Preciosos dones…
Hoy, hace 60 años, los países de un mundo que emergía de las tinieblas de la guerra aportaron por la paz, la justicia y la libertad, y aprobaron un revolucionario documento cuyo primer artículo (de un total de treinta) afirmó que "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros".
La Declaración Universal de Derechos Humanos aparece como "como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos...".
Uno no puede dejar de preguntarse si la idea se ha cumplido, o si más bien la vigencia plena de los derechos humanos, no es más bien un horizonte inalcanzable, pero al caminar en su dirección, nos permite construir cotidianamente avances y aportes que pueden acumularse y sedimentarse en mejores sociedades y personas.
En nuestro país encarna, por una parte, avances en el desarrollo de los derechos civiles y políticos, pero amenazados por una débil y corroída institucionalidad del Estado, un sistema democrático con limitada capacidad incluyente, la inseguridad, y la amenaza de imponer modelos represivos en nombre de la seguridad.
Los derechos sociales, económicos y culturales cubren sólo una parte de la población, pues no abarca a importantes sectores que no tienen acceso a una vida digna, un trabajo decente, una vivienda adecuada, una educación con equidad y calidad, un ambiente sano, seguridad adecuada, y transporte rápido, seguro y barato.
En cuanto a los derechos de los pueblos a la autodeterminación, a pesar de que en Panamá ya no existe la quinta frontera ni enclaves militares extranjeros, el país es afectado por la persistencia de la subordinación a los poderes fácticos de corporaciones, organismos multilaterales o gobiernos poderosos.
Los desafíos son grandes, pues como Don Quijote le dice a Sancho: la libertad es uno de los más preciosos dones que los cielos dieron a los hombres, con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar; por la libertad como por la honra se puede y debe aventurar la vida; el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los seres humanos.
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