Precio del combustible, vana esperanza
Algunos ejecutivos locales del negocio de distribución de combustible, han esbozado la esperanza que los altos precios del combustible se estabilicen y luego bajen. Vana esperanza. Puede que en algunas semanas descienda algo, porque terminó la huelga en los pozos de Nigeria y se reparen las plataformas de extracción en el Golfo de México. Pero ese no es el problema.
Pero seamos claros, los precios no suben por gusto. Es el resultado de la actual situación del mercado, que dista de ser coyuntural. No es peor, hablando del precio, que en la crisis de los 70; pero en cierto sentido sí lo es. En aquella ocasión se dispararon por razones políticas. Los países productores se hartaron de subsidiar al mundo y elevaron los precios y crearon la OPEP para controlar en parte el mercado.
En esta ocasión es peor. La disparada no obedece tanto al factor político como a una capacidad de refinación mundial, copada e insuficiente para abastecer la creciente demanda de un mundo en franca recuperación, con China como nuevo y sediento polo industrial. Otra causa es el agotamiento de las grandes reservas conocidas de crudo, el no descubrimiento de nuevas y la carencia de nuevas grandes inversiones en la explotación de pozos de difícil acceso.
Lo político de la crisis de los 70 tenía remedio, la situación actual no a corto y mediano plazo. El mundo puede, por ejemplo, construir más refinerías y lo está haciendo. De ese modo, en cosa de tres o cinco años estará en capacidad de echar al mercado todo el combustible que se necesita. Pero eso es hasta que los pozos actuales se agoten. Y cuando se acaben, no habrá más. Pero aún así, no es el Apocalipsis.
Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, esboza la verdadera esperanza. En su visión, a mediados del presente siglo, el mundo estará migrando hacia una nueva era energética. Y tiene razón, se ve venir en forma de vehículo híbrido, de gasolina y electricidad, cuyo actual precio (alrededor de B/.30 mil) es prohibitivo, aunque se vende en Estados Unidos. Del mismo modo, se están probando con éxito coches movidos con hidrógeno, aunque es un gas peligroso y explosivo. La tecnología, pues, se está preparando para otra revolución.
Una encuesta adelantada en enero del 2003 reveló que más del 85% de los colombianos cree que hay corrupción en el gobierno, el Congreso y los partidos políticos. Un 67% piensa lo mismo de la empresa privada.
Pero seamos claros, los precios no suben por gusto. Es el resultado de la actual situación del mercado, que dista de ser coyuntural. No es peor, hablando del precio, que en la crisis de los 70; pero en cierto sentido sí lo es. En aquella ocasión se dispararon por razones políticas. Los países productores se hartaron de subsidiar al mundo y elevaron los precios y crearon la OPEP para controlar en parte el mercado.
En esta ocasión es peor. La disparada no obedece tanto al factor político como a una capacidad de refinación mundial, copada e insuficiente para abastecer la creciente demanda de un mundo en franca recuperación, con China como nuevo y sediento polo industrial. Otra causa es el agotamiento de las grandes reservas conocidas de crudo, el no descubrimiento de nuevas y la carencia de nuevas grandes inversiones en la explotación de pozos de difícil acceso.
Lo político de la crisis de los 70 tenía remedio, la situación actual no a corto y mediano plazo. El mundo puede, por ejemplo, construir más refinerías y lo está haciendo. De ese modo, en cosa de tres o cinco años estará en capacidad de echar al mercado todo el combustible que se necesita. Pero eso es hasta que los pozos actuales se agoten. Y cuando se acaben, no habrá más. Pero aún así, no es el Apocalipsis.
Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, esboza la verdadera esperanza. En su visión, a mediados del presente siglo, el mundo estará migrando hacia una nueva era energética. Y tiene razón, se ve venir en forma de vehículo híbrido, de gasolina y electricidad, cuyo actual precio (alrededor de B/.30 mil) es prohibitivo, aunque se vende en Estados Unidos. Del mismo modo, se están probando con éxito coches movidos con hidrógeno, aunque es un gas peligroso y explosivo. La tecnología, pues, se está preparando para otra revolución.
Una encuesta adelantada en enero del 2003 reveló que más del 85% de los colombianos cree que hay corrupción en el gobierno, el Congreso y los partidos políticos. Un 67% piensa lo mismo de la empresa privada.