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Por Kalambaca


Suena extraño el nombre. No. No queda en Africa. Queda en Grecia. Nombre que ha quedado en mi mente como recuerdo de la peregrinación ecuménica en la que participé y felizmente culminada del 15 de mayo al 1 de junio a Tierra Santa, encabezada por el Reverendo Néstor Jaén y de quien esperábamos una reseña escrita más autorizada y quien por motivos de salud aún se encuentra en Madrid, España y no lo ha podido llevar a cabo. Presentaré mi versión.
Dije felizmente, pues fuera de lo que tiene que suceder en un viaje de adultos en grupo, todo resultó bien, más aún, diría yo, excelente. Eramos 47 peregrinos oriundos, gente cronológicamente madura, de Panamá que en este Año Jubilar nos sumamos a esa multitud de peregrinos de todo rincón de creyentes del mundo íbamos a desfilar por esos parajes que otrora fueron el escenario donde también peregrinó encarnado, predicó, hizo milagros y nos redimió el Hijo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo y muchos que giraron en torno a El.
Nada de descubrir el agua tibia ni la Avenida Central. En Panamá, fuera de varios expertos en Tierra Santa por sus múltiples viajes, quien más quién menos ya ha recorrido estos santos lugares. Los venerados parajes siguen ahí. Siguen las peregrinaciones desde Uganda, Polonia, Corea del Sur, de Méjico, de Venezuela y de China. Este año con más razón. Tiberias, Nazareth, Caná, Ein Karem, Tabor, Monte Carmelo, Capernaum, Jordán, Belén, Mar Muerto, Qumram, Betania, Jerusalén, Monte de los Olivos, Muro de los Lamentos, Getsemani, Cenáculo, Dormición de María, Pedro in Gallicantu, Cúpula de la Roca, Mezquita el Aqsa, el Centro religioso de los Bahálas, Iglesia de Santa Ana, Convento de la Flagelación, la Vía Dolorosa, Basília de la Resurrección, Santo Sepulcro, Calvario. La experiencia es intransferible. Hay que incluirla en planes de futuro.
Todo esto se hace, parte en autobús, parte a pie, en barco surcando el Tiberiades, en taxis hacia El Carmelo. Una peregrinación enmarcada en las reflexiones bíblicas alusivas a los espacios visitados. Tierra, polvo, vendedores agresivos: "two dollars, ten dollars, one dollar", tiendas, comercio y el afán compulsivo de comprar. Lo que se espera en estos sitios. La gran acogida de los Padres Franciscanos. Una guía oriundo de México, pero con preparación seminaristica, a gusto de muchos. Liturgia alternadas por los 4 sacerdotes que viajábamos por primera vez. Los efectos espirituales surgirán con el tiempo. Nada de milagros ni conversiones espectaculares.
Posteriormente, el tramo de más impacto. La proverbial, histórica y mitológica Grecia. Lo clásico y lo religioso. Gracias a los arreglos desde Panamá entre el Padre Fotis de la Iglesia Ortodoxa y el P. Jaén del Comité Ecuménico, mejor no nos pudo ir. En todos ha quedado un imperecedero agradecimiento a los monjes y monjas ortodoxos por su comedimiento y atenciones. Gracias a ellos conocimos en Kalambaca, el conjunto de monasterios... Increíble. Las raíces del cristianismo helénico con sus santos y teólogos. Nunca pensé que estaría en Tebas y en los vestigios del templo del Oráculo de Delfos que tanto tiene que ver con la tragedia de Sófocles, Edipo Rey.
Integrados en la gran multitud congregada en la gran plaza de San Pedro en medio de delegaciones de distingos puntos del globo y gracias a Peter Angulo, vice rector del Pío Latino de Roma, escuchamos devotamente los pronunciamientos papales en medio de la euforia colectiva típica de esas reuniones. Concluyendo de esta manera la peregrinación devota ecuménica e ilustrada y enriquecida por tan valiosas experiencias en el Medio Oriente.
Pensamos que ante tales muestras de fe y de lealtad a la fe cristiana en este Año Santo, ya pueden proliferar los agoreros extraños a las enseñanzas de la iglesia católica, que si en algunos sitios famosos donde un tiempo el Catolicismo fue baluarte y hoy se encuentra disminuido en otras partes del mundo, la fe católica ha ido calando y se esfuerza por ratificar sus lazos con el resto del mundo creyente como lo demuestran tantas peregrinaciones de tan distintos lugares con quienes tuvimos la dicha de encontrarnos. "Cielos y tierras pasarán, pero mis palabras no pasarán". Ni el tiempo ni las guerras ni las conjuras internacionales por excluir la presencia de la iglesia con su opinión en temas que miran al bien de la Humanidad, como es el tema de la vida humana, podrán borrar lo escrito en los corazones.
Nuestra peregrinación no careció del buen humor. Con nosotros viajó la pareja de los esposos Luis y Sol Paniza, Eran como los abuelos del grupo. Cuenta la señora Sol: Hace algunos años fue a visitar a una señora amiga llamada Luz. Sol fue a la recordada Sedería La Luna a hacer la diligencia y viendo que no encontraba lo que buscaba hizo esta llamada por teléfono: Oiga Luz, aquí le llama Sol desde la Luna... y su interlocutora rompió a reírse, contestándole: Mire bien, Sol, lo que está diciendo... Y para no dejar atrás a Don Lucho, le dijeron que él no podría poner nunca un hotel porque si lo pusiera sería un "hotelucho".
Efectivamente, el señor nos concedió la bella oportunidad de seguir las huellas que hacía poco había dejado el Sumo Pontífice en su viaje a Tierra Santa. Como él, el grupo de peregrinos mentalmente al ver aquellos rincones, vimos "a Jesús nacer, salir de las aguas... ser bautizados por Juan el Bautista. Lo vimos pasar hacia la ciudad Santa, donde moriría y resurgiría de nuevo y en donde le devolvería la vista a los ciegos... " Fue una bendición de Dios.

101 años de Panamá América

 
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