Por la Vida y Salud de Panamá
En varias ocasiones hemos señalado nuestra preocupación por el cumplimiento moral y legal de descontaminar todas las áreas en que los militares norteños han dejado desechos nocivos, biológicos, químicos y de municiones, en nuestro territorio. Hemos alertado que no se trata sólo de la antigua zona del Canal sino también de regiones como las Islas Iguana y San José que presentan riesgos para la salud y la vida de todos los que residimos en el país.
Asimismo, puntualizamos que durante la Segunda Guerra Mundial EU utilizó más de un centenar de sitios con propósitos militares.
Por lo tanto, estamos vigilantes para que cumpla a cabalidad con el deber moral de descontaminar, totalmente si es posible, todas las áreas del caso. Esto debe incluir el compromiso por escrito de la obligación que tiene EU a este respecto, sin excluir la indemnización que sea aplicable si dentro, de 10, 30 ó 50 años ocurriera un accidente o una muerte causada por alguno de estos desechos que yacen en nuestro subsuelo.
Especificamos, también, que creemos en el sentido de justicia del pueblo norteamericano, el cual no siempre es respetado por su gobierno. Nos sentimos complacidos porque 75 grupos de EU le enviaron una nota al presidente Clinton para que cumpla con la descontaminación de las bases militares (El Panamá América, 5/2/99, Contra - Portada). Es justo reconocer y agradecemos que prominentes ciudadanos norteños hayan firmado la mencionada nota.
El deber e interés que debemos tener los panameños en este caso es todavía superior que el de EU y sus ciudadanos. Sin ánimo de mortificar a nadie, debemos expresar sin ambages que sentimos gran incomodidad porque nos parece que nuestros gobiernos no han sido lo suficientemente categóricos y contundentes al exigir las reparaciones indispensables en este tema de la descontaminación.
Si respetados ciudadanos norteños han tenido la entereza, el sentido de justicia, para demandar acción por parte de su gobierno, con mucha mayor razón debemos nosotros hacerlo. Con demasiada frecuencia nuestros gobernantes se comportan de manera sumisa, tímida y hasta única superpotencia mundial.
Mucho se habla acerca de replantear nuestras relaciones con EU con motivo de la salida de todos sus militares de nuestro suelo y del traspaso a Panamá del control de su canal. Opinamos que esto hará que EU se interese mucho menos en Panamá en el futuro previsible, a menos que surja una situación que le permita seguir influyendo directamente en la administración del canal o mantener por más tiempo a sus militares en Panamá. La redefinición de nuestros tratos con EU se deberá basar, hoy como siempre, en una postura inclaudicable de dignidad y de protección de los intereses nacionales, cueste lo que cueste. Así debió haber sido y será siempre. No hay términos medios a este respecto.
Nos toca a todos los panameños, particularmente al presente gobierno y al que deberá tomar posesión en septiembre, adoptar la postura digna y vigilante, sin tapujos ni medias tintas, en todo lo que concierne a nuestras nuevas relaciones con el coloso. Nos parece que los tiempos del "Panamá cede" debieron haberse terminado por lo menos el 9 de enero de 1964. Panamá es inmortal.
Asimismo, puntualizamos que durante la Segunda Guerra Mundial EU utilizó más de un centenar de sitios con propósitos militares.
Por lo tanto, estamos vigilantes para que cumpla a cabalidad con el deber moral de descontaminar, totalmente si es posible, todas las áreas del caso. Esto debe incluir el compromiso por escrito de la obligación que tiene EU a este respecto, sin excluir la indemnización que sea aplicable si dentro, de 10, 30 ó 50 años ocurriera un accidente o una muerte causada por alguno de estos desechos que yacen en nuestro subsuelo.
Especificamos, también, que creemos en el sentido de justicia del pueblo norteamericano, el cual no siempre es respetado por su gobierno. Nos sentimos complacidos porque 75 grupos de EU le enviaron una nota al presidente Clinton para que cumpla con la descontaminación de las bases militares (El Panamá América, 5/2/99, Contra - Portada). Es justo reconocer y agradecemos que prominentes ciudadanos norteños hayan firmado la mencionada nota.
El deber e interés que debemos tener los panameños en este caso es todavía superior que el de EU y sus ciudadanos. Sin ánimo de mortificar a nadie, debemos expresar sin ambages que sentimos gran incomodidad porque nos parece que nuestros gobiernos no han sido lo suficientemente categóricos y contundentes al exigir las reparaciones indispensables en este tema de la descontaminación.
Si respetados ciudadanos norteños han tenido la entereza, el sentido de justicia, para demandar acción por parte de su gobierno, con mucha mayor razón debemos nosotros hacerlo. Con demasiada frecuencia nuestros gobernantes se comportan de manera sumisa, tímida y hasta única superpotencia mundial.
Mucho se habla acerca de replantear nuestras relaciones con EU con motivo de la salida de todos sus militares de nuestro suelo y del traspaso a Panamá del control de su canal. Opinamos que esto hará que EU se interese mucho menos en Panamá en el futuro previsible, a menos que surja una situación que le permita seguir influyendo directamente en la administración del canal o mantener por más tiempo a sus militares en Panamá. La redefinición de nuestros tratos con EU se deberá basar, hoy como siempre, en una postura inclaudicable de dignidad y de protección de los intereses nacionales, cueste lo que cueste. Así debió haber sido y será siempre. No hay términos medios a este respecto.
Nos toca a todos los panameños, particularmente al presente gobierno y al que deberá tomar posesión en septiembre, adoptar la postura digna y vigilante, sin tapujos ni medias tintas, en todo lo que concierne a nuestras nuevas relaciones con el coloso. Nos parece que los tiempos del "Panamá cede" debieron haberse terminado por lo menos el 9 de enero de 1964. Panamá es inmortal.