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Prensa, Chávez y poder político


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Colaborador

Bogotá (AIPE)- Un chiste de los años 70 pone a grandes personalidades de la historia moderna, entre otras a Fidel Castro, a hablar sobre las relaciones del poder con la prensa. Napoleón Bonaparte, el último en hablar, termina la ronda de opiniones con una sola frase. "Si en mi época hubiera existido el Granma, nadie se habría enterado de mi derrota en Waterloo". Este chiste parece inspirar al presidente venezolano Hugo Chávez. Esta ha sido la pretensión de muchos presidentes, incluso de regímenes "democráticos". Existen los métodos de censura indirectos, como los impuestos especiales a las empresas editoriales, el encarecimiento de materias primas como el papel, y las "medidas preventivas" contra la información, esa "censura previa" que hizo historia en el franquismo y en otros regímenes autoritarios.
En su forcejeo cada vez más beligerante con la prensa, el mandatario venezolano ha llamado al pueblo al "contraataque revolucionario", es decir, a hacer el trabajo sucio que el ejecutivo todavía no se atreve a emprender. Con las mayorías a su favor, sabe lo que "el pueblo" podría hacer. ¿Descargar su ira contra los medios que torpedean el proyecto "bolivariano", por ejemplo? Ya conocemos los métodos "revolucionarios" de una masa inducida por sus mandatarios. Ya conocemos la manipulación que puede hacerse con el hambre "popular de justicia". Se podría empezar con las pedreas y acabar con los incendios.
"La estrategia de los medios de comunicación social para tergiversar" ha sido una frase recursiva lanzada desde los altavoces de los poderes políticos. La ha retomado Chávez desde su programa Aló, Presidente. Y no porque los medios no registren puntualmente la realización de sus obras, sino porque con argumentos como estos se abona el terreno para futuras y más drásticas medidas contra la prensa. "Los "enemigos del pueblo" sabrán a qué atenerse", les dice desde el megáfono del régimen a sus opositores.
Tal vez sea en parte cierto que en los medios de comunicación social venezolanos se expresan revanchismos de la vieja clase política ahogada por la aparición de un líder carismático y populista. Pero buscar el control absoluto de esos "medios" o someterlos a la respuesta vindicativa del "pueblo" revela un propósito mayor: si no hay unanimidad frente a un gobierno de claros tintes demagógicos, hay que silenciarlos a como dé lugar. La historia contemporánea ofrece precedentes: las hordas nacionalsocialistas del futuro III Reich haciéndole el trabajo sucio al führer; el proletariado comunista enfrentándose iracundo a los "enemigos del pueblo" .
Lo grave no es que Chávez se muestre molesto con la prensa. Lo grave es la amenaza de transferir a las masas que
lo apoyan y aplauden la "responsabilidad" de ajustar cuentas con sus opositores. Si las azuza un poco más, apelando
a sus instintos de clase, va a conseguir la más terrible de las censuras: la impuesta por el terrorismo
"revolucionario", que navega sobre el río desmadrado de los rencores. "Puesto que yo soy el pueblo, mis enemigos
son enemigos del pueblo", dice el presidente Chávez. Y reparte esparadrapo a "su" pueblo y este aplica la mordaza
cuando quiera.
(c)* Escritor colombiano. www.aipenet.com


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