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Por la superación de la Asamblea Nacional


En diversas ocasiones hemos tocado el tema de la Asamblea Nacional para destacar su importancia en la vida de la nación como órgano para el desarrollo de la democracia y como instrumento para legislar en función de los diferentes problemas que agobian la comunidad panameña. Sin embargo, en los últimos años, y sobre todo en la administración perredista, su imagen y prestigio han sufrido un deterioro, porque quienes llegan a su seno, en calidad de diputados, en su mayoría no son los mejores y están atados a intereses patidistas que no le permiten trabajar por el circuito que los eligió.

Esos mismos diputados y de otros partidos políticos que están llegando al final de su gestión, sin pena ni gloria han intentado cobrar dos meses de salarios sin trabajarlos como si los fondos de las arcas nacionales fueran un patrimonio de unos cuantos; han demostrado una vez más que su permanencia en el seno legislativo ha sido sólo para fortalecer su poder económico y político sin tomar en cuenta a un pueblo que está agobiado por el hambre y las necesidades.

Muy pronto se iniciará una nueva administración que ha predicado cambios radicales en todos los aspectos del país. Es un momento propicio para que la Asamblea de diputados, conformada por un número mayor de elemento joven, mejore su imagen, porque se encuentra muy desacreditada y cuestionada por sus desaciertos.

El tema de los privilegios a los diputados ha recorrido toda la nación y siempre ha encontrado la voz de protesta y de crítica, porque son inmerecidos. Ya es tiempo que al llegar sabia nueva a esta institución con el vergonzoso pasado de un CEMIS y de otros casos importantes para la vida democrática del país, se dispongan a elaborar programas de trabajo bien concebidos que colaboren con el nuevo gobierno a enrumbar la nación por caminos de progreso y desarrollo; a impulsar el fortalecimiento de los valores éticos y morales, y que, desde su curul, sean ejemplo de honestidad, trabajo, responsabilidad y capacidad intelectual.

El país necesita de una Asamblea en donde sus diputados se dispongan con conciencia de sus responsabilidades, a poner muy en alto el prestigio de tan importante institución a través del trabajo permanente por la democracia, la libertad y la justicia social. Lograr que la justicia sea una realidad indiscutible; que la impunidad y mora judicial desaparezcan del escenario nacional; que el lema: “Servir a la Patria y no servirse de ella”, sea el camino que conduzca a esta entidad a su verdadera superación.

101 años de Panamá América

 
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