Prensa y política exterior
Prensa y Política Exterior constituyen una ecuación indesligable en la estrategia de las naciones modernas inmersas en la sociedad de información. No se concibe una política exterior que prescinda deliberadamente de los recursos tecnológicos que suministra la sociedad de información, a menos que corresponda a la voluntad manipuladora de un régimen autocrático o a la carencia de recursos económicos y humanos para estructurar un plan nacional de desarrollo.
A medida que asciende la sofisticación tecnológica de los medios de comunicación de vanguardia van al ocaso los mitos finiseculares del lenguaje de la diplomacia.
El Marqués de Talleyrand, canciller bifronte de la Francia monárquica y de la Francia napoléonica, sostenía que el lenguaje diplomático debía emboscarse en una vasta y críptica frondosidad retórica y protocolar, empleando el mayor número de palabras para transmitir mensajes casi subliminales. El lenguaje diplomático cultivaba juegos cortesanos de circunloquios y eufemismos, porque dentro del contexto de recelo y desconfianza de las potencias, la estrategia consistía en que los estados rivales desconocieran al máximo lo que cada estado realizaba en asuntos sensibles.
A partir de la primera guerra mundial hasta la guerra fría perduró el patrón de un discurso diplomático, mezcla sinuosa de espionaje y premeditado hermetismo, cuyo correlato fue una prensa radial y escrita entrenada en la propaganda, la desinformación y el doble lenguaje. Mientras el aparato propagandístico instrumentado por Goebbels lanzaba mensajes pacifistas, los tanques alemanes cruzaban las fronteras de Polonia y Checoeslovaquia. La Unión Soviética preparaba minuciosamente los entretelones del Pacto Molotov - Von Ribbentrop , cuyo proyecto efímero marchaba hacia un entendimiento entre el comunismo y el nazismo, en tanto José Stalin sonreía a Franklin Delano Roosevelt y Winston Churchill, ensayando la luna de miel con Estados Unidos y Gran Bretaña que edulcoró las conferencias de Yalta, Teherán y Postdam. Los films de guerra, con memorandums del Departamento de Estado a los productores de Hollywood, dividían el conflicto bélico con un maniqueísmo simplista entre occidentales buenos y alemanes malvados y japoneses traicioneros.
En la década de los ochenta, los teóricos de la dependencia llevaron sus conceptos sobre la ideologización de la comunicación de masas a un debate que empezó en el plano académico, pero que desembocó en crudas polémicas en el contexto Norte/ Sur. El Informe McBride, elaborado bajo el patrocinio de la UNESCO, cuyo secretario general era entonces un africano no alineado, denunció las manipulaciones de las agencias de noticias occidentales y formuló una requisitoria enérgica en pro de la construcción de un Nuevo Orden Informativo Internacional. Según las premisas de la comisión McBride, los países no alineados debían asegurarse la veracidad del flujo de mensajes, fundando sus propios sistemas informativos, con agencias autónomas integradas a circuitos de redes africanas, asiáticas y latinoamericanas. La voz de orden fue la ruptura de la dependencia de los centros de poder capitalista. Sin embargo, no se hizo otra cosa que mudar una dependencia por otra, convirtiéndose las agencias noticiosas en órganos de propaganda de regímenes autocráticos.
El colapso de la Unión Soviética y la emancipación ideológica de los países de Europa Central coincidieron con la utilización intensiva de las nuevas tecnologías de la comunicación. El uso de satélites en las transmisiones de televisión globalizó la comunicación, transformando al mundo en la " aldea global" , profetizada por Marshall McLuhan .
El estado moderno enfrentó la disyuntiva de modificar su concepción de política exterior, entendiendo que la revolución tecnológica tiene capacidad de emitir imágenes - mensajes, de un confín a otro del planeta, revelando escenarios regionales antes ocultos, enlazando realidades culturales que la geopolítica de los centros de poder había desmembrado arbitrariamente.
A la consigna del hermetismo nacionalista siguió la de la transparencia diplomática, que también es transparencia informativa, puesto que lo que se trata es de que un país informe al escenario geográfico planetario cuáles son los matices de su heredad cultural, qué opciones se inscriben en el repertorio de su oferta económica y comercial, cuán estable es su estatuto jurídico ante la inversión foránea y cómo va madurando el país en el proceso de su consolidación democrática.
Durante el gobierno de Alan García Pérez, como asesor en relaciones exteriores, realicé un ejercicio para instrumentar un servicio noticioso de proyección internacional enlazado básicamente a la estrategia de la Cancillería. Gestioné en Europa la posibilidad del uso de los canales técnicos de transmisión de una agencia noticiosa de Italia para transmitir informaciones de contenido peruano. Aunque parezca increíble, obtuve el apoyo de la agencia italiana para usar el servicio de transmisión en forma gratuita por el lapso de un año. Pero no pude obtener la colaboración de los burócratas indolentes que dirigían la agencia estatal de noticias, Andina, los que, a la postre, doblegaron el proyecto
Tratándose de un tema de estado, aliento la esperanza de que se pueda estructurar una política informativa en alianza con la política exterior en el Perú, como en Panamá, y en cualquier país emergente. La infraestructura tecnológica ha abaratado los costos en cuanto a transmisiones vía satélite. La Cadena Sur es una muestra de lo que podría alcanzarse con el apoyo de redes satelitales. Las representaciones diplomáticas serían los núcleos de recepción y retransmisión de noticias, de suerte que se conozca en el mundo la realidad de los países que únicamente aparecen en letras minúsculas en los grandes rotativos internacionales cuando hay una tragedia telúrica, un escándalo o un cambio de gobierno por golpe de estado.
