Preparando al pueblo para el turismo
En silencio, pero con efectividad, el IPAT viene desarrollando en Bocas del Toro un interesante programa de información y entrenamiento dirigido a la población para dar mejor servicio al turista, el cual ha llamado Multifase de Desarrollo Sostenible. Con esta iniciativa, se pretende elevar la calidad y competitividad del servicio turístico en la provincia, empezando por la isla cabecera, donde se da la particularidad de que es el propio pueblo el que, en su mayoría, atiende a los visitantes.
En efecto, hay en el lugar numerosos pangueros, guías, vendedores de artesanías y alimentos, músicos y otros, sobre cuyos hombros descansa el peso mayor del negocio, que desde los últimos años viene experimentando un auge sin precedentes, que ha sido objeto de publicaciones en prestigiosas revistas, diarios y documentales televisados en el extranjero.
Se parte de la realidad de que Bocas del Toro, cuyo 90% de turistas proviene del extranjero, tiene en Belice y las islas del Caribe su principal competidor, careciendo de la infraestructura mínima para sacar máximo provecho a esa oportunidad. Pese a ello, la provincia ha hecho de esa debilidad su principal fortaleza, en términos de ofrecer naturalidad y autenticidad del medio ambiente. El Caribe, en cambio, se parece cada vez más a un artificioso Disney. Pero hace falta la gente. De ese modo, el Instituto Panameño de Turismo (IPAT) hace bien con no sentarse a esperar que mejore la infraestructura y ha empezado por la gente. Es lo mismo que lograron los colombianos con su Cartagena de Indias, donde hasta los niños callejeros dispensan al visitantes una sonrisa.
En efecto, hay en el lugar numerosos pangueros, guías, vendedores de artesanías y alimentos, músicos y otros, sobre cuyos hombros descansa el peso mayor del negocio, que desde los últimos años viene experimentando un auge sin precedentes, que ha sido objeto de publicaciones en prestigiosas revistas, diarios y documentales televisados en el extranjero.
Se parte de la realidad de que Bocas del Toro, cuyo 90% de turistas proviene del extranjero, tiene en Belice y las islas del Caribe su principal competidor, careciendo de la infraestructura mínima para sacar máximo provecho a esa oportunidad. Pese a ello, la provincia ha hecho de esa debilidad su principal fortaleza, en términos de ofrecer naturalidad y autenticidad del medio ambiente. El Caribe, en cambio, se parece cada vez más a un artificioso Disney. Pero hace falta la gente. De ese modo, el Instituto Panameño de Turismo (IPAT) hace bien con no sentarse a esperar que mejore la infraestructura y ha empezado por la gente. Es lo mismo que lograron los colombianos con su Cartagena de Indias, donde hasta los niños callejeros dispensan al visitantes una sonrisa.