¿Por dónde comenzar?
El encuentro convocado por el Consejo Ecuménico que reunió a sectores representativos de la sociedad panameña para reflexionar colectivamente sobre el momento que vive nuestro país y proponer alternativas que contribuyan a su progreso y bienestar es una magnífica idea que creo todos apoyamos. Encuentros de esa naturaleza son convenientes. De tiempo en tiempo debemos hacer un alto en nuestros enfrentamientos y tratar de consensuar propuestas para hacer las rectificaciones que nos ayuden a reencontrarnos y a mejorar, en todos los órdenes.
Un encuentro de las características apuntadas no es una idea nueva. En el pasado hemos sido testigos de iniciativas similares. De algunas de ellas queda muy poco recuerdo en la memoria colectiva y su proyección, traducida a resultados concretos, tampoco ha sido un factor decisivo para generar un cambio generalizado de actitudes, que es lo que verdaderamente cuenta.
Todos los países, Panamá no es la excepción, atraviesan por períodos difíciles que son el producto de la concurrencia de un variado número de causas, tanto internas como externas. La identificación objetiva de esas causas y, además adjudicarles, también objetivamente, la importancia que les corresponde, a efectos de enfrentarlas y resolverlas según su gravedad, debe ser el punto de partida.
Un ejercicio de reflexión nacional o diálogo nacional si así se prefiere llamarlo, para que pueda ser útil y trascendente requiere de sus concurrentes una actitud desprovista de sectarismos interesados. Si quienes concurren al diálogo están animados por intereses egoístas, por cálculos electorales o por ambiciones de poder, muy poco se podrá avanzar. Requiere, con igual importancia y como complemento, de actitudes objetivas, tanto para juzgar errores ajenos como para aceptar los propios y, especialmente para evaluar con serenidad todos los factores que influyen sobre la realidad nacional.
Panamá, sin que ello pretenda desconocer que muchos de nuestros problemas son debido a factores internos, no es una isla desconectada del mundo. Por ejemplo, ignorar que la crisis económica mundial, y principalmente los problemas de la economía norteamericana nos afectan directa y negativamente, es desconocer realidades que escapan a nuestro control.
222Panamá, sin que ello pretenda desconocer que muchos de nuestros problemas son debido a factores internos, no es una isla desconectada del mundo.
Igualmente, referirse al endeudamiento público sin establecer las responsabilidades de quienes fueron los autores y gestores de las obligaciones financieras que arrastra el estado panameño, que limitan los recursos que podrían dedicarse al gasto social, es una óptica malsanamente animada para esconder responsabilidades políticas de quienes gobernaron en el pasado. Considerar que la delincuencia es sólo el producto de falta de vigilancia, ignorando factores como la pobreza o la influencia negativa de una cuasi cultura informativa que privilegia el sensacionalismo y la sordidez, es carente de objetividad. Responsabilizar exclusivamente al sector público por la falta de inversiones, es escamotear la responsabilidad que le corresponde al sector privado de la economía. Ignorar, como se suele hacer, que en Panamá padecemos una escandalosa desigualdad en la distribución de la riqueza o que existe una concertación que impide abaratar el crédito y el precio del dinero es evadir responsabilidades que imponen estándares mínimos de justicia social y económica.
En un plano más institucional, es también carente de objetividad que se pretenda centrar todas las responsabilidades en el Organo Ejecutivo, ignorando, interesadamente que existe en Panamá un régimen de separación de los poderes públicos.
Las reformas legales o constitucionales pueden ser uno de los factores que contribuyan a mejorar un estado general de las cosas en el país, pero no creo que sea la fuente de los remedios. Superar egoísmos y sectarismos, y asumir actitudes objetivas y animadas de sinceridad ciudadana serán más decisivas y útiles.
Un encuentro de las características apuntadas no es una idea nueva. En el pasado hemos sido testigos de iniciativas similares. De algunas de ellas queda muy poco recuerdo en la memoria colectiva y su proyección, traducida a resultados concretos, tampoco ha sido un factor decisivo para generar un cambio generalizado de actitudes, que es lo que verdaderamente cuenta.
Todos los países, Panamá no es la excepción, atraviesan por períodos difíciles que son el producto de la concurrencia de un variado número de causas, tanto internas como externas. La identificación objetiva de esas causas y, además adjudicarles, también objetivamente, la importancia que les corresponde, a efectos de enfrentarlas y resolverlas según su gravedad, debe ser el punto de partida.
Un ejercicio de reflexión nacional o diálogo nacional si así se prefiere llamarlo, para que pueda ser útil y trascendente requiere de sus concurrentes una actitud desprovista de sectarismos interesados. Si quienes concurren al diálogo están animados por intereses egoístas, por cálculos electorales o por ambiciones de poder, muy poco se podrá avanzar. Requiere, con igual importancia y como complemento, de actitudes objetivas, tanto para juzgar errores ajenos como para aceptar los propios y, especialmente para evaluar con serenidad todos los factores que influyen sobre la realidad nacional.
Panamá, sin que ello pretenda desconocer que muchos de nuestros problemas son debido a factores internos, no es una isla desconectada del mundo. Por ejemplo, ignorar que la crisis económica mundial, y principalmente los problemas de la economía norteamericana nos afectan directa y negativamente, es desconocer realidades que escapan a nuestro control.
222Panamá, sin que ello pretenda desconocer que muchos de nuestros problemas son debido a factores internos, no es una isla desconectada del mundo.
Igualmente, referirse al endeudamiento público sin establecer las responsabilidades de quienes fueron los autores y gestores de las obligaciones financieras que arrastra el estado panameño, que limitan los recursos que podrían dedicarse al gasto social, es una óptica malsanamente animada para esconder responsabilidades políticas de quienes gobernaron en el pasado. Considerar que la delincuencia es sólo el producto de falta de vigilancia, ignorando factores como la pobreza o la influencia negativa de una cuasi cultura informativa que privilegia el sensacionalismo y la sordidez, es carente de objetividad. Responsabilizar exclusivamente al sector público por la falta de inversiones, es escamotear la responsabilidad que le corresponde al sector privado de la economía. Ignorar, como se suele hacer, que en Panamá padecemos una escandalosa desigualdad en la distribución de la riqueza o que existe una concertación que impide abaratar el crédito y el precio del dinero es evadir responsabilidades que imponen estándares mínimos de justicia social y económica.
En un plano más institucional, es también carente de objetividad que se pretenda centrar todas las responsabilidades en el Organo Ejecutivo, ignorando, interesadamente que existe en Panamá un régimen de separación de los poderes públicos.
Las reformas legales o constitucionales pueden ser uno de los factores que contribuyan a mejorar un estado general de las cosas en el país, pero no creo que sea la fuente de los remedios. Superar egoísmos y sectarismos, y asumir actitudes objetivas y animadas de sinceridad ciudadana serán más decisivas y útiles.