Por los caminos de Argentina
Los acontecimientos en Argentina se precipitan, sin dejar tiempo al respiro. En lo que va de este año han aflorado, de golpe, los incontables nombres de políticos corruptos e ineptos de décadas, los burócratas sindicales con proclividades gansteriles, la multitud de empresarios inútiles, la atiborrante cantidad de altos funcionarios del Ejecutivo, Legislativo y Judicial, buenos para nada. Hasta aquí, nada es muy distinto a lo que encontramos en casi todos los países de nuestra América, solo que en algunos aún no afloran... del todo. El hecho es que en Argentina se viven momentos muy humillantes, que nos llevan a preguntarnos conjuntamente con muchísimos argentinos y no argentinos": ¿Cómo terminará reaccionando la Argentina, un país tradicionalmente célebre por la altanería de sus habitantes, ante una serie de humillaciones penosas que está experimentando?
La ira popular que crece día a día en el hermano país, ha ido recorriendo diferentes caminos y sitios de protestas: ante la Casa Rosada, ante la Corte Suprema, ante el Parlamento, ante los bancos, ante figuras de gobiernos recién pasados. De una primera fase de resignación que llevaba a la gente a autoinculparse, para luego culpar a "los políticos" y a plantear la necesidad de "echarlos a todos", me decía un buen amigo argentino: "ahora estamos pensando a ver cómo nos reencontramos con nosotros mismos y, a lo mejor, decidamos irnos nosotros..." . Para acto seguido insistir en la idea que "para los atrapados en las ruinas de lo que había sido una economía presuntamente viable, además, claro está de muchos políticos y militantes, la voluntad de "luchar" contra el mundo tal y como es se hará cada vez más fuerte. No extrañaría en absoluto que sus embestidas provocaran una ruptura con el Fondo Monetario Internacional y la caída de Eduardo Duhalde, un dirigente pasivo, conservador y tan vacilante como De la Rua".La insólita lentitud presidencial para poner en marcha un plan social ha despertado serios y profundos comentarios en las reacciones entre los propios analistas argentinos. Y no es para menos.
Muchos de ellos nos dicen que la Argentina es un país sin diálogo y con una gran inoperancia política: "Si la dirigencia política no reacciona en el sentido de dar un paso al costado, tendremos que ir hacia métodos más audaces al estilo de lo que sucedió en Italia luego del proceso de "mani pulite", en donde no sólo cambiaron los nombres de los partidos políticos sino también el de los políticos. Si no hay un cambio profundo en este sentido, en la Argentina existe el riesgo de que la sociedad eche mano a cualquier alternativa enloquecida y peligrosa, aunque electoral, porque no creo que haya margen para una opción militar". Estos comentarios de parte de Jaoquín Morales Solá, definitivamente dicen mucho.
Pero es que no termina allí, porque añade algo que no puedo privarme de transcribir, por lo crudo, por real, cuando se le pregunta por la razón de fondo del fracaso de la dirigencia política partidaria en Argentina. Su respuesta es categórica: "Creo que fallaron muchas cosas. Es una dirigencia política que ha sido muy frívola, algunas veces en sus actos y otras, intelectualmente. Creo que han puesto demasiado el acento en el acceso al poder o en las internas partidarias, sin tener en cuenta dos aspectos: primero, que la Argentina necesita un Estado que hoy ya no existe, y que a partir de ahí se pueden dirimir las disputas partidarias.
No pueden estar los intereses partidarios primero que el Estado porque la consecuencia es tener, como tenemos hoy, un Estado que es una mampostería de plástico que se cae a pedazos. Y lo segundo, es la necesidad que tiene la Argentina, sea quien fuere la alianza que se defina, de insertarse en el mundo. No puede ser que pasemos de bandearnos hacia los Estados Unidos a bandearnos hacia Brasil. Pensemos en la necesidad de una tercera alternativa, en una alianza muy firme con el mundo occidental, pero sin la necesidad de ser un país satélite de los Estados Unidos o del Brasil.
Tenemos que terminar con la corporación política actual que piensa en el país en términos antiguos. El mundo cambió, el país también, no pueden ignorar esta situación".
