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Preludio de las elecciones


La constante electoral en todos los comicios panameños es la enorme expectación de quién será el próximo mandatario de la República. El proceso que se avecina no ignora esta realidad, sin embargo, es caracterizable por el hecho, de que a diferencia de los pasados, éste carece de figuras políticas convincentes y de plataforma procedimental segura.
La mayoría de los electores no han tenido ante sí gran dificultad que elegir entre una u otra opción cuando se trata de candidatos; ahora es distinto, la opcionabilidad se ciñe en cuál de todos es el menos malo y quién puede ocultar más la cola de paja.
Resulta interesante analizar las perspectivas de cada uno de los aspirantes; cada cual ha de presentar un plan de trabajo a desarrollar en el país y lo cierto es que todos coinciden en querer lograr el poder político, con una finalidad; puede que, en algunos casos, sustentados en un contenido social, pero en esencia la mayoría es de interés capital.
No por ello desestimo el sistema de elección “democrático”, al fin y al cabo viene siendo maquiavélicamente el mejor medio aceptado para manejar el poder, o bien el que mejor maneja a las masas.
El conglomerado panameño votante comienza a sentir las ráfagas de un viento electoral que, a nuestra consideración, tiene indicios de ser ilegítimo, por cuanto la institución que ha de salvaguardar el voto, quedó desprovista de verdadera transparencia.
El sistema democrático del Estado panameño ha colapsado, la armonía de poderes es una vil conveniencia, propia de las mafias; la seguridad social, base fundamental del ser del Estado es crítica; la seguridad jurídica, pilar esencial de las relaciones comerciales constantemente se vulnera; las garantías fundamentales del individuo se congelan ante la omisión de la Ley.
La sociedad panameña está asqueada del cinismo arrogante de los actuales gobernantes; han demostrado la verdadera historia de sus almas, ambición, conducta que pretende perpetuarse al asegurarse un número plural de votos ciertos, que pueden en contienda electoral ser decisivos. ¿Quién puede dar seguridad que las cédulas ya no han de ser duplicadas? ¿Será la cantidad expresada por el Tribunal Electoral la cierta?
Es lamentable que la única institución que gozaba de credibilidad social haya sucumbido; ahora, la estimación de nuestro voto no será la misma para esta contienda que adviene, ¿puede hablarse de una ponderación verdadera ante la inseguridad de una cifra incierta de votos que pululan en manos inciertas?.
La desconfianza se sembró, nada impide a tal o cual partido u candidato, basado en esta irregularidad, sostener que una impugnación de la victoria de cualquier candidato adversario, es totalmente valedera.
Toda esta maraña gubernamental se ha dilucidado como causa de un desequilibrio descomedido de las actuales élites de poder.Hemos visto, a través del tiempo, situaciones que sobrepasan lo tolerable, delitos manifiestos, justicia dejada de aplicar y aplicada a quienes se consideran intocables, consecuentemente suspensiones y amonestaciones; una corte suprema de justicia eminentemente personalizada.
Me causa gran curiosidad, ¿qué tipo de proceso democrático será el aplicado? Cuando el actual, en su gestación, ya presenta deformidades, ¿quién tendrá la gallardía de adcir mayor moralidad que los demás en la contienda electoral? Nos abocamos a un vacío gubernamental, la democracia ya no es la misma, se ha degenerado; el gobierno ya no es del pueblo, sino de quien controla los medios, la verdad siempre ha sido así. Nos resta, como siempre, ver impávidos el rejuego de los astutos.
¿Querrá la Iglesia redimir a alguno de los candidatos en la próxima contienda? ¿Podrá alguno de los candidatos presentarse sin pecado concebido ante la sociedad panameña? ¿Qué partido podrá definirse como el mejor representante de los más altos intereses del país? El día de las elecciones nos daremos cuenta cuánto nos apreciamos y queremos los panameños.

101 años de Panamá América

 
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