Precios, inflación y ñamería
Con el perdón de los tubérculos. Dicen que la especulación es la causa de los aumentos. Ello es entendible, pues el asunto es complejo y hasta los más duchos en la materia se quedan cortos, ya sea en conocimiento o en capacidad de explicarlo terrenalmente. Especular, en términos económicos, no es más que pensar sobre lo que va a ocurrir a fin de sacar alguna ventaja comercial; y ello es bueno, pues el comerciante que no "piensa" engrosa la fila de los desempleados.
Los precios aumentan debido a la inflación y no al revés. Inflación es insuflar con aire, tal como a un globo; y por tanto, uno podrá inflar el valor del dinero, pero no de los productos. El arroz no se puede inflar o desinflar, y seguirá teniendo el valor indispensable en la mesa de los panameños. Lo que sí ocurre es que el dólar con el cual lo compramos ha sido inflado por el Tío Sam y por ello vale menos y tenemos que sacar más de él para comprar arroz.
Inflación es imprimir más dólares de la cuenta. Es como si cualquiera de nosotros llevásemos nuestros dólares a la fotocopiadora y los multiplicáramos. A eso lo llamarían "falsificación" y uno pasaría a tener residencia y comida gratuita en La Joyita. Pero cuando la falsificación la hace el Tío Sam, entonces es travesura.
La inflación, a su vez, produce un alza en los precios, a través de mecanismos muy variados y difíciles de entender y explicar. De manera que para que nos sintonicemos, llamemos "inflación" a la falsificación de dólares, y llamemos aumento de precio al aumento de precios.
Sobre la inflación podemos hacer poco, pues nos viene adjunta al dólar que usamos. Una posible solución sería dejar que nuestros bancos en Panamá emitieran cada uno su propio papel moneda, respaldado por oro u otro valor más estable que las falsas promesas del Tío Sam.
Existen cosas que podemos hacer localmente para bajar los precios, ya que los mismos se ven afectados por distintos factores; como la oferta y demanda, carestías, abundancias y malgasto gubernamental. Este último afecta de forma impresionante la canasta básica.
Todo el despilfarro gubernamental, en botellas y triquiñuelas, aumenta el costo de vivir y comerciar, y todo el mundo pasa sus costos a sus clientes en forma de precios. Si el gobierno actual hubiese cumplido con su promesa de reducir el gasto público, hubiésemos podido contrarrestar la inflación que nos mandó el Tío Sam; pero en vez elegimos el derroche por estar en período de elecciones. Y los subsidios también son gastos inútiles que aumentan los precios.
Las soluciones auténticas sólo pueden venirnos en las manos de los ciudadanos y de sus actividades comerciales y no las del gobierno. Por ello todo ese Arroz Compita, subsidios, indexaciones y otras ñamerías, sólo empeorarán el sufrimiento. Pero nuestros gobiernos populistas se han encargado de drogarnos con las hierbas del paternalismo.