Por qué el periodismo es una necesidad
RICARDO Horvath, periodista y escritor, acaba de publicar "Revolución y periodismo", un ensayo sobre el rol de la prensa en los movimientos de cambio a lo largo de la historia argentina y latinoamericana. Una de las cosas que me llamó la atención es cuando dice que "el periodismo nació revolucionario, que nace con la Revolución Francesa de 1789 y que la única forma que se tenía para sacar a los señores feudales del poder e instaurar un nuevo poder era a través de la ideología y ésta debía estar en la punta del fusil y, que para tomar la Bastilla debían tomar el fusil, influyendo sobre la sociedad a través de la prensa, que aunque, perseguida por los reyes ellos insistieron y, comienza una competencia feroz, primero para liquidar a los periódicos de la reyesía o cortarles la cabeza a los reyes en la guillotina, y segundo para poder estar en el poder e imponer cada uno sus ideas de centro, de derecha o izquierda, que allí nacen".
Es indudable que ejercer el periodismo constituía en ese entonces una batalla, un enfrentamiento de un poder ante otro.
Otro caso interesante fue el desempeño de la prensa durante el caso Watergate, que reflejó lo mejor que el periodismo pudo ofrecer a la democracia: hacer que el poder rinda cuentas. Esta función se convirtió en una tendencia en las redacciones de los periódicos de Estados Unidos.
En los años siguientes, la profesión gozó de credibilidad y hubo un aumento notable en el número de estudiantes de periodismo. Ahora, casi tres décadas después, la situación ha cambiado. Los observadores afirman a menudo que la creciente concentración de la propiedad de los medios de información en pocas manos y el sensacionalismo en el reportaje de las noticias ha desestimado lo que requiere el periodismo de investigación. El hecho de que los artículos pueden tener como resultado juicios costosos pone nerviosas a las empresas propietarias de los medios de información cuando se trata de apoyar investigaciones. A pesar de estos factores, en la última década no ha habido escasez de artículos que revelan la corrupción, la injusticia y la mala administración del medio ambiente.
Quiero resaltar los planteamientos de Cristóbal Portales, periodista chileno que se acerca a lo de ahora y señala: "existe hoy entre periodistas y autoridades gubernamentales, una relación transaccional de dependencia mutua con cláusulas implícitas de qué informar y cómo informar, lo que inhibe, la verdad y libertad informativa de los medios y favorece el ejercicio de un mal periodismo. Desde la óptica del gobierno es difícil el propiciar una transparencia voluntaria de la información. Desde que los gobiernos buscan asegurar una ventaja competitiva a partir de sus comunicaciones políticas, como medio para difundir un determinado mensaje, sería entonces naive el esperar que el gobierno se limite a ser un mero proveedor de información neutral para ser procesada por periodistas profesionales. Desde la óptica del periodista entonces debería exigirse el cumplimento de su rol de comunicador social y delegado de la sociedad para informar debida y verazmente y, que la vía más acertada para profesionalizar la labor periodística, es hacerla independiente de las fuentes, evitar los amiguismos y secretismos y obligar a la autoridad a transparentar la información, profesionalizando las salas de prensa, vía la introducción de departamentos de estudio y seguimiento de políticas públicas".
La investigación propia y seria implica el acceso a múltiples fuentes que contrasten la información dada por la autoridad, la acreditación debida de esas fuentes, y la exigencia a la misma autoridad de entregar información de suyo pública. Esto, al final tendría un efecto inmediato en dar mayor credibilidad a la información publicada, a los medios que la publican, obliga en mayor medida a la autoridad a ser rigurosa y entregar la información a tiempo (contra peligro de denuncia pública del medio).
Es incomprensible el que no quiera aceptar que el periodismo constituye una fuerza. Si se vive en un clima de libertad amplio en nada debe afectar la autoridad que da el ejercicio diario del periodismo limpio, honesto e inteligente, ganando autoridad moral, el arma más poderosa con la cual se puede contar. Ejercer el periodismo implica una responsabilidad social que nunca debe ser alterada. En la actualidad, se sabe, quienes suelen inventar noticias sensacionalistas que siempre, aunque no se quiera admitir por algunos, causan daño, perjudican al medio, restándole credibilidad el motor principal de la fuerza del poder periodístico. Sin embargo, está aquel lector, a quien le encanta el sensacionalismo. Y eso, en nuestro país y en el mundo entero se vende. He aquí nuestra subordinación dependiente de sobresaltos, angustias, emociones, jaleos, confusiones y otros. Pareciera que sin el sensacionalismo no hay vida. Que la vida pende de un hilo apasionante y dramático.