La situación Argentina nos brinda ya muchísimas lecciones a quienes estamos dispuestos a aprender. Para quienes encuentran más cómodo hundir la cabeza en la arena, en su clásico papel de avestruces políticas, no podemos menos que recordarles cuánto les conviene mirarse en el espejo de los "dirigentes" argentinos, pues aún están a tiempo. Los caminos de Argentina hoy, serán los caminos de Panamá mañana, en condiciones mucho más bochornosas, humillantes, indignantes y socialmente costosas. La nueva realidad del mundo que vivimos no continuará esperando el cambio por mucho tiempo. Se encargará de acelerarlo y no creo que esté dispuesta a seguir esperándolos, mientras se autocomplacen en su desalmada actitud de regordearse en la impunidad de su corrupción.
(mabernal@sinfo.net)
La ira popular que crece día a día en el hermano país, ha ido recorriendo diferentes caminos y sitios de protestas: ante la Casa Rosada, ante la Corte Suprema, ante el Parlamento, ante los bancos, ante figuras de gobiernos recién pasados. De una primera fase de resignación que llevaba a la gente a autoinculparse, para luego culpar a "los políticos" y a plantear la necesidad de "echarlos a todos", me decía un buen amigo argentino: "ahora estamos pensando a ver cómo nos reencontramos con nosotros mismos y, a lo mejor, decidamos irnos nosotros..." . Para acto seguido insistir en la idea que "para los atrapados en las ruinas de lo que había sido una economía presuntamente viable, además, claro está de muchos políticos y militantes, la voluntad de "luchar" contra el mundo tal y como es se hará cada vez más fuerte. No extrañaría en absoluto que sus embestidas provocaran una ruptura con el Fondo Monetario Internacional y la caída de Eduardo Duhalde, un dirigente pasivo, conservador y tan vacilante como De la Rua".La insólita lentitud presidencial para poner en marcha un plan social ha despertado serios y profundos comentarios en las reacciones entre los propios analistas argentinos. Y no es para menos.
Muchos de ellos nos dicen que la Argentina es un país sin diálogo y con una gran inoperancia política: "Si la dirigencia política no reacciona en el sentido de dar un paso al costado, tendremos que ir hacia métodos más audaces al estilo de lo que sucedió en Italia luego del proceso de "mani pulite", en donde no sólo cambiaron los nombres de los partidos políticos sino también el de los políticos. Si no hay un cambio profundo en este sentido, en la Argentina existe el riesgo de que la sociedad eche mano a cualquier alternativa enloquecida y peligrosa, aunque electoral, porque no creo que haya margen para una opción militar". Estos comentarios de parte de Jaoquín Morales Solá, definitivamente dicen mucho.
Pero es que no termina allí, porque añade algo que no puedo privarme de transcribir, por lo crudo, por real, cuando se le pregunta por la razón de fondo del fracaso de la dirigencia política partidaria en Argentina. Su respuesta es categórica: "Creo que fallaron muchas cosas. Es una dirigencia política que ha sido muy frívola, algunas veces en sus actos y otras, intelectualmente. Creo que han puesto demasiado el acento en el acceso al poder o en las internas partidarias, sin tener en cuenta dos aspectos: primero, que la Argentina necesita un Estado que hoy ya no existe, y que a partir de ahí se pueden dirimir las disputas partidarias.
No pueden estar los intereses partidarios primero que el Estado porque la consecuencia es tener, como tenemos hoy, un Estado que es una mampostería de plástico que se cae a pedazos. Y lo segundo, es la necesidad que tiene la Argentina, sea quien fuere la alianza que se defina, de insertarse en el mundo. No puede ser que pasemos de bandearnos hacia los Estados Unidos a bandearnos hacia Brasil. Pensemos en la necesidad de una tercera alternativa, en una alianza muy firme con el mundo occidental, pero sin la necesidad de ser un país satélite de los Estados Unidos o del Brasil.
Tenemos que terminar con la corporación política actual que piensa en el país en términos antiguos. El mundo cambió, el país también, no pueden ignorar esta situación".
La situación Argentina nos brinda ya muchísimas lecciones a quienes estamos dispuestos a aprender. Para quienes encuentran más cómodo hundir la cabeza en la arena, en su clásico papel de avestruces políticas, no podemos menos que recordarles cuánto les conviene mirarse en el espejo de los "dirigentes" argentinos, pues aún están a tiempo. Los caminos de Argentina hoy, serán los caminos de Panamá mañana, en condiciones mucho más bochornosas, humillantes, indignantes y socialmente costosas. La nueva realidad del mundo que vivimos no continuará esperando el cambio por mucho tiempo. Se encargará de acelerarlo y no creo que esté dispuesta a seguir esperándolos, mientras se autocomplacen en su desalmada actitud de regordearse en la impunidad de su corrupción.
(mabernal@sinfo.net)