A medida que asciende la sofisticación tecnológica de los medios de comunicación de vanguardia van al ocaso los mitos finiseculares del lenguaje de la diplomacia.
El Marqués de Talleyrand, canciller bifronte de la Francia monárquica y de la Francia napoléonica, sostenía que el lenguaje diplomático debía emboscarse en una vasta y críptica frondosidad retórica y protocolar, empleando el mayor número de palabras para transmitir mensajes casi subliminales. El lenguaje diplomático cultivaba juegos cortesanos de circunloquios y eufemismos, porque dentro del contexto de recelo y desconfianza de las potencias, la estrategia consistía en que los estados rivales desconocieran al máximo lo que cada estado realizaba en asuntos sensibles.
A partir de la primera guerra mundial hasta la guerra fría perduró el patrón de un discurso diplomático, mezcla sinuosa de espionaje y premeditado hermetismo, cuyo correlato fue una prensa radial y escrita entrenada en la propaganda, la desinformación y el doble lenguaje. Mientras el aparato propagandístico instrumentado por Goebbels lanzaba mensajes pacifistas, los tanques alemanes cruzaban las fronteras de Polonia y Checoeslovaquia. La Unión Soviética preparaba minuciosamente los entretelones del Pacto Molotov - Von Ribbentrop , cuyo proyecto efímero marchaba hacia un entendimiento entre el comunismo y el nazismo, en tanto José Stalin sonreía a Franklin Delano Roosevelt y Winston Churchill, ensayando la luna de miel con Estados Unidos y Gran Bretaña que edulcoró las conferencias de Yalta, Teherán y Postdam. Los films de guerra, con memorandums del Departamento de Estado a los productores de Hollywood, dividían el conflicto bélico con un maniqueísmo simplista entre occidentales buenos y alemanes malvados y japoneses traicioneros.
En la década de los ochenta, los teóricos de la dependencia llevaron sus conceptos sobre la ideologización de la comunicación de masas a un debate que empezó en el plano académico, pero que desembocó en crudas polémicas en el contexto Norte/ Sur. El Informe McBride, elaborado bajo el patrocinio de la UNESCO, cuyo secretario general era entonces un africano no alineado, denunció las manipulaciones de las agencias de noticias occidentales y formuló una requisitoria enérgica en pro de la construcción de un Nuevo Orden Informativo Internacional. Según las premisas de la comisión McBride, los países no alineados debían asegurarse la veracidad del flujo de mensajes, fundando sus propios sistemas informativos, con agencias autónomas integradas a circuitos de redes africanas, asiáticas y latinoamericanas. La voz de orden fue la ruptura de la dependencia de los centros de poder capitalista. Sin embargo, no se hizo otra cosa que mudar una dependencia por otra, convirtiéndose las agencias noticiosas en órganos de propaganda de regímenes autocráticos.
El colapso de la Unión Soviética y la emancipación ideológica de los países de Europa Central coincidieron con la utilización intensiva de las nuevas tecnologías de la comunicación. El uso de satélites en las transmisiones de televisión globalizó la comunicación, transformando al mundo en la " aldea global" , profetizada por Marshall McLuhan .
El estado moderno enfrentó la disyuntiva de modificar su concepción de política exterior, entendiendo que la revolución tecnológica tiene capacidad de emitir imágenes - mensajes, de un confín a otro del planeta, revelando escenarios regionales antes ocultos, enlazando realidades culturales que la geopolítica de los centros de poder había desmembrado arbitrariamente.
A la consigna del hermetismo nacionalista siguió la de la transparencia diplomática, que también es transparencia informativa, puesto que lo que se trata es de que un país informe al escenario geográfico planetario cuáles son los matices de su heredad cultural, qué opciones se inscriben en el repertorio de su oferta económica y comercial, cuán estable es su estatuto jurídico ante la inversión foránea y cómo va madurando el país en el proceso de su consolidación democrática.
Durante el gobierno de Alan García Pérez, como asesor en relaciones exteriores, realicé un ejercicio para instrumentar un servicio noticioso de proyección internacional enlazado básicamente a la estrategia de la Cancillería. Gestioné en Europa la posibilidad del uso de los canales técnicos de transmisión de una agencia noticiosa de Italia para transmitir informaciones de contenido peruano. Aunque parezca increíble, obtuve el apoyo de la agencia italiana para usar el servicio de transmisión en forma gratuita por el lapso de un año. Pero no pude obtener la colaboración de los burócratas indolentes que dirigían la agencia estatal de noticias, Andina, los que, a la postre, doblegaron el proyecto
Tratándose de un tema de estado, aliento la esperanza de que se pueda estructurar una política informativa en alianza con la política exterior en el Perú, como en Panamá, y en cualquier país emergente. La infraestructura tecnológica ha abaratado los costos en cuanto a transmisiones vía satélite. La Cadena Sur es una muestra de lo que podría alcanzarse con el apoyo de redes satelitales. Las representaciones diplomáticas serían los núcleos de recepción y retransmisión de noticias, de suerte que se conozca en el mundo la realidad de los países que únicamente aparecen en letras minúsculas en los grandes rotativos internacionales cuando hay una tragedia telúrica, un escándalo o un cambio de gobierno por golpe de estado.