¿Preparados para gobernar?
Panamá, país de grandes oportunidades, ha sido administrado con desamor y poco sentido de pertenencia. La mala distribución de la riqueza, con matices históricos y que hoy se perpetúa, sigue incidiendo en el aumento de la criminalidad, en un ambiente donde la educación, la salud y la vivienda revisten dramáticos escenarios, sobre todo en la población sumida en la pobreza y la miseria. Aunado a esto, la canasta básica aumenta de la mano de la luz, el agua, la basura, servicios éstos afectados por el alza del petróleo.
Los brotes de corrupción a nivel público y privado hacen cada día la situación del panameño insostenible. La clase política entra en un canibalismo en busca de poder sin pensar claramente en cómo contribuir a mejorar esta crisis. Se actúa para paliar situaciones que incurren problemas, pero estos paliativos se tornan graves al no solucionar de raíz lo que asedia a la población.
Los planes de gobierno son indispensables para generar cambios positivos en el país, pero debemos elegir buenos gobernantes, individuos probos que en el ejercicio de su cargo trabajen con equidad, probidad, racionalidad y con entereza. Que tengan capacidad de unir esfuerzos con todos los que participan en el sistema de gobierno para que todos podamos vivir en un ambiente de paz, prosperidad y de crecimiento socio-económico.
Hoy los cargos a elección se miran por cuánto voy a ganar y no a cuántos voy a impactar creando alternativas para la población. A los panameños nos toca reflexionar y elegir al candidato que cumpla con el perfil básico para llevar adelante a nuestros hijos y al pueblo, que ya no aguanta más la crisis de hambre. Muchos ya no comen carne y los niños no toman leche por el encarecimiento de estos productos de primera necesidad. Por eso, esos candidatos, ¿están preparados para gobernar?