"PRD: hasta la tusa en caso CEMIS"
La letra de aquella salsa de antaño: "el que se fue no hace falta" bien podría cantarla el abanderado del partido Cambio Democrático, Ricardo Martinelli.
Mientras varios de sus copartidarios a puestos de elección popular decidieron sumarse a las filas del PRD, él se amarró bien los cordones de sus "zapatos del pueblo", se volteó y volvió a los barrios, convencido de su victoria.
El hombre de los mil oficios parecía estar consciente de lo que se avecinaba. Antes de que los candidatos dijeran "bye - bye", ya él había advertido sobre una supuesta componenda por parte del colectivo del hijo de Omar Torrijos.
Y no lo dejó allí. La mañana del 1 de abril tomó su vehículo y acompañado de algunos allegados políticos, se dirigió a la Ciudad del Saber abrió la puerta del Comité Ecuménico y aseguró: "Martín Torrijos ha violado el Pacto Ético Electoral".
Aquel día hizo suya una frase que en época proselitista es tan común como el sol en verano: "campaña sucia", pero la personalizó: "campaña despiadada". Veinte días después varias de las ovejas abandonaron el redil y saltaron la cerca hacia la finca contraria.
La denuncia de Martinelli tuvo pinta empresarial, ya que acusó a un seguidor muy próximo de Torrijos de orquestar una compra a accionistas minoritarios del Ingenio La Victoria, de donde el líder de Cambio Democrático, también es socio.
Ocurre que a la supuesta inversión se deben, según Martinelli, los "cierres de calle y las quejas ante la Defensoría del Pueblo, para desprestigiar mi nombre".
Definitivamente a Martinelli no le gusta nada, lo que huela al PRD o a sus aliados. El 2000, cuando los demócrata cristianos fumaron la pipa de paz con los torrijistas a través del Pacto META, fue también el año en que arrancó la batalla Martinelli - Cochez.
El último presentó una denuncia argumentando que el candidato de Cambio Democrático estaba tras el cobro de cuotas partidarias en instituciones del Estado a favor del partido.
Ahora, cuatro años después, la disputa es discutida en los tribunales a raíz de la acusación de Cochez de calumnia e injuria contra Martinelli.
El viejo rencor contra el estrella verde fue distribuido esta vez a todos los del Partido Popular. El día de la denuncia ante el Comité Ecuménico el dueño del slogan "un luchador para un pueblo golpeado", dejó sentir nuevamente su cólera y les llamó "peones".
Con el escudo en manos de "no soy un político tradicional", Martinellicuestionó a los torrijistas por el caso CEMIS, del que dijo en términos muy autóctonos "están hasta la tusa" y aprovechó para atribuirle a Martín Torrijos las promesas incumplidas de su copartidario y ex presidente Ernesto Pérez Balladares.
"Sí se puede", señala Martinelli en la publicidad televisiva. ¿Alude a Martín Torrijos?, preguntó El Panamá América durante un recorrido del candidato por el sector de Juan Díaz, a lo que él rápidamente respondió: "no, yo he retado al señor Torrijos a que me diga por qué no se puede bajar el costo del combustible. Los políticos tradicionales como Torrijos están acostumbrados a mantener subyugado al pueblo".
Mientras varios de sus copartidarios a puestos de elección popular decidieron sumarse a las filas del PRD, él se amarró bien los cordones de sus "zapatos del pueblo", se volteó y volvió a los barrios, convencido de su victoria.
El hombre de los mil oficios parecía estar consciente de lo que se avecinaba. Antes de que los candidatos dijeran "bye - bye", ya él había advertido sobre una supuesta componenda por parte del colectivo del hijo de Omar Torrijos.
Y no lo dejó allí. La mañana del 1 de abril tomó su vehículo y acompañado de algunos allegados políticos, se dirigió a la Ciudad del Saber abrió la puerta del Comité Ecuménico y aseguró: "Martín Torrijos ha violado el Pacto Ético Electoral".
Aquel día hizo suya una frase que en época proselitista es tan común como el sol en verano: "campaña sucia", pero la personalizó: "campaña despiadada". Veinte días después varias de las ovejas abandonaron el redil y saltaron la cerca hacia la finca contraria.
La denuncia de Martinelli tuvo pinta empresarial, ya que acusó a un seguidor muy próximo de Torrijos de orquestar una compra a accionistas minoritarios del Ingenio La Victoria, de donde el líder de Cambio Democrático, también es socio.
Ocurre que a la supuesta inversión se deben, según Martinelli, los "cierres de calle y las quejas ante la Defensoría del Pueblo, para desprestigiar mi nombre".
Definitivamente a Martinelli no le gusta nada, lo que huela al PRD o a sus aliados. El 2000, cuando los demócrata cristianos fumaron la pipa de paz con los torrijistas a través del Pacto META, fue también el año en que arrancó la batalla Martinelli - Cochez.
El último presentó una denuncia argumentando que el candidato de Cambio Democrático estaba tras el cobro de cuotas partidarias en instituciones del Estado a favor del partido.
Ahora, cuatro años después, la disputa es discutida en los tribunales a raíz de la acusación de Cochez de calumnia e injuria contra Martinelli.
El viejo rencor contra el estrella verde fue distribuido esta vez a todos los del Partido Popular. El día de la denuncia ante el Comité Ecuménico el dueño del slogan "un luchador para un pueblo golpeado", dejó sentir nuevamente su cólera y les llamó "peones".
Con el escudo en manos de "no soy un político tradicional", Martinellicuestionó a los torrijistas por el caso CEMIS, del que dijo en términos muy autóctonos "están hasta la tusa" y aprovechó para atribuirle a Martín Torrijos las promesas incumplidas de su copartidario y ex presidente Ernesto Pérez Balladares.
"Sí se puede", señala Martinelli en la publicidad televisiva. ¿Alude a Martín Torrijos?, preguntó El Panamá América durante un recorrido del candidato por el sector de Juan Díaz, a lo que él rápidamente respondió: "no, yo he retado al señor Torrijos a que me diga por qué no se puede bajar el costo del combustible. Los políticos tradicionales como Torrijos están acostumbrados a mantener subyugado al pueblo".