¿Por qué el miedo a Balbina?
En el ’62, al ingresar a la Democracia Cristiana, el rojo comunista era mundial. A nosotros nos tachaban de sandía: verdes por fuera y rojos por dentro. Los rojos recibían todo a cuenta gotas; venían de Cuba, recipientes de los "favores" de su Madre Patria, la Unión Soviética; sus líderes de vez en cuando hacían un viajecito a La Habana, a Moscú o a Praga: nomás que eso.
Los tiempos cambiaron; los militares prostituyeron a la mayoría de ellos; los de verdad sufrieron el exilio. En pleno siglo XXI hubo cambios e inversiones: los rojos lo son sólo por fuera; son verdes por dentro. Adoran el billete verde pálido; los Washington, Lincoln, Hamilton, Jackson, Grant; sobre todo, los Benjamín Franklin -los de 100- que sin control llegan de la Venezuela de Chávez.
El temor por esos nuevos rojos ha generado pánico entre muchos. Tenían terror a los Suntracs y a los cierra calle universitarios, ahora me dicen estratégicamente silenciados para no entorpecer alguna candidatura afín. Le temen a quien pudo estar vinculada a paramilitares cuando fue Alcaldesa de San Miguelito, o al servicio de los peores intereses de Noriega, o por el antiimperialismo yanqui que mostró cuando la arrastraron los policías al protestar cuando vino Bush.
Les preocupa que su jefe de campaña sea primo hermano del Presidente y su mentor un multimillonario abogado desde los tiempos del viejo Torrijos. Le temen a todo lo que pudo amasar durante el gobierno de Pérez Balladares. Caricaturizan a la ingeniera agrónoma como un recalcitrante marxista-leninista, sin darse cuenta de que Mao, Lenín y Marx yacen desde hace tiempo en el cementerio del olvido.
Al margen de su pasado, Balbina tiene derecho a aspirar a la Presidencia. ¿Qué político actual puede tirar la primera piedra? Ella es producto de la apertura social que impulsó Omar y que permitió que las clases medias y bajas tuvieran acceso al poder. Enhorabuena por Panamá: No sólo corrupción nos legó el torrijismo.
Lo mortificante para mí va mucho más allá: que sea aupada por esos pequeños pero poderosos grupos ajenos a cualquier ideología diferente que el dinero. Sumado al que la candidata, al igual que Martín, no pueda controlar su desmesurada ambición, es lo que debe llamar a la reflexión.
¿Hasta cuándo durará el país en manos de tantas insaciables sanguijuelas?
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