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¿Por qué un TLC con los EE.UU?


¿De qué le sirve al 40% pobre, ser libre de tener una vivienda digna, comprarse un carro o irse de viaje con su familia, si no tiene los medios para ejercer tal libertad? Sólo es libre quien tiene los medios para ejercerla, y la desigual distribución de la riqueza también conlleva una desigual distribución de la libertad. Hacer discursos sobre convivencia pacífica, mientras convivimos con niveles de pobreza del 40%, resulta tan insensato como la amistad entre el lobo y las ovejas.
No podemos quedarnos con los brazos cruzados mientras la pobreza atenta contra la estabilidad social y económica del país y debilita, irreversiblemente, los más sagrados cimientos democráticos.
Panamá debe tomar, con sentido de urgencia, todas las medidas que conduzcan a reducir el desempleo.
Con un TLC con Estados Unidos los panameños tendremos acceso a un mercado no sólo más grande en volumen, sino también en tipos de negocios. La inversión directa extranjera, que busca acceso a este mercado, crecerá exponencialmente y mejorará el nivel de vida del trabajador quien, no sólo encontrará mayores oportunidades de empleo, sino que encontrará nuevos retos en ocupaciones novedosas, mejor remuneradas.
Ese mismo trabajador, ahora como consumidor, podrá llevar a su hogar mayor variedad de artículos y a precios más competitivos, por lo que aumentará su ingreso real y, por ende, de bienestar.
Resulta fundamental que el país cierre este TLC durante las próximas semanas. Esto, no significa bajo concepto alguno que Panamá desmejore, y menos renuncie a los controles fito y zoosanitarios de los productos que se negocien. Por el contrario, el país adecuará los mismos a lo establecido en los convenios internacionales de los cuales es signataria, y a sus propios intereses como nación independiente y soberana.
Tampoco un tratado de libre comercio representa la panacea. Pero no tenerlo, en este mundo globalizado, cargaría enormes desventajas para nuestro desarrollo y una gran pérdida de oportunidad. No existe país pequeño en el mundo, sin petróleo, que haya podido crecer en forma aislada de la economía mundial.
Si nos preparamos para aprovechar las oportunidades, se favorecerá enormemente la competitividad de nuestras exportaciones de bienes y servicios y aumentará en forma importante el atractivo de Panamá, como país destino de inversiones internacionales. Así, generaríamos mayores plazas de trabajo, y reduciríamos sustancialmente los niveles de pobreza, tal como ha quedado demostrado en otras latitudes con el TLC.
La economía panameña necesita aumentar de forma permanente y continua entre 6 y 7 por ciento anual por varios años, para poder combatir su problema económico y social más importante en este momento que es el desempleo; y para ello, necesita incrementar significativamente la inversión extranjera. Esto se consigue con los procesos de apertura comercial.
La firma de tratados de libre comercio ratifica la vocación internacional de Panamá, tal como lo evidencian las operaciones del Canal de Panamá, la Zona Libre de Colón, el abanderamiento de naves, el Centro Bancario Internacional, los puertos, entre otros sectores que han podido crecer y beneficiar a miles de panameños.
Este TLC fortalecerá la buena imagen de Panamá internacionalmente e inclinará al país a pensar en términos de la globalización. Así mismo, incentivará a los diferentes sectores a identificar nichos internacionales, atraerá inversiones que generarán empleos, conducirá al país a expandir sus infraestructuras, y obligará a Panamá a adecuar un eficiente sistema educativo que requerimos con urgencia, entre otros beneficios claramente identificables.
La firma de este tratado orienta a producir con estándares más competitivos y globalizados, y a contar con una mano de obra más productiva e impulsar las exportaciones.
En el sector laboral se introducirán nuevas técnicas para mejorar la competitividad, la expansión de mercados exigirá más mano de obra, lo que reducirá el desempleo y la pobreza. La expansión de la demanda aumentará los niveles de salario y el mejoramiento de la productividad dará como resultado menores costos de producción y menor incidencia en la canasta básica familiar. Es de suma importancia que podamos superar cualquier escollo existente en las próximas 2 o 3 semanas, en forma tal que podamos allanar el camino hacia una décima ronda de cierre, durante el mes de marzo, pues de lo contrario situaciones de política interna en los Estados Unidos harán muy difícil poder retomar el tema.
Para lo anterior, los actores involucrados debemos saber actuar con la mayor madurez, objetividad y sentido de oportunidad, pensando ante todo en los mejores intereses del país, muy por encima de cualquier interés sectorial o particular.
(*) El autor es presidente de la APEDE.

101 años de Panamá América

 
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