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¿Por qué la crisis provocada?


La Presidenta de la República, sin ninguna duda y todo lo demás es teatro político necesario, produjo la situación para que Ivonne Young, su amiga de décadas, "sugiriera" a los señores y señoras que componen el gabinete, poner sus cargos a disposición de la mandataria. Algo similar pidió Hugo Chávez, desde su controversial viaje por los países productores del petróleo mundial, a todo su elenco político, mediante una "sugerencia" de su vicepresidente, mientras viajaba. El método globalizado, si se quiere redondo, evita a nivel personal, psíquico, afectivo, tener que sacar de su alto equipo a unos sí y a otros no, con el problema protocolar y amistoso que significa decir: "Sabes Juan o María, que me gustaría que renuncies, o me des ocasión de darle oportunidad a otros". Los panameños, inmediatistas en general, saborean como algo espectacular, parte del pan y circo que les ofrece la política partidista, en medio de tantos problemas y angustias en los que no ve esperanzas lamentablemente, esas situaciones de que un ministro salga y otra cara ingrese como algo excepcional. Por lo menos por un par de semanas, con la noticia fresca. Y luego, vienen, en el "inside" del gobierno, los nuevos viceministros, los directores que se van o que se quedan con el nuevo guardián del ministerio, etc. La maledicencia, el saber que alguien, arrogante en el poder casi siempre (como lo es el alto funcionario generalmente), pueda irse al "Valle de los Caídos", trae cierta complacencia. Es el derecho de los pueblos a verse un poco emparejados en su desgracia cotidiana, por quienes horas antes saboreaban los deleites de la fortuna del poder.
Pero, nada de eso, ninguna crisis, ninguna renuncia masiva, ninguna puesta a disposición de esos cargos servirá de nada al país, si no vemos en la mandataria una disposición a un cambio estratégico, una puesta en práctica de lo que ofreció tanto en la campaña; de lo único que le hizo ganarle a Martín y a Alberto: su promesa de ayudar a los más necesitados. Y eso, tiene que ser parte de estrategias y objetivos bien definidos, de políticas trazadas de una manera universal, integral. De programas nacionales, de diseños realmente estructurales. En lo social, en lo económico, en lo educacional, en lo cultural, en lo político. Que no lo ha habido. Y que no es su culpa, porque el país completito sabía muy bien que Mireya Moscoso distaba mucho de ser genio. Es más, algunos íntimos del doctor Arnulfo Arias, bien íntimos (y a algunos escuchamos), son los que se han encargado de decir adjetivos sobre doña Mireya bastantes despectivos:
"Arnulfo jamás le pidió opiniones políticas, ella sólo traía el café, etc". Hasta frases de nuestro amigo, el ex presidente Endara, a quien creo haberle oído en la televisión conceptos como "ella es una idiota". Tampoco es eso lo que importa a la población. Porque todos sabemos las envidias e ingratitudes que trae el poder, sobre todo cuando el largo y ancho de la sábana presupuestaria no alcanza, sino para arropar a muy pocos (de los cuales, algunos muy gordos, se agarran con frecuencia el lado de ellos y tres más).
Concluyo señalando lo que debe tener muy clarito la Presidenta: Va muy mal el Gobierno. Y no por el Gobierno solamente, sino por toda la problemática que envuelve al país: pobreza heredada de todos los regímenes pasados, corrupción ídem, ausencia masiva de los soldados americanos que obviamente dejaron un hueco económico que hay que ingeniarse para llenar, cobardía de nuestros empresarios, acumulación de poder, influencia y riquezas en manos de media docena de gatos persas, gordos de avaricia y de falta de sentido cristiano, de usureros que se pegan a todos los palacios y que tienen el mimetismo de los camaleones, para agarrarse a nuevos y variados padrinos, (como algunos ministros eternos, que cuando no lo son de un partido con cartera propia, son asesores de los contrarios, a través de las carteras de ellos). Entonces, y Dios nos escuche, ojalá que Mireya Moscoso no haga simples cambios de equipos, jugadas de relevos simples, enroques y contraenroques partidistas, que nada van a solucionar, sino hay espíritu, si nos quedamos sin trabajos del alma, sin rectificaciones medulares, sin compromisos serios, sin el esfuerzo como mujer y mandataria, de acabar con la corrupción que hubo, y que hay ahora (y lo sabe ella). Porque el pueblo seguirá perdiendo la fe, la confianza, la credibilidad en sus promesas y en ella. Y ella será la que más pierda. Porque tiene que pensar en cuatro años más adelante, cuando ya jamás pueda ser una presidenta, pero especialmente cuando le cueste mucho trabajo caminar tranquila por nuestras calles. Y a su querido hijo. Y Mireya Moscoso aún tiene, (y también lo sabe) reservas suficientes para darle un giro al país. Lo que falte de centavos, se complementa con trabajo, honradez, amor a su pueblo. Y ella sabe que eso sí es posible, si ella quiere.

101 años de Panamá América

 
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