Por nuestros niños: un alto en el camino
Cuando circunscribimos nuestros actos al cotidiano esfuerzo para cumplir con cometidos meramente sociales, dejándonos abstraer sólo por realidades concretas, muchas veces somos sorprendidos por la candidez sin horizontes que se asoma por la sonrisa de un niño... o de una niña. Con toda la experiencia que anida nuestro andar, particularmente en el ramo educativo, como que nos faltó descender hasta el maravilloso mundo infantil por el hecho que nuestra formación se orientó hacia el nivel secundario y superior. Pero como reza el refrán: "La vida nos da sorpresas" tan inesperadas y agradables a veces como amargas y desafortunadas otras, donde sólo logramos sobrevivir con la esperanza cifrada en Dios.
Aquéllos que como nosotros recibieron la bendición de un nieto, y ya sobrepasamos la época de los hijos pequeños, no podemos enmendar las ocasiones en que sacrificamos un momento de contemplación o plática con ellos, motivados tal vez por la preocupación que conlleva la responsabilidad de la búsqueda del sustento o del cumplimiento con el trabajo. Pero por fortuna, ahora que somos abuelos, nos resta darle gracias a Dios por el infinito placer que de ello se deriva. Los nietos son tan cándidos en nuestro regazos y tan inocentes en sus manifestaciones, que se nos hace larga la espera de sus visitas y sus travesuras.
Otra grata experiencia es la que ganamos al convivir con los niños y niñas del Parvulario San Antonio, Escuelita que la Junta Comunal de Betania se honra administrar como un nuevo Proyecto. La misma alberga a casi 80 niños, cuyas vocecitas y cantos colman de alegría a todo ese sector de Villa Cáceres. Cuánto admiramos a sus maestros por su celo, dedicación y paciencia, atendiendo a cada uno acorde a su nivel de Jardín, Prejardín, Maternal, además de la Guardería. Las continuas e inocentes manifestaciones de estos niños se constituyen en una réplica de aquella solícita recomendación del Buen Maestro; "Sed como niños"; y cuán duro se nos hace.
Ahora, nuevamente, el 30 de mayo pasado, fecha en que se inauguraron los Primeros Juegos Intercolegiales Deportivos en el Gimnasio Yuyín Luzcando, evento que bien podría llamarse también "Juegos Estudiantiles", ya que no sólo los colegios secundarios de Betania participan, sino también escuelas primarias y centros parvularios, la vida nos permitió experimentar a todos los presentes, tanto a autoridades deportivas, educativas, padres de familia y a educadores en general, un profundo regocijo, que nos transportó a nuestros años de infancia. El entusiasmo y la "seriedad" con que cada niño y niña jugaron, fue digno de aplausos, exclamaciones y admiración. Allí cada cual olvidó sus penas, compenetrados como estábamos en los movimientos de los "chiquitines" pretendiendo encestar la bola en un reñido encuentro de baloncesto; allí todos ganamos buena dosis de alegría, mientras se lograba el objetivo principal de la competencia; "que cada estudiante explayara su espíritu y su esfuerzo físico recreándose por medio del deporte". Cuando contemplamos en nuestro país los patéticos cuadros de niños forzados prematuramente al trabajo; y que consecuentemente no puedan ir a la escuela, se nos entristece el alma y somos más conscientes de la necesidad que se vaya amortiguando la pobreza en base al incremento del nivel de empleomanía. Otras veces, cuando contemplamos sus cuerpos vírgenes violentados por la lacra de padres o parientes que deambulan cerca de sus vidas acechándoles maliciosamente, abogamos porque les caiga todo el peso de la ley, mientras evocamos aquella sentencia de justicia social que emitiera el Redentor: "al que escandalice a uno de éstos, más le valdría amarrarse una roca y lanzarse a las aguas profundas".
Acogemos con beneplácito todas las acciones orientadas a mejorar la calidad de vida de nuestros niños, y que lleva adelante el Gobierno Nacional por medio del Ministerio de la Mujer, la Niñez, la Juventud y la Familia, considerando el compromiso que cada uno de los panameños adultos tenemos con la formación integral de los niños de hoy, -hombres del mañana-.
Aquéllos que como nosotros recibieron la bendición de un nieto, y ya sobrepasamos la época de los hijos pequeños, no podemos enmendar las ocasiones en que sacrificamos un momento de contemplación o plática con ellos, motivados tal vez por la preocupación que conlleva la responsabilidad de la búsqueda del sustento o del cumplimiento con el trabajo. Pero por fortuna, ahora que somos abuelos, nos resta darle gracias a Dios por el infinito placer que de ello se deriva. Los nietos son tan cándidos en nuestro regazos y tan inocentes en sus manifestaciones, que se nos hace larga la espera de sus visitas y sus travesuras.
Otra grata experiencia es la que ganamos al convivir con los niños y niñas del Parvulario San Antonio, Escuelita que la Junta Comunal de Betania se honra administrar como un nuevo Proyecto. La misma alberga a casi 80 niños, cuyas vocecitas y cantos colman de alegría a todo ese sector de Villa Cáceres. Cuánto admiramos a sus maestros por su celo, dedicación y paciencia, atendiendo a cada uno acorde a su nivel de Jardín, Prejardín, Maternal, además de la Guardería. Las continuas e inocentes manifestaciones de estos niños se constituyen en una réplica de aquella solícita recomendación del Buen Maestro; "Sed como niños"; y cuán duro se nos hace.
Ahora, nuevamente, el 30 de mayo pasado, fecha en que se inauguraron los Primeros Juegos Intercolegiales Deportivos en el Gimnasio Yuyín Luzcando, evento que bien podría llamarse también "Juegos Estudiantiles", ya que no sólo los colegios secundarios de Betania participan, sino también escuelas primarias y centros parvularios, la vida nos permitió experimentar a todos los presentes, tanto a autoridades deportivas, educativas, padres de familia y a educadores en general, un profundo regocijo, que nos transportó a nuestros años de infancia. El entusiasmo y la "seriedad" con que cada niño y niña jugaron, fue digno de aplausos, exclamaciones y admiración. Allí cada cual olvidó sus penas, compenetrados como estábamos en los movimientos de los "chiquitines" pretendiendo encestar la bola en un reñido encuentro de baloncesto; allí todos ganamos buena dosis de alegría, mientras se lograba el objetivo principal de la competencia; "que cada estudiante explayara su espíritu y su esfuerzo físico recreándose por medio del deporte". Cuando contemplamos en nuestro país los patéticos cuadros de niños forzados prematuramente al trabajo; y que consecuentemente no puedan ir a la escuela, se nos entristece el alma y somos más conscientes de la necesidad que se vaya amortiguando la pobreza en base al incremento del nivel de empleomanía. Otras veces, cuando contemplamos sus cuerpos vírgenes violentados por la lacra de padres o parientes que deambulan cerca de sus vidas acechándoles maliciosamente, abogamos porque les caiga todo el peso de la ley, mientras evocamos aquella sentencia de justicia social que emitiera el Redentor: "al que escandalice a uno de éstos, más le valdría amarrarse una roca y lanzarse a las aguas profundas".
Acogemos con beneplácito todas las acciones orientadas a mejorar la calidad de vida de nuestros niños, y que lleva adelante el Gobierno Nacional por medio del Ministerio de la Mujer, la Niñez, la Juventud y la Familia, considerando el compromiso que cada uno de los panameños adultos tenemos con la formación integral de los niños de hoy, -hombres del mañana-.