¿Por qué tanta violencia?
Primero deseo disculparme por la ausencia de la semana pasada, pero estuve operada de un transplante de cadera lo que no me permitió escribir el artículo. Estoy en plena recuperación y espero que todo continúe como hasta ahora.
Existen miles de teorías por las cuales se produce la violencia en una sociedad y la nuestra no está exenta de ella, al contrario, va en aumento cada día hasta producir alarma que nadie sabe dónde terminaremos. Pienso que las autoridades actuales estudian la manera de disminuirla y no criticaré a nadie porque no es mi objetivo. Sencillamente debemos prepararnos para buscar las causas y luego dar soluciones que traigan paz.
Se arguye que la pobreza es causa importante de la violencia; sin embargo, ¿por qué hay tantos jóvenes estudiosos y serios en ese mismo ambiente que son personas sanas y que, con esfuerzo, salen de allí y logran vivir honrada y dignamente? Se dice que la destrucción de la familia invita a los vicios y que la falta de padre influye también. Conocí a una Auxiliar de Enfermería que trabajaba dos y tres turnos en el día por tiempo prolongado y sus hijos eran buenos estudiantes y luego excelentes ciudadanos. Yo le decía que ella era madre telefónica y reía; pero, cómo explicarlo.
Las drogas y el consumismo han llevado, en muchos casos, a buscar un dinero fácil y lo encuentran en los vicios, en los contrabandos y las malas andanzas. ¿Cuántas veces exigimos a los maridos, a los padres que nos den lo que no pueden conseguir con un trabajo honesto y se ven obligados a extenderse en negocios no rentables moralmente? Allí perdemos los valores, la ética, la moral y mal podemos enseñarlos si no los tenemos. Esos valores son los que sostienen una vida honesta, clara y con bases fuertes presentes y futuras para formar más tarde una familia estable y que nos permita criar jóvenes también estables emocionalmente y buscando la mejor forma de vida.
Todos y cada uno de nosotros estamos obligados a dar un giro positivo a nuestras costumbres, a la enseñanza que demos a los hijos, a querer a los viejos, a respetar a los mayores, a pensar en los que ya crecimos y que una vez pasamos por donde están ellos. Cuando logremos esto, podremos tener una sociedad nuevamente limpia de vicios, de crímenes y de violencia.
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