Por los niños
¡Los niños nacieron para ser felices! cantaba el bardo cubano, y nadie que tuviese un ápice de sensibilidad osaría restarle valor a este postulado que ha adquirido categoría universal. ¿Pero, cómo pueden ser felices los niños en un mundo "ancho y ajeno" como el que nos rodea? Globalizado negativamente. Globalizado para repartir la pobreza, ampliar las grandes desigualdades sociales; la brecha entre ricos y pobres, pero sobre todo entre riquísimos y pobrísimos. Nunca como en esta era, la pobreza ha excluido a masas tan extensas de personas y es que "la historia de la humanidad es cada vez más una historia de desigualdades" (Arias Robles Marta) desigualdades que fomentan que aproximadamente mil millones de personas vivan adecuadamente, mientras cinco mil millones viven en condiciones desventajosas y ello porque "la exigencia del cobro de la deuda externa para muchos países, implica la aplicación de un conjunto de medidas económicas que llevan a las privatizaciones y, en consecuencia, al aumento de la pobreza y la exclusión para millones de personas". ( Grup D Enseyants Per A Un Món Solidari-Intermon)
El mundo actual se polariza entre ricos y pobres. "Aproximadamente 1,300 millones de personas sobreviven con menos de un dólar diario y 25, 000 niños mueren todos los días a causas de enfermedades infecciosas relacionadas con la pobreza". No hay matices entre la riqueza y la pobreza, sólo que para efectos tranquilizadores hemos adoptados criterios de gradualidad para clasificar la pobreza. Así tenemos conceptos como pobreza, pobreza general, pobreza total, pobreza extrema. Como si con ser pobre no bastara para sufrir la exclusión social, económica y política.
Panamá no escapa a esta situación de pobreza y desigualdad; de hecho es uno de la región con la menor distribución de la riqueza. Es perversa la proporción que, en esa tesitura, encontramos en nuestra economía lo que representa una concentración de la riqueza en pocas manos y una abundancia de necesidades en las grandes mayorías. Según cifras oficiales, cuatro de cada 10 personas vive en pobreza total, el 37.2 % de la población panameña y un 16.7% en la denominada pobreza extrema, es decir, 511,800 panameños. En las áreas rurales y urbanas la pobreza total y extrema son menores (qué consuelo), mientras que en las áreas rurales , poco más de la mitad de sus habitantes (54.2) son pobres y una de cada cinco personas viven en pobreza extrema. En las áreas indígenas casi la totalidad de la población (98%) es pobre y de esta el 89.7% sufre pobreza extrema (Web de la Contraloría de Panamá).
Si la pobreza (que desde nuestra perspectiva es mayor que la reconocida oficialmente) castiga severamente a nuestra sociedad, principalmente a la familia panameña y dentro de ésta a los más vulnerables: losa niños, podríamos inferir que vistas las estadísticas por ser las familias indígenas las más afectadas la pobreza, afecta principalmente a los niños en especial a los niños indígenas. De hecho que hablen las cifras: en Panamá el 6.8% de lo menores de cinco años, sufre de desnutrición y la desnutrición es hambre de alimento, pero también hambre de amor. Porque para el niño hay una asociación implícita entre ser alimentado y ser amado. De lo contrario, esta sociedad que desea ser inclusiva, lo está excluyendo de su derecho a la vida, primero de los derechos humanos fundamentales reconocidos universalmente.
Hoy se realiza la campaña anual LOS NIÑOS PRIMERO que demanda nuestra contribución en concepto de alimentos seco. Que se imponga la solidaridad y la colaboración, "ya que el estado nutricional de un niño es un factor determinante de su capacidad de aprendizaje". ¡Hagámoslo por los niños!
El mundo actual se polariza entre ricos y pobres. "Aproximadamente 1,300 millones de personas sobreviven con menos de un dólar diario y 25, 000 niños mueren todos los días a causas de enfermedades infecciosas relacionadas con la pobreza". No hay matices entre la riqueza y la pobreza, sólo que para efectos tranquilizadores hemos adoptados criterios de gradualidad para clasificar la pobreza. Así tenemos conceptos como pobreza, pobreza general, pobreza total, pobreza extrema. Como si con ser pobre no bastara para sufrir la exclusión social, económica y política.
Panamá no escapa a esta situación de pobreza y desigualdad; de hecho es uno de la región con la menor distribución de la riqueza. Es perversa la proporción que, en esa tesitura, encontramos en nuestra economía lo que representa una concentración de la riqueza en pocas manos y una abundancia de necesidades en las grandes mayorías. Según cifras oficiales, cuatro de cada 10 personas vive en pobreza total, el 37.2 % de la población panameña y un 16.7% en la denominada pobreza extrema, es decir, 511,800 panameños. En las áreas rurales y urbanas la pobreza total y extrema son menores (qué consuelo), mientras que en las áreas rurales , poco más de la mitad de sus habitantes (54.2) son pobres y una de cada cinco personas viven en pobreza extrema. En las áreas indígenas casi la totalidad de la población (98%) es pobre y de esta el 89.7% sufre pobreza extrema (Web de la Contraloría de Panamá).
Si la pobreza (que desde nuestra perspectiva es mayor que la reconocida oficialmente) castiga severamente a nuestra sociedad, principalmente a la familia panameña y dentro de ésta a los más vulnerables: losa niños, podríamos inferir que vistas las estadísticas por ser las familias indígenas las más afectadas la pobreza, afecta principalmente a los niños en especial a los niños indígenas. De hecho que hablen las cifras: en Panamá el 6.8% de lo menores de cinco años, sufre de desnutrición y la desnutrición es hambre de alimento, pero también hambre de amor. Porque para el niño hay una asociación implícita entre ser alimentado y ser amado. De lo contrario, esta sociedad que desea ser inclusiva, lo está excluyendo de su derecho a la vida, primero de los derechos humanos fundamentales reconocidos universalmente.
Hoy se realiza la campaña anual LOS NIÑOS PRIMERO que demanda nuestra contribución en concepto de alimentos seco. Que se imponga la solidaridad y la colaboración, "ya que el estado nutricional de un niño es un factor determinante de su capacidad de aprendizaje". ¡Hagámoslo por los niños!