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Por un nuevo Panamá


Debo aclararle al lector sorprendido, hospitalizado o en estado catatónico, que el lema anterior representa para mí la fusión de los dos utilizados por los arnulfistas y los torrijistas, en las pasadas elecciones del 2 de mayo de 1999. Ese día significó sin lugar a dudas el triunfo de la tolerancia sobre la obstinación. La gente salió a votar en un ambiente de fiesta familiar, sin temores de ninguna clase y con plena confianza en las autoridades electorales.
Ese domingo se cristalizaron a mi entender entre otras cosas, varias verdades. Por un lado el pueblo le expresó a los dirigentes de las dos fuerzas políticas mayoritarias del país, que él desea que de una vez por todas nos olvidemos del pasado de odio, persecución y rencor que hasta hace poco inundaba nuestros corazones. Esto lo ha realizado con esta peculiar manera de votar, en donde ha elegido de manera clara a Doña Mireya Moscoso como próxima presidenta de Panamá y por otro lado ha decidido que en forma abrumadora la Asamblea, las alcaldías y los consejos municipales sean ocupados por los candidatos de la Nueva Nación y en especial por los del glorioso Partido Revolucionario Democrático. Con este mensaje alto y claro el soberano ha obligado a dos entes aparentemente irreconciliables, a tener la necesidad de trabajar durante los próximos cinco años en armonía y teniendo como norte el bien de la nación en su conjunto. De ambas instancias y en especial de sus dirigentes máximos, dependerá de que no se produzcan situaciones de ingobernabilidad en el país, que no beneficiarán a nadie.
El nuevo siglo nos aguarda con una gran cantidad de retos entre los que se destacan la reversión plena del Canal y de nuestra soberanía territorial, todo lo cual demandará poner al frente de la conducción y administración de todas las empresas públicas y privadas a los hombres y mujeres más capaces, creativos y honestos sin exclusiones de ninguna índole a fin de consolidar el desarrollo humano sostenible al cual todos aspiramos.
Las palabras de conciliación y concertación nacional que ha expresado la futura Presidenta nos ha llenado de profunda tranquilidad y esperanza. Al parecer una arnulfista logró adueñarse por el momento de la bandera torrijista de gobernar para los que menos tienen, actitud un tanto olvidada por aquello de la construcción de las carreteras que había que levantar para transitar en las avenidas de la modernidad del tercer milenio.
Otra verdad inobjetable que se expresó el pasado domingo 2 de mayo, es que no ha existido en toda nuestra historia republicana un partido más poderoso, permanente, unido y aguerrido que el PRD. Este partido demostró que su fuerza reside en sus dirigentes de base y en sus instancias intermedias. Que no importa si el candidato presidencial no logra captar la silla presidencial como lo hizo Doña Mireya quien reclutó cerca de 400,000 votos adicionales a su alianza electoral, el PRD seguirá obteniendo el caudal total de su membresía, que representa el 35% de la masa electoral, en cada una de las instancias de los puestos de elección popular, de manera unitaria y consistente.
Por último sólo me resta felicitar en primera instancia al pueblo panameño por la madurez ciudadana que cada día expresa de manera creciente y contundente y a aquellos que haciendo un resumen, resultaron victoriosos para mí en esta última batalla electoral del siglo XX, ellos son: Doña Mireya, El PRD, Juan Carlos Navarro y Ricardo Arias Calderón.

101 años de Panamá América

 
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