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Por la razón o la fuerza


Aterricé en el aeropuerto internacional de Santiago de Chile por primera vez hará ya 33 años. Llevaba puesta una camiseta del Che, pantalones y abrigo de vaquero. En mi maleta, cuatro cartones de cigarrillos y tres libras de sueños escondidos entre las solapas de mis pocas pertenencias. Acababa de terminar mis estudios secundarios y me atraía la carrera marina. No tanto por el romanticismo que ronda la mar, sino por las infinitas posibilidades de conocer lo desconocido.
Era una oportunidad de salir del mundo conocido e imaginar que era un descubridor de una tierra que solo existía en mis fantasías juveniles. La guerra fría estaba entonces en su apogeo y aunque muchos hoy en día la hayan olvidado, fue una guerra devastadora a nivel mundial. Nadie escapó de ella y Latinoamérica fue quizás su segundo frente de batalla. Sus secuelas todavía nos pesan. Izquierda contra derecha, capitalismo contra comunismo, padre contra hijo, el Estado contra sus ciudadanos.
El mundo estalló en una guerra diferente, una guerra no ubicada en el campo de batalla. Una guerra donde los perdedores eran arrojados vivos desde los helicópteros (¿el padre Héctor Gallego rings a bell?) y la mentira de un comunismo perfecto infundía aliento en los idealistas. Por desgracia, mientras en Siberia millones se congelaban el alma soñando con un cambio que llegó demasiado tarde para ellos, otro mundo soñaba -yo incluido- que el comunismo sería la solución a nuestros pecados.
Panamá no fue ajena a esta guerra. Marco Robles, el Canal, los universitarios, Torrijos, Noriega, tiradores de piedra y lanzadores de sueños se confundieron en la vorágine que incendió al mundo. Panamá no ha podido recuperarse de esta tragedia. Aún pensamos en términos de izquierda y derecha, no en términos de estadistas y Estado. Aún pensamos en ideas partidistas en vez de soñar con el bienestar colectivo, donde lo importante es el pueblo y la libertad de cada individuo, no los gobernantes de turno.
Poco después de desembarcar en Chile, leí el lema de su escudo: "Por la razón o la fuerza". No entraré a analizar esta frase, sino a sonreír por el triunfo de la democracia chilena. Todo un ejercicio de altura. Un ejemplo de lo que es capaz una nación cuando quiere cambiar, cuando desea caminar hacia ese maravilloso concepto llamado democracia. La cónsul de Chile en Panamá, Pilar Bigas, me comentaba que hasta la oposición estaba contenta con el triunfo de la doctora Michelle Bachelet. Estoy seguro, y daría en apuesta una quincena, a que esta mujer como presidente no se comprará joyas con los impuestos del pueblo chileno, ni permitirá que sus amigos se vuelvan millonarios y terratenientes (¿Norberto Delgado rings a bell?) durante sus estadía en el poder, prácticas sistemáticas de presidentes panameños de cualquier sexo.
En Panamá hasta los barrenderos tiemblan cuando se aproximan las elecciones, mientras que en Chile la democracia ha hecho que su país avance hacia un mejor futuro. El presidente Ricardo Lagos se retira de la presidencia sin pretensiones de reelegirse, sin haberse pasado la mayoría de su tiempo cortando cintas y con un cómodo 75% de aprobación popular. Admirable. Increíble. Repito, increíble.
Al entrar a la Aduana de Chile mi camiseta causó revuelo, los carabineros me miraron como terrorista, los jóvenes me sonreían solidarios y por un segundo, la línea de migración se detuvo. Hoy entiendo que no importa si eres de derecha o de izquierda. En Chile el gobierno es de centro izquierda y camina bien, en Suecia el gobierno es más socialista y camina mejor. En Estados Unidos y en Australia los gobiernos actuales son más capitalistas y las cosas funcionan bien. Las ideas van acompañadas de eficiencia y, sobre todo, de voluntad democrática, no demagogia. (¿"Cero corrupción" rings a bell?)
Hoy en Chile las ideas políticas caminan paralelas a la realidad. Lo demuestra el ascendente bienestar económico y social de su pueblo. Chile está mejor hoy, no porque la izquierda sea mejor que la derecha o viceversa, sino porque su democracia ha sido fortalecida a toda costa.
Me gustaría robarme el emblema del escudo chileno para que así podamos decir: "Democracia en Panamá, por la razón o la fuerza".

101 años de Panamá América

 
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