¡Por un gobierno al servicio de la cultura!
Que los problemas del país, así como la religión, nos unan en un solo haz de voluntades: Bocas del Toro, Coclé, Colón, Chiriquí, Darién, Herrera, Los Santos, Panamá, Veraguas y las comunidades indígenas tienen la misma responsabilidad: educarse, para participar en la ampliación del acervo cultural. Por eso, la Nación entera, consciente de ello, nos reclama un Gobernante abnegado, estudioso, tolerante, justo y generoso, de carácter firme, sin dejar de ser bondadoso, en una palabra: un hombre o mujer cultos.
Necesitamos en Panamá un Presidente que sea capaz de reunirse con las inteligencias más esclarecidas, incluso de los sectores de oposición, para dialogar seriamente sobre los problemas de gobierno y recibir de sus interlocutores valiosos aportes y oportunas observaciones. Un Presidente, cuya fe en el mejoramiento del pueblo sobreviva las peores pruebas, convencido de que se puede confiar en el dictamen del pueblo cuando al mismo se le informa bien de los hechos. Naturalmente que con ese proceder estaría contribuyendo a alejar toda sospecha insidiosa, toda duda respecto a sus buenas intenciones, y estaría también renovando el espíritu nacional, en el sentido de marcar un florecimiento de las ciencias, las artes y las mejores cualidades humanas.
Las últimas elecciones populares (efectuadas en 1994, 1999, 2004, 2009 y 2014), demostraron una verdadera solidaridad panameña. Antes, tal vez ignorábamos la magnitud del potencial de desarrollo político de nuestro país: no teníamos conciencia de los grandes beneficios que podríamos todos obtener al manifestar en Panamá una verdadera democracia. Pues bien, fuimos entonces solidarios. Pero la solidaridad es un movimiento formalista, una emoción adjetiva, a fuer de pura emoción un mero vínculo sentimental que necesita para caracterizarse ser algo sustantivo, políticamente determinado.
Panamá --afirmaría cualquier ciudadano progresista-- en las pruebas democráticas señaladas anteriormente, fue solidaria con Panamá. Bien, muy bien; pero ¿qué es Panamá? Ahora ya lo sabemos: Panamá es fundamentalmente un pueblo humanizado que se aúna, se organiza, se caracteriza por su vocación de justicia, sobre todo cuando ve amenazada su libertad, su soberanía, su independencia, su derecho inalienable de vivir con dignidad, en paz y en desarrollo.
LO TRANSITORIO NO PODRÁ EMPAÑAR LA VISIÓN PERMANENTE DE QUIENES GENEROSAMENTE RECIBIMOS EL ENCARGO DE CONTRIBUIR CON NUESTRA ACCIÓN A FORMAR EL CARÁCTER DE LAS NUEVAS GENERACIONES.
La conmemoración del CXII aniversario de nuestra independencia o separación definitiva de Panamá de Colombia, nos obliga a reflexionar con sentido de patria, sobre el camino recorrido durante esta primera centuria como nación. Estamos obligados todos (autoridades, maestros, profesionales, empresarios, estudiantes, campesinos), a desarrollar esfuerzos conjuntos para la rectificación y la justicia en nuestro querido Panamá. No es posible que las amargas vicisitudes de la hora presente tuerzan nuestro espíritu hacia el desaliento. Ante todo, y sobre todo, en el sector educativo. Lo transitorio no podrá empañar la visión permanente de quienes generosamente recibimos el encargo de contribuir con nuestra acción a formar el carácter de las nuevas generaciones. Si esa visión de un Panamá digno, libre y próspero se enturbiara, si el pesimismo ensombreciera nuestro ánimo, estaríamos traicionando la noble misión de educadores.
Es nuestro deber de educadores expresar diáfanamente la intimidad de nuestro pensamiento delante de la juventud, que a ella no debemos engañarla nunca, porque sería sumo pecado contra nuestros propios ideales.
Cada día el pueblo panameño toma conciencia de que la política nacional está compuesta por hombres y mujeres pocos cultivados, sin formación humanista y científica, ni tradición estudiosa; son, salvo algunas excepciones, políticos improvisados (politicastros). Y es que estos hombres y mujeres públicos nuestros no se han compenetrado aún de que el pensamiento no es una actividad espontánea, de que sin aprendizaje no hay pensar.
He ahí la razón fundamental por la que es imperativo y necesario que sea elevado a representante del nuevo nacionalismo panameño un ciudadano o ciudadana cuyo sistema de ideas gravite sobre la necesidad de un fomento de la cultura para lograr una mayor integración social en Panamá.
En la persona del futuro Presidente o Presidenta de la República, elegido democráticamente (2019), el nacionalismo deberá purificarse y transformarse en ímpetu para la promoción de la educación y la cultura. Es este el compromiso que nos impone a los panameños y panameñas las exigencias de perfeccionamiento de nuestra sociedad en el siglo XXI.