¿Populismo moderno?
El pasado 9 de septiembre, representantes de la Coordinadora Nacional de Desempleados (CONADE) irrumpieron violentamente en la Asamblea Legislativa demandando que el nuevo gobierno solucionara inmediatamente el problema de desempleo que ellos y el país confrontan actualmente. Entiendo que uno de los legisladores oficialistas se comprometió a elaborar un proyecto mediante el cual el gobierno aportaría una considerable suma de dinero con el propósito de crear "bolsas de trabajo" en el gobierno para aproximadamente diez mil personas que pertenecen a esta agrupación.
A pesar de que estoy seguro de que se actuó de buen fe, con el fin de brindar soluciones, el precedente es preocupante. Tal como se sabe, desde 1990 el gobierno panameño ha estado esforzándose por ponerse al día con el modelo económico imperante a nivel mundial, en el cual, entre otras cosas, el Estado se convierte en un mero facilitador traspasando al sector privado la responsabilidad de crear empleos. Independientemente de las debilidades del modelo (y no hay modelo económico que no las tenga) hay que reconocer que es muy difícil no subirse al tren de lo que comúnmente llamamos globalización.
También me atrevo a asegurar que en el caso del Hospital Santo Tomás se está actuando de buena fe, al sugerir la Presidenta de la República que se utilicen diez millones de balboas de la Asamblea Legislativa para atender las necesidades de éste importante hospital. Lamentablemente las grandes necesidades del elefante blanco no se resolverán quitándole fondos a la Asamblea Legislativa. Como se dice popularmente eso sería "pan para hoy, hambre para mañana". En el peor de los casos también se podría ver la sugerencia de la presidenta como una peligrosa intromisión del "rgano Ejecutivo en los asuntos del "rgano Legislativo.
En estos primeros días del nuevo gobierno pareciera ser que la premisa para tomar decisiones reza que lo que es popular es correcto, imitando antiguas fórmulas populistas las cuales no tienen cabida hoy día. El populismo fue un momento histórico en el que se dieron ofertas sociales y políticas propias del crecimiento industrial en las condiciones del naciente capitalismo latinoamericano, sus relaciones con la división internacional de funciones y el mercado externo dominante. En aquellos días el Estado no contaba con las instituciones necesarias para satisfacer las necesidades de la ola de campesinos que emigraban de las áreas rurales a los centros urbanos para convertirse en obreros. Tres de las características fundamentales del populismo son: la fuerte y grandiosa movilización de masas, el alto grado de improvisación reflejada en un discurso incoherente y la existencia de un líder carismático que personifica los intereses populares.
A estas alturas sería injusto decir que el nuevo gobierno basa su gestión en la improvisación, pero pareciera que pretenden atender las necesidades populares sin tomar en cuenta las estructuras económicas y políticas. Eso no es buena idea. Insisto en que las intenciones son buenas, pero el arte de gobernar es más que buenas intenciones. El gobierno se corre el gran riesgo de propiciar más irrupciones violentas en la Asamblea Legislativa y hasta en la misma Presidencia de la República si el mensaje es mal interpretado por las masas. Incluso se hiere aún más, innecesariamente, la maltrecha imagen que la población tiene de los legisladores. Si éstos rechazan iniciativas que realmente darán solución a los problemas, entonces que sufran el rechazo total de la opinión pública, pero no es justo hacerlos quedar como los malos de la película si realmente las medidas que se tomen no pasan de ser débiles paliativos que casi rayan en la demagogia.
El plan de gobierno presentado por la Presidenta durante la campaña electoral era bueno, pero lamentablemente hasta ahora el gobierno se ha dedicado a derogar leyes y decretos impopulares por la forma en que se promovieron. Si lo que se quiere es redistribuir la riqueza nacional, entonces ¿cuándo se va a proponer la necesaria reforma tributaria? sta es solo una de las tantas medidas que debe tomar el gobierno si quiere brindar soluciones integrales, verdaderas y duraderas al país.
A pesar de que estoy seguro de que se actuó de buen fe, con el fin de brindar soluciones, el precedente es preocupante. Tal como se sabe, desde 1990 el gobierno panameño ha estado esforzándose por ponerse al día con el modelo económico imperante a nivel mundial, en el cual, entre otras cosas, el Estado se convierte en un mero facilitador traspasando al sector privado la responsabilidad de crear empleos. Independientemente de las debilidades del modelo (y no hay modelo económico que no las tenga) hay que reconocer que es muy difícil no subirse al tren de lo que comúnmente llamamos globalización.
También me atrevo a asegurar que en el caso del Hospital Santo Tomás se está actuando de buena fe, al sugerir la Presidenta de la República que se utilicen diez millones de balboas de la Asamblea Legislativa para atender las necesidades de éste importante hospital. Lamentablemente las grandes necesidades del elefante blanco no se resolverán quitándole fondos a la Asamblea Legislativa. Como se dice popularmente eso sería "pan para hoy, hambre para mañana". En el peor de los casos también se podría ver la sugerencia de la presidenta como una peligrosa intromisión del "rgano Ejecutivo en los asuntos del "rgano Legislativo.
En estos primeros días del nuevo gobierno pareciera ser que la premisa para tomar decisiones reza que lo que es popular es correcto, imitando antiguas fórmulas populistas las cuales no tienen cabida hoy día. El populismo fue un momento histórico en el que se dieron ofertas sociales y políticas propias del crecimiento industrial en las condiciones del naciente capitalismo latinoamericano, sus relaciones con la división internacional de funciones y el mercado externo dominante. En aquellos días el Estado no contaba con las instituciones necesarias para satisfacer las necesidades de la ola de campesinos que emigraban de las áreas rurales a los centros urbanos para convertirse en obreros. Tres de las características fundamentales del populismo son: la fuerte y grandiosa movilización de masas, el alto grado de improvisación reflejada en un discurso incoherente y la existencia de un líder carismático que personifica los intereses populares.
A estas alturas sería injusto decir que el nuevo gobierno basa su gestión en la improvisación, pero pareciera que pretenden atender las necesidades populares sin tomar en cuenta las estructuras económicas y políticas. Eso no es buena idea. Insisto en que las intenciones son buenas, pero el arte de gobernar es más que buenas intenciones. El gobierno se corre el gran riesgo de propiciar más irrupciones violentas en la Asamblea Legislativa y hasta en la misma Presidencia de la República si el mensaje es mal interpretado por las masas. Incluso se hiere aún más, innecesariamente, la maltrecha imagen que la población tiene de los legisladores. Si éstos rechazan iniciativas que realmente darán solución a los problemas, entonces que sufran el rechazo total de la opinión pública, pero no es justo hacerlos quedar como los malos de la película si realmente las medidas que se tomen no pasan de ser débiles paliativos que casi rayan en la demagogia.
El plan de gobierno presentado por la Presidenta durante la campaña electoral era bueno, pero lamentablemente hasta ahora el gobierno se ha dedicado a derogar leyes y decretos impopulares por la forma en que se promovieron. Si lo que se quiere es redistribuir la riqueza nacional, entonces ¿cuándo se va a proponer la necesaria reforma tributaria? sta es solo una de las tantas medidas que debe tomar el gobierno si quiere brindar soluciones integrales, verdaderas y duraderas al país.