Por fin seremos campeones
Santiago de Chile (AIPE)- Ahora sí, los chilenos vamos a ser los mejores del mundo y seremos campeones en todo. No habrá que preocuparse más, porque está próxima a entrar en vigencia la ley del deporte. Con ella vamos a matar, y les ganaremos a todos, hasta en el emboque y las bolitas, deportes injustamente postergados.
¿Cómo no se nos ocurrió antes? Hemos perdido nuestra vida tratando de ser campeones de algo. Esfuerzos, dinero, competencias y eternas discusiones para nada. Bueno, llegó por fin la alegría, y ahora, al amparo de la nueva ley, usted sólo tiene que elegir en qué quiere que Chile sea campeón mundial. Nos va a costar, como siempre, unos pesos, de esos que el Estado nos saca a la fuerza, pero bien vale la pena. Algunos dinerillos se deslizarán a bolsillos incorrectos, según indica la tradición. Pero no es para tanto, a cambio de la enorme satisfacción de ser los primeros en todo.
También vamos a ser los más cultos del mundo y ya se anuncia una legislación para ello. Seguramente nos sacarán otros pesitos, pero, como dicen los economistas, no hay almuerzos gratis. Hay que pagarles a algunos intelectuales y artistas para que nos hagan cultos, así como lo han hecho el Fondart y el Ministerio de Educación. Ahora sí. Es definitivo. La ley nos ordenará ser cultos. Seremos campeones cultos. Y esto lo vamos a hacer cantando alegremente, con la ley que se anuncia de fomento de la música chilena. Y mientras cantamos, vamos a leer al amparo de la norma que incentiva el libro y la lectura. ¿Por qué se queja cierta gente?
De puro llena: campeones, cultos, cantando y leyendo como nadie en el mundo. Los monumentos nacionales y los santuarios de la naturaleza ya están protegidos para que los pobres puedan, por fin, admirarlos.
En realidad, falta una ley: la de la felicidad. Ella podría ordenarnos sonreír hasta cuando estemos en cama, aspecto no cubierto por la normativa previa. Bueno, los legisladores no son perfectos. A propósito, ¿cuánta plata ponen ellos de su ingreso para financiar la felicidad? Quizás el bienestar de todos podría aumentar si cada vez que nos meten la mano al bolsillo ellos pusieran otro tanto. Por cada voto a favor de un nuevo gasto público podrían colocar el 10 por ciento de sus ingresos, es decir, del sueldo que les pagamos todos. No. Es una idea perversa, porque conduciría a que perdieran su generosidad y las leyes de la felicidad desaparecerían.
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.
¿Cómo no se nos ocurrió antes? Hemos perdido nuestra vida tratando de ser campeones de algo. Esfuerzos, dinero, competencias y eternas discusiones para nada. Bueno, llegó por fin la alegría, y ahora, al amparo de la nueva ley, usted sólo tiene que elegir en qué quiere que Chile sea campeón mundial. Nos va a costar, como siempre, unos pesos, de esos que el Estado nos saca a la fuerza, pero bien vale la pena. Algunos dinerillos se deslizarán a bolsillos incorrectos, según indica la tradición. Pero no es para tanto, a cambio de la enorme satisfacción de ser los primeros en todo.
También vamos a ser los más cultos del mundo y ya se anuncia una legislación para ello. Seguramente nos sacarán otros pesitos, pero, como dicen los economistas, no hay almuerzos gratis. Hay que pagarles a algunos intelectuales y artistas para que nos hagan cultos, así como lo han hecho el Fondart y el Ministerio de Educación. Ahora sí. Es definitivo. La ley nos ordenará ser cultos. Seremos campeones cultos. Y esto lo vamos a hacer cantando alegremente, con la ley que se anuncia de fomento de la música chilena. Y mientras cantamos, vamos a leer al amparo de la norma que incentiva el libro y la lectura. ¿Por qué se queja cierta gente?
De puro llena: campeones, cultos, cantando y leyendo como nadie en el mundo. Los monumentos nacionales y los santuarios de la naturaleza ya están protegidos para que los pobres puedan, por fin, admirarlos.
En realidad, falta una ley: la de la felicidad. Ella podría ordenarnos sonreír hasta cuando estemos en cama, aspecto no cubierto por la normativa previa. Bueno, los legisladores no son perfectos. A propósito, ¿cuánta plata ponen ellos de su ingreso para financiar la felicidad? Quizás el bienestar de todos podría aumentar si cada vez que nos meten la mano al bolsillo ellos pusieran otro tanto. Por cada voto a favor de un nuevo gasto público podrían colocar el 10 por ciento de sus ingresos, es decir, del sueldo que les pagamos todos. No. Es una idea perversa, porque conduciría a que perdieran su generosidad y las leyes de la felicidad desaparecerían.
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.