Por qué somos pesimistas
Recientemente la encuestadora CiD Gallup reveló que, tras una investigación realizada en la región, los panameños (as) resultamos como los más pesimistas frente al futuro "prometedor" del 2008; lo cual, desde luego, no se explicaban dado el oropel que recubre la información internacional de nuestro "meteórico crecimiento económico", situado para este año en, aproximadamente, un 9%.
De inmediato y casi al unísono, un joven directivo de la Cámara de Comercio de Panamá, pletórico de entusiasmo, parafraseando lo antes señalado, reafirmó su desconcierto por la actitud pesimista de nuestros compatriotas. Para él habría que ver el futuro con alegría y optimismo, pues el país se encuentra en el punto de mayor crecimiento de los últimos años.
Entendemos la postura del señor empresario, pues "cada uno habla de la fiesta como le fue en ella". En primer lugar, la tasa de crecimiento no es sinónimo de desarrollo, no siempre genera bienestar para los pueblos.
Existe un "boom inmobiliario", cuya tasa de ganancia no permea el tejido poblacional, contrariamente, le ha encarecido la vida; igualmente el ciudadano común, de escuálidos ingresos, brega con el alto costo, no sólo de la canasta básica, sino de artículos sagrados para su dieta, como el arroz, cuyo precio entre productores, distribuidores y vendedores se situó a un costo altamente oneroso para la familia panameña; ello, con la complicidad del Estado y los responsables del área, que salvo algunas escaramuzas demagógicas han permitido esta situación.
¿Qué decir del combustible ? Inadmisible resultó que las petroleras se quedaran con la rebaja del impuesto sin trasladarlo a los usuarios.
Es que en nuestro maravilloso país las leyes y las normas resultan deficientes para aplicarlas a quienes las infringen, después que ostenten poder, dinero y/ o la influencia.
Cada quince días el combustible aumentan despiadadamente y todo lo demás, menos los salarios, excepción hecha del ridículo aumento del salario mínimo, insuficiente para que una familia pequeña cubra alimentación, mucho menos vivienda o salud. Urge un aumento general de salarios.
Los portentosos megaproyectos destinados a llenarnos de optimismo y alegría, tales como la ampliación del Canal y la cinta costera en la bahía de Panamá, no resultaron más que llamaradas de capullos, pues los principales beneficiarios serán los emprendedores comerciantes. Ambos terminarán por degradarnos el ambiente y la calidad de vida y como siempre serán, como lo señala nuestro Escudo Nacional: "PRO MUNDI Y BENEFICIO".
Las autoridades respectivas advierten que las concesiones salariales que hicieron a los galenos por reciente huelga, quebrarán la Caja de Seguro Social. Por su parte, el transporte y la energía eléctrica anuncian aumentos, y todavía hay quien se asombre del pesimismo de los panameños (as) ¿?.