Es claro y del dominio público que no siempre las relaciones entre los periodistas y los poderes económico y público han sido claras y transparentes. Si es así, no es justificable callar si deseamos combatir la corrupción. Un medio está obligado a publicar lo malo con claridad, a denunciar y señalar lacras, corrupciones e inmoralidades, y hay periodistas que lo hacen posible y se enfrentan a los poderosos quienes deciden y quienes actúan y cuyas actividades e ideas se observan y analizan.
La comunidad requiere de alguien que hable por ellos, explique sus problemas y exija sus derechos.
gemiliani@cableonda.net
Es indudable que ejercer el periodismo constituía en ese entonces una batalla, un enfrentamiento de un poder ante otro.
Otro caso interesante fue el desempeño de la prensa durante el caso Watergate, que reflejó lo mejor que el periodismo pudo ofrecer a la democracia: hacer que el poder rinda cuentas. Esta función se convirtió en una tendencia en las redacciones de los periódicos de Estados Unidos.
En los años siguientes, la profesión gozó de credibilidad y hubo un aumento notable en el número de estudiantes de periodismo. Ahora, casi tres décadas después, la situación ha cambiado. Los observadores afirman a menudo que la creciente concentración de la propiedad de los medios de información en pocas manos y el sensacionalismo en el reportaje de las noticias ha desestimado lo que requiere el periodismo de investigación. El hecho de que los artículos pueden tener como resultado juicios costosos pone nerviosas a las empresas propietarias de los medios de información cuando se trata de apoyar investigaciones. A pesar de estos factores, en la última década no ha habido escasez de artículos que revelan la corrupción, la injusticia y la mala administración del medio ambiente.
Quiero resaltar los planteamientos de Cristóbal Portales, periodista chileno que se acerca a lo de ahora y señala: "existe hoy entre periodistas y autoridades gubernamentales, una relación transaccional de dependencia mutua con cláusulas implícitas de qué informar y cómo informar, lo que inhibe, la verdad y libertad informativa de los medios y favorece el ejercicio de un mal periodismo. Desde la óptica del gobierno es difícil el propiciar una transparencia voluntaria de la información. Desde que los gobiernos buscan asegurar una ventaja competitiva a partir de sus comunicaciones políticas, como medio para difundir un determinado mensaje, sería entonces naive el esperar que el gobierno se limite a ser un mero proveedor de información neutral para ser procesada por periodistas profesionales. Desde la óptica del periodista entonces debería exigirse el cumplimento de su rol de comunicador social y delegado de la sociedad para informar debida y verazmente y, que la vía más acertada para profesionalizar la labor periodística, es hacerla independiente de las fuentes, evitar los amiguismos y secretismos y obligar a la autoridad a transparentar la información, profesionalizando las salas de prensa, vía la introducción de departamentos de estudio y seguimiento de políticas públicas".
La investigación propia y seria implica el acceso a múltiples fuentes que contrasten la información dada por la autoridad, la acreditación debida de esas fuentes, y la exigencia a la misma autoridad de entregar información de suyo pública. Esto, al final tendría un efecto inmediato en dar mayor credibilidad a la información publicada, a los medios que la publican, obliga en mayor medida a la autoridad a ser rigurosa y entregar la información a tiempo (contra peligro de denuncia pública del medio).
Es incomprensible el que no quiera aceptar que el periodismo constituye una fuerza. Si se vive en un clima de libertad amplio en nada debe afectar la autoridad que da el ejercicio diario del periodismo limpio, honesto e inteligente, ganando autoridad moral, el arma más poderosa con la cual se puede contar. Ejercer el periodismo implica una responsabilidad social que nunca debe ser alterada. En la actualidad, se sabe, quienes suelen inventar noticias sensacionalistas que siempre, aunque no se quiera admitir por algunos, causan daño, perjudican al medio, restándole credibilidad el motor principal de la fuerza del poder periodístico. Sin embargo, está aquel lector, a quien le encanta el sensacionalismo. Y eso, en nuestro país y en el mundo entero se vende. He aquí nuestra subordinación dependiente de sobresaltos, angustias, emociones, jaleos, confusiones y otros. Pareciera que sin el sensacionalismo no hay vida. Que la vida pende de un hilo apasionante y dramático.
Es claro y del dominio público que no siempre las relaciones entre los periodistas y los poderes económico y público han sido claras y transparentes. Si es así, no es justificable callar si deseamos combatir la corrupción. Un medio está obligado a publicar lo malo con claridad, a denunciar y señalar lacras, corrupciones e inmoralidades, y hay periodistas que lo hacen posible y se enfrentan a los poderosos quienes deciden y quienes actúan y cuyas actividades e ideas se observan y analizan.
La comunidad requiere de alguien que hable por ellos, explique sus problemas y exija sus derechos.
gemiliani@cableonda.net