¿Por qué murió Sabino Rivera?
C uando Sabino Rivera Santamaría ingresó al polígono de Piña en la Costa Abajo de Colón el pasado 29 de junio, buscaba guineos y se encontró con la muerte. En su casa de Escobal le esperaba la necesidad expresada a través de sus nueve hijos; y él, movido por el desempleo y la pobreza, desconoció los letreros que advertían del peligro. Pisó el letal explosivo de un mortero de 60 mm. y su vida se interrumpió a los 42 años de edad al desmembrarlo el artefacto sembrado por la otrora presencia militar norteamericana en Panamá.
La noticia explica que, según el hermano de Sabino, "éste no tenía trabajo, por lo que acostumbraba a buscar alimentos en el monte".
Claro que Rivera no obedeció las advertencias sobre el peligro que se cernía para su vida, pero no toda la responsabilidad es de él. El hecho de que el gobierno de Estados Unidos (EU) dejara sembradas y contaminadas más de tres mil hectáreas y su negación a limpiarlas, lo hace responsable primario de lo acontecido.
Ciento diez mil municiones explosivas vivas permanecen en esas hectáreas de mortales.
El Washington Post asegura que se han removido sólo 8,500 municiones, por lo que la mayor cantidad está presente en esas áreas. Las tropas que "limpiaron" esos terrenos contaminados por las prácticas militares de varias décadas lo hicieron superficialmente cerca de los senderos y sin equipo apropiado de detección. La "limpieza" no se inició sino hasta 1998 -o sea, el año antes de la transferencia del Canal a Panamá-, por lo que se hizo con retardo.
La situación incumple el Art. IV del Acuerdo para la Ejecución del Tratado del Canal: "A la terminación de cualquier actividad u operación conforme a este acuerdo, Estados Unidos estará obligado a adoptar todas las medidas hasta donde sea viable, para que toda amenaza a la vida, salud y seguridad humana sea removida de cualquier sitio de defensa, área de coordinación militar o porción del mismo en la fecha en que cese la autorización para su uso por parte de la fuerza de Estados Unidos".
Los militares norteamericanos obraron con negligencia al limpiar tardía y superficialmente el territorio nacional contaminado por ellos. La excusa es que esa limpieza no era practicable y que lo que hay que hacer es segregar dichas áreas para siempre, ignorando el peligro que supone ello para la población y la pérdida para el país de terreno valioso para el desarrollo nacional.
En esos campos de tiro y áreas de bombardeos se practicaron maniobras militares por casi 90 años, especialmente en Emperador, Balboa Oeste, Piña y Fuerte Sherman.
Como resultado de esas acciones, EU entregó a Panamá 3,175 hectáreas contaminadas con explosivos y municiones no detonadas, pues se calcula que el 10% de las municiones no explota por diversas razones. Estas áreas están situadas en la región metropolitana donde reside la mitad de la población nacional y se desarrolla el 75% de las actividades económicas.
Hay que tener presente que el peligro se acentúa, pues por el sitio contaminado de Emperador, en el distrito de Arraiján, está la construcción de la autopista de acceso oeste al puente Centenario o segundo puente sobre el Canal, autorizado por el actual gobierno.
En la actualidad, unas 56 mil personas en 65 comunidades se encuentran en riesgo directo de ser víctimas de la explosión de esos artefactos, 28 ya han fallecido y decenas han sido lesionadas producto de estallidos, según registros recientes.
Esas poblaciones son campesinas, con baja escolaridad y en situación precaria, por lo que ven las áreas contaminadas vedadas como polo de atracción para la caza, obtención de alimentos, búsqueda de metales reciclables, lo que incrementa el peligro de ser víctimas de explosiones. Están inmersas en el mundo de la pobreza que denunció la embajadora Watt, y que ojalá nos hable pronto de la limpieza de estas áreas de peligro.
Las zonas contaminadas son un lastre, van a pesar en las relaciones panameñas-norteamericanas hoy y en el futuro, pues cada muerto o herido o bienes afectados por esas miles de municiones y la presencia de residuos químicos en la isla San José y quizás en otros sitios, serán referidas a la responsabilidad de un gobierno que no quiso limpiar lo que contaminó. Al mismo tiempo, será responsable el gobierno de Panamá al no gestionar adecuadamente la solución del problema si actúa negligentemente.
La descontaminación de los polígonos es un tema de Estado y por la tanto, debe convocarse a todos los sectores nacionales a participar en las iniciativas a seguir y lanzar una estrategia internacional en busca de apoyo y solidaridad con la sociedad civil de EU, y con todos los foros y países del mundo, centrado en la necesaria limpieza de estas áreas.
