colonialismo siguen conspirando para echar atrás la liberación nacional. No se trata de una preocupación desfasada como lo dijera el ministro de Gobierno y Justicia.
La realidad de hoy pareciera retrotraerse a los momentos en que el ex-presidente, Dr. Balladares, dio el gran "viraje". Recordemos que él llegó a la Presidencia catapultado en una alianza democrático-popular y patriótica. Meses después, se impuso en su gestión gubernamental, la impronta y la hegemonía del gran capital comercial importador y financiero.
Es evidente que el actual gobierno, perdió las perspectivas y la noción que la política y el poder, es suma y correlación de fuerzas sociales. Se equivocó al pensar que podía echar hacia adelante un programa o modelo populista de gestión gubernamental, sin la adecuada articulación de una base de sustentación, centrada en un eje popular democrático y productivo. En ese sentido, no ha sido capaz de construir una hegemonía política al interior del Estado, lo que se traduce en una fragilidad que viene siendo aprovechada por los sectores hegemónicos de la economía, es decir, los grupos empresariales que al interior reproducen el modelo neoliberal. Estos últimos han venido ejerciendo una presión tal, que le está produciendo réditos importantes. Todo lo anterior en el marco de un escenario nacional e internacional, que revela o indica que fuerzas antinacionales se han conjugado para doblarle las rodillas al gobierno de la señora Moscoso.
Por un lado, es evidente que existe una campaña para hacernos ver como un país lavador y huérfano de legislación para enfrentar este flagelo. Totalmente falso. Se nos está amenazando con demandas ante la Organización Mundial del Comercio; ahora aparecen en escena nuevamente las famosas "cartas de intención" dirigida al Fondo Monetario Internacional (FMI) y para acabarla de rematar, se hacen públicos los pasos que se vienen dando para suscribir un Centro Multinacional Antidrogas, disfrazado con la mácula de "Acuerdo para las fuerzas militares temporales". Como si lo anterior no fuera nada, el flamante Jefe de Seguridad del Estado, hace gala de una infundada falta de capacidad para defender y proteger nuestra soberanía. ¿Qué está ocurriendo? O el gobierno se hace de la vista gorda y está optando por jugar el juego de los poderosos o sencillamente vienen haciendo gala de una ingenuidad, peligrosa para la seguridad y la estabilidad de nuestro país.
El Gobierno Nacional, debe entender, que este país es de todos los panameños. Las decisiones que comprometen los intereses del pueblo y la soberanía, no se pueden administrar como juegos de cocina, a la escondida. La transparencia en el manejo de la gestión pública, es de esencia en toda democracia real.
Son estos últimos, los siempre y eternos sumisos y contemporizadores con esquemas y modelos que nos imponen de afuera, mediando toda clase de presión y chantaje económico financiero. La falta o ausencia de un programa estratégico de desarrollo nacional sustentando en los sectores sociales, populares y productivos del país, al igual que la falta de política exterior, coherente y nacionalista, hacen de estos gobiernos, fácil presa o rehén de los planes y estrategias trabajadas en los centros de poder del capital financiero.
Durante la campaña electoral, se criticó severamente el neoliberalismo del gobierno de Pérez Balladares. Mucho se dijo contra las privatizaciones de empresas estatales y las promesas para solucionar la miseria y el desempleo estuvieron a la orden del día. El discurso electoral, que se presentó como la antipoda del neoliberalismo salvaje y autoritario, hoy aparece hecho aguas. Como si lo anterior fuera poco, aparecen en el escenario algunas acciones gubernamentales que nos hacen sospechar, qué rémoras del colonialismo siguen conspirando para echar atrás la liberación nacional. No se trata de una preocupación desfasada como lo dijera el ministro de Gobierno y Justicia.
La realidad de hoy pareciera retrotraerse a los momentos en que el ex-presidente, Dr. Balladares, dio el gran "viraje". Recordemos que él llegó a la Presidencia catapultado en una alianza democrático-popular y patriótica. Meses después, se impuso en su gestión gubernamental, la impronta y la hegemonía del gran capital comercial importador y financiero.
Es evidente que el actual gobierno, perdió las perspectivas y la noción que la política y el poder, es suma y correlación de fuerzas sociales. Se equivocó al pensar que podía echar hacia adelante un programa o modelo populista de gestión gubernamental, sin la adecuada articulación de una base de sustentación, centrada en un eje popular democrático y productivo. En ese sentido, no ha sido capaz de construir una hegemonía política al interior del Estado, lo que se traduce en una fragilidad que viene siendo aprovechada por los sectores hegemónicos de la economía, es decir, los grupos empresariales que al interior reproducen el modelo neoliberal. Estos últimos han venido ejerciendo una presión tal, que le está produciendo réditos importantes. Todo lo anterior en el marco de un escenario nacional e internacional, que revela o indica que fuerzas antinacionales se han conjugado para doblarle las rodillas al gobierno de la señora Moscoso.
Por un lado, es evidente que existe una campaña para hacernos ver como un país lavador y huérfano de legislación para enfrentar este flagelo. Totalmente falso. Se nos está amenazando con demandas ante la Organización Mundial del Comercio; ahora aparecen en escena nuevamente las famosas "cartas de intención" dirigida al Fondo Monetario Internacional (FMI) y para acabarla de rematar, se hacen públicos los pasos que se vienen dando para suscribir un Centro Multinacional Antidrogas, disfrazado con la mácula de "Acuerdo para las fuerzas militares temporales". Como si lo anterior no fuera nada, el flamante Jefe de Seguridad del Estado, hace gala de una infundada falta de capacidad para defender y proteger nuestra soberanía. ¿Qué está ocurriendo? O el gobierno se hace de la vista gorda y está optando por jugar el juego de los poderosos o sencillamente vienen haciendo gala de una ingenuidad, peligrosa para la seguridad y la estabilidad de nuestro país.
El Gobierno Nacional, debe entender, que este país es de todos los panameños. Las decisiones que comprometen los intereses del pueblo y la soberanía, no se pueden administrar como juegos de cocina, a la escondida. La transparencia en el manejo de la gestión pública, es de esencia en toda democracia real.