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Postales del siglo XXI: Tiempos de crisis


Las crisis forman parte de la vida diaria del hombre. No son nuevas y de ninguna manera desaparecerán. Es una palabra que todos quisiéramos erradicar de nuestro diccionario cotidiano. Con mucha frecuencia escuchamos que hay que hablar en positivo. Para no pocos, la magia está en eso: ser positivos. No es fácil que ello ocurra, cuando vemos desprenderse la lona de la tienda o hundirse el techo del bohío.
De ninguna manera se superará la crisis con repetir la palabra positivo o mentalizarse las 24 horas. Hay que actuar, hacer cambios eficaces, reales. Una nueva actitud, un proyecto, un programa. La respuesta para cambiar el curso de la crisis, es enfrentarla.
La palabra crisis está envuelta en su propia paradoja. Del griego Krisis, decisión. La respuesta real está implícita en ella misma, para despojarla de su carga negativa. Estoy en crisis, no me digas nada, dice la gente. Es como cerrar la puerta. Abandonarse a la suerte de lo que vendrá, porque de todas maneras sucederá. Es el determinismo. Estaba escrito.
Si ha de llegar. Lo inevitable es evitable, si actuamos. Las empresas descubren en tiempos de crisis que se requiere de información, conocimiento, creatividad, capacidad técnica, análisis, planificación y de estrategias. Hoy son inivaluables las personas aptas para enfrentar una crisis. Existen expertos en crisis. Las empresas comienzan a contratarlos en el mundo. Hasta los propios países requieren de sus conocimientos, habilidades y capacidades.
Hay quienes, la mayoría, que se paralizan en tiempos de crisis. Simplemente no atinan a hacer nada. Giran en círculos concéntricos. Se repiten una mil veces las desgracias.
Sólo conversan de lo que ocurre en su ombligo. No entienden que el cuerpo de la crisis y de las soluciones es más amplio. La vista baja, las jaquecas, el mal humor, los despidos, los telefonazos. No analizan, no se concentran, porque se les vino un mundo de crisis encima. Ellos están en una crisis patológica de vastas proyecciones y consecuencias impredecibles.
Cerrar, huir, no cancelar compromisos, postergar, esperar, son las primeras palabras que acuden a una persona en crisis. No invertir en nada para cambiar la situación, no escuchar. Ese es un camino errado, sin duda. Se les ve caminar como en un hueco negro profundo. Son pasos que se dan en un pantano. No avanzan. Más bien profundizan la crisis. Tienen un espejo de crisis frente al rostro de cada día. Otro para las lamentaciones. Y un tercero para llamar la atención de sus propios problemas.
Su humor es de crisis. Son las crisis las que ponen a pensar y hacen actuar. Los cambios más significativos provienen de las grandes crisis. Es como un terremoto, se estremece todo. Lo importante es saber dónde estará usted, y qué estará haciendo cuando eso ocurra.
¿Dejará que le caiga la pared, o se hará a un lado, para mañana construirla de nuevo? Esa es la interrogante a resolver. En algún momento nos llega la crisis, ya sea por dinero, salud, envejecimiento. Son ciclos. La felicidad eterna en la tierra, ya sabe que se ha comprobado: es un mal negocio. Dura lo que canta un gallo.
Nuestro material diario es más bien un 70% de dificultades. Es una arcilla dura, no tan flexible, muchas veces, difícil para lidiar con ella. Pero, es posible. Sólo inténtelo. Comience por hacer las cosas de una manera diferente. Actúe, no espere que la solución venga del cielo. Propóngase a cambiar su realidad. Sea un transformador de su medio.
Asuma su propio liderazgo creativo y una otras voces y manos. No todo está perdido. Los comienzos son tan innovadores como las situaciones terminales. Muchas veces aparecen como un zarpazo de un tigre agazapado. Otras veces acuden a nosotros, como el aletear de una mariposa. Lo importante es estar preparados.

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