Ahí están. Ciento diez mil explosivos se hallan amenazadoramente vivos en el centro del Istmo como si este país fuera campo de batalla. ¿Cuántos otros Sabino Rivera encontrarán la muerte?
(raulleisr@hotmail.com)
La noticia explica que, según el hermano de Sabino, "éste no tenía trabajo, por lo que acostumbraba a buscar alimentos en el monte".
Claro que Rivera no obedeció las advertencias sobre el peligro que se cernía para su vida, pero no toda la responsabilidad es de él. El hecho de que el gobierno de Estados Unidos (EU) dejara sembradas y contaminadas más de tres mil hectáreas y su negación a limpiarlas, lo hace responsable primario de lo acontecido.
Ciento diez mil municiones explosivas vivas permanecen en esas hectáreas de mortales.
El Washington Post asegura que se han removido sólo 8,500 municiones, por lo que la mayor cantidad está presente en esas áreas. Las tropas que "limpiaron" esos terrenos contaminados por las prácticas militares de varias décadas lo hicieron superficialmente cerca de los senderos y sin equipo apropiado de detección. La "limpieza" no se inició sino hasta 1998 -o sea, el año antes de la transferencia del Canal a Panamá-, por lo que se hizo con retardo.
La situación incumple el Art. IV del Acuerdo para la Ejecución del Tratado del Canal: "A la terminación de cualquier actividad u operación conforme a este acuerdo, Estados Unidos estará obligado a adoptar todas las medidas hasta donde sea viable, para que toda amenaza a la vida, salud y seguridad humana sea removida de cualquier sitio de defensa, área de coordinación militar o porción del mismo en la fecha en que cese la autorización para su uso por parte de la fuerza de Estados Unidos".
Los militares norteamericanos obraron con negligencia al limpiar tardía y superficialmente el territorio nacional contaminado por ellos. La excusa es que esa limpieza no era practicable y que lo que hay que hacer es segregar dichas áreas para siempre, ignorando el peligro que supone ello para la población y la pérdida para el país de terreno valioso para el desarrollo nacional.
En esos campos de tiro y áreas de bombardeos se practicaron maniobras militares por casi 90 años, especialmente en Emperador, Balboa Oeste, Piña y Fuerte Sherman.
Como resultado de esas acciones, EU entregó a Panamá 3,175 hectáreas contaminadas con explosivos y municiones no detonadas, pues se calcula que el 10% de las municiones no explota por diversas razones. Estas áreas están situadas en la región metropolitana donde reside la mitad de la población nacional y se desarrolla el 75% de las actividades económicas.
Hay que tener presente que el peligro se acentúa, pues por el sitio contaminado de Emperador, en el distrito de Arraiján, está la construcción de la autopista de acceso oeste al puente Centenario o segundo puente sobre el Canal, autorizado por el actual gobierno.
En la actualidad, unas 56 mil personas en 65 comunidades se encuentran en riesgo directo de ser víctimas de la explosión de esos artefactos, 28 ya han fallecido y decenas han sido lesionadas producto de estallidos, según registros recientes.
Esas poblaciones son campesinas, con baja escolaridad y en situación precaria, por lo que ven las áreas contaminadas vedadas como polo de atracción para la caza, obtención de alimentos, búsqueda de metales reciclables, lo que incrementa el peligro de ser víctimas de explosiones. Están inmersas en el mundo de la pobreza que denunció la embajadora Watt, y que ojalá nos hable pronto de la limpieza de estas áreas de peligro.
Las zonas contaminadas son un lastre, van a pesar en las relaciones panameñas-norteamericanas hoy y en el futuro, pues cada muerto o herido o bienes afectados por esas miles de municiones y la presencia de residuos químicos en la isla San José y quizás en otros sitios, serán referidas a la responsabilidad de un gobierno que no quiso limpiar lo que contaminó. Al mismo tiempo, será responsable el gobierno de Panamá al no gestionar adecuadamente la solución del problema si actúa negligentemente.
La descontaminación de los polígonos es un tema de Estado y por la tanto, debe convocarse a todos los sectores nacionales a participar en las iniciativas a seguir y lanzar una estrategia internacional en busca de apoyo y solidaridad con la sociedad civil de EU, y con todos los foros y países del mundo, centrado en la necesaria limpieza de estas áreas.
Ahí están. Ciento diez mil explosivos se hallan amenazadoramente vivos en el centro del Istmo como si este país fuera campo de batalla. ¿Cuántos otros Sabino Rivera encontrarán la muerte?
(raulleisr@hotmail.com)