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Predicciones, cábalas y vaticinios


Está por terminar un año difícil y en el umbral del que se inicia, lo usual es renovar las esperanzas con predicciones, cábalas y vaticinios que anuncian prosperidad y bienestar. Pero esos buenos deseos, que sin duda nos inundarán en la medida que nos acerquemos al nuevo año, contrastan con la cruda realidad que nos espera. No hay perspectivas de que ningún evento cambie la tendencia decadente de este año. Por el contrario, varios hechos anuncian más dificultades para el panameño a partir de enero.
La ya golpeada economía doméstica se verá afectada por el aumento de un 10% en el costo de la energía eléctrica, por el incremento del costo telefónico y por la intención del Ejecutivo, que esperamos sea frustrada en su momento por la Asamblea, de crear nuevas tasas impositivas para el pueblo.
Ante un desempleo creciente, aquellos que todavía conservan un ingreso, deberán dedicar más recursos al pago de los servicios públicos, mientras el gobierno se escuda detrás de la sempiterna excusa de su impotencia, porque "todo es culpa de la pasada administración".
Fente a tantas dificultades, lo más frustrante es la corrupción rampante del gobierno de Mireya Moscoso, cuyo efecto es como echar sal en una herida abierta. Por un proceso de eliminación antinatural, Moscoso ha ido echando de su entorno a figuras de comprobada honestidad y conservando a los elementos más inescrupulosos, con quienes sí parece sentirse a gusto.
Hace varios meses, salió Jaime Fábrega, director de Aeronáutica Civil, quien había denunciado ante la más alta autoridad, el tráfico ilegal de orientales. Fue recompensado con el despido de su personal de confianza, lo que a su vez produjo su renuncia. Sacó a Gloria Moreno de López, después que esta reclamase los actos irregulares en el manejo del Hospital Santo Tomás. Salió el asesor Miguel Antonio Bernal, impulsivo, valiente y de honestidad fuera de duda. Los cambios de Gabinete del pasado agosto, fueron la máxima expresión de esta tendencia a eliminar a los honestos y capaces. Despidió a Moisés Castillo, de intachable desempeño, y de paso echó a los mejores vice ministros del equipo, quienes proyectaban una imagen de gran integridad y capacidad de trabajo. Una vez más, Moscoso cosechó resultados opuestos a los que esperaba y el pueblo dio su veredicto repudiando estos cambios totalmente carentes de sentido.
A estas alturas, no es posible seguir excusando a la Presidenta de todos los panameños por los desmanes de su gobierno. Un año bastó para desenmascarar la vacuidad de su discurso populista y descubrir la cruda realidad de un equipo incapaz, cubierto por una coraza impenetrable de cinismo, donde no permean las críticas ni trasciende la congoja de un pueblo que una vez más ha visto frustradas sus esperanzas.
El latrocinio nos golpea diariamente. Contrabando de arroz, que afecta a ese productor a quien dicen proteger; contratos asignados sin licitación o en concursos amañados; concesiones caprichosas en la extracción de minerales; exoneración de compromisos fiscales para los favoritos del régimen y un rosario de irregularidades, unidos a la evidente incapacidad de detener el acelerado deterioro del nivel de vida del panameño, definen el desgreño mireyista. Ante esta realidad, no hay cábala, vaticinio ni predicción que puedan detener el triste destino que nos depara el nuevo año.

101 años de Panamá América

